DICCIONARIO MÉDICO
Inclusión celular
Una inclusión celular es un depósito de material inerte que se acumula en el interior de la célula, casi siempre en el citoplasma. No forma parte de la maquinaria viva del orgánulo: es lo que la célula guarda como reserva, lo que sintetiza para almacenarlo o lo que le queda tras degradar otras sustancias. Reservas de glucógeno, gotas de grasa, gránulos de pigmento y cristales figuran entre los ejemplos más frecuentes. El adjetivo procede de célula, del latín cellula ('celdilla pequeña'), y precisa dónde se encuentra el depósito. Frente a los orgánulos, las inclusiones carecen de actividad metabólica propia: son componentes pasivos, sin vida, que no participan en las reacciones de la célula. Suelen estar formadas por macromoléculas insolubles y, en su mayoría, no aparecen envueltas por una membrana, aunque algunos gránulos de pigmento sí lo están. A veces ese depósito es del todo normal. Un hepatocito repleto de glucógeno o un adipocito ocupado por una gran gota de grasa muestran inclusiones fisiológicas, propias de una célula sana que cumple su función de almacén. En otras ocasiones el depósito delata un problema, y entonces la inclusión se convierte en una pista para el patólogo. Suele clasificarse según la naturaleza del material acumulado. Conviene recordar que muchas de estas inclusiones son incoloras y solo se hacen visibles con tinciones específicas. Las sustancias de reserva son las más extendidas. El glucógeno se deposita como gránulos densos que reaccionan con la técnica del ácido peryódico de Schiff (PAS) y con el azul de Lugol; las gotas lipídicas, cargadas de triglicéridos, se tiñen con Sudán y se disuelven cuando el tejido se procesa con solventes orgánicos, lo que deja en su lugar un hueco vacío. En el adipocito, esa gota única llega a desplazar el resto de los componentes hacia la periferia. Los pigmentos aportan color propio y no siempre necesitan tinción para verse. La melanina, empaquetada en melanosomas, da color a la piel, al pelo y al iris. La lipofuscina, de tono pardo dorado, se conoce como pigmento del desgaste porque se acumula con los años en neuronas y células cardíacas: son residuos que los lisosomas no logran digerir. La hemosiderina, en cambio, es un depósito de hierro que procede de la degradación de la hemoglobina, y aparece allí donde ha habido destrucción de glóbulos rojos. En un tercer grupo entran los cristales, más selectivos en su localización. Los cristaloides de Reinke, por ejemplo, solo se encuentran en las células de Leydig del testículo, con forma de bastón y sin función conocida hasta la fecha. A ellos se suman los gránulos de secreción, en los que la célula almacena de manera temporal el producto que fabrica (una enzima digestiva, una hormona, moco) a la espera de liberarlo. No toda inclusión es benigna. Cuando en el citoplasma o en el núcleo se acumulan agregados que no deberían estar allí, se habla de cuerpos de inclusión, término reservado sobre todo a los contextos de enfermedad. Los hay de origen vírico, como los cuerpos de inclusión que se forman durante el ensamblaje de un virus, y los hay compuestos por proteínas mal plegadas que se apelotonan en la célula, como ocurre en varias enfermedades neurodegenerativas o en los depósitos de amiloide. Cuando ese depósito ocupa el núcleo, la entrada sobre inclusión nuclear lo desarrolla con detalle. La duda surge pronto en el estudio de la histología. Un orgánulo trabaja: la mitocondria produce energía, el retículo fabrica proteínas o lípidos, el lisosoma degrada. La inclusión, por el contrario, se limita a estar ahí, guardada. Ni transforma sustancias ni consume oxígeno, y su presencia puede desaparecer sin que la célula deje de vivir. Esa diferencia, la de lo funcional frente a lo almacenado, es la que separa ambos conceptos. No. Son depósitos inertes, sin metabolismo propio. Se consideran componentes pasivos de la célula, mientras que los orgánulos sí desempeñan funciones activas. Porque buena parte del material almacenado es incoloro. El glucógeno o las gotas de grasa apenas destacan en una preparación corriente y se necesitan tinciones especiales para revelarlos: PAS o azul de Lugol para el glucógeno, Sudán para los lípidos. Los pigmentos son la excepción, ya que tienen color por sí mismos. Es sobre todo una cuestión de contexto. Se habla de inclusión celular para referirse al conjunto de depósitos, muchos de ellos normales, mientras que la expresión cuerpos de inclusión se reserva casi siempre a acúmulos anómalos ligados a una infección o a una enfermedad. Por sí sola, no. Es un pigmento de desgaste que se acumula con la edad como residuo de la actividad de los lisosomas. Su cantidad aumenta en tejidos envejecidos, sobre todo en el corazón y en el sistema nervioso, sin que ello implique daño por sí mismo.Qué es una inclusión celular
Tipos de inclusiones celulares
Inclusiones normales e inclusiones patológicas
Cómo distinguirlas de los orgánulos
Preguntas frecuentes
¿Las inclusiones celulares están vivas?
¿Por qué muchas inclusiones no se ven directamente al microscopio?
¿Qué diferencia hay entre una inclusión y un cuerpo de inclusión?
¿La lipofuscina es peligrosa?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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