DICCIONARIO MÉDICO
Inclusión nuclear
Una inclusión nuclear es un cuerpo que se forma dentro del núcleo de la célula. La mayoría de las veces aparece durante una infección vírica, cuando el virus se replica en el núcleo y deja tras de sí un depósito visible al microscopio. Existen también inclusiones nucleares propias de las neuronas, sin relación con virus. Para el patólogo, reconocerlas equivale muchas veces a poner nombre a la infección que tiene delante. Lo que distingue a esta inclusión de las demás es su ubicación: no está en el citoplasma, sino dentro del núcleo, la estructura que guarda el material genético (el nombre viene del latín nucleus, 'hueso de la fruta' o 'pepita'). Ese matiz de localización tiene consecuencias prácticas, porque el núcleo es precisamente donde muchos virus fabrican y ensamblan sus componentes. El material que sobra de ese proceso se agrupa y forma la inclusión. No todas las inclusiones víricas son nucleares. Los cuerpos de Negri de la rabia, por ejemplo, se forman en el citoplasma de las neuronas, no en el núcleo. Distinguir dónde se sitúa el depósito orienta sobre qué virus lo ha producido, y por eso la localización es el primer dato que se anota. La descripción clásica de estas inclusiones se debe a Edmund Cowdry, que a comienzos del siglo XX las separó en dos tipos. Las de tipo A consisten en una masa central acidófila rodeada por un halo claro, con la cromatina desplazada hacia el borde del núcleo. Son el sello de los herpesvirus, es decir, del virus del herpes simple y del de la varicela-zóster. Las de tipo B, más pequeñas y sin halo definido, no alteran de forma llamativa el aspecto del núcleo y se asocian a virus como el poliovirus o el adenovirus. Un caso aparte lo ofrece el citomegalovirus. Produce una inclusión intranuclear grande, envuelta por un halo, que junto con el agrandamiento de la célula da la imagen conocida como ojo de búho. Esta figura resulta muy específica: cuando se observa en una biopsia, apunta con fuerza a una infección por citomegalovirus, algo especialmente útil en personas con las defensas debilitadas, donde el virus tiende a reactivarse. Fuera del terreno de los virus, ciertas neuronas albergan inclusiones dentro de su núcleo sin que medie infección alguna. Los cuerpos de Marinesco son un buen ejemplo. Se trata de pequeñas inclusiones esféricas y eosinófilas que se ven en las neuronas pigmentadas de la sustancia negra, presentes en cerca de una de cada diez de esas células. Se han vinculado al envejecimiento y al estrés metabólico, y su significado sigue siendo objeto de discusión: durante décadas se consideraron un hallazgo banal, aunque investigaciones recientes apuntan a que podrían ser más frecuentes en algunas enfermedades neurodegenerativas. Otras inclusiones intranucleares sí llevan la firma de la enfermedad. En un grupo de trastornos hereditarios causados por la expansión de una proteína anómala, entre ellos la corea de Huntington, se acumulan agregados proteicos en el núcleo de las neuronas afectadas. La presencia de estos depósitos, dentro o fuera del núcleo, es una de las señales de daño neuronal que el neuropatólogo busca al examinar el tejido. Reconocer una de estas inclusiones vale sobre todo por lo que revela. Al microscopio, algunas son tan características que casi identifican por sí solas al agente responsable, como el ojo de búho del citomegalovirus o el patrón de los herpesvirus. Otras, como los cuerpos de Marinesco, aportan sobre todo información sobre la edad y el estado de la neurona. En ambos casos, la inclusión funciona como una huella: un rastro dejado en el núcleo que cuenta parte de la historia de la célula. La localización dentro de la célula. La nuclear se forma en el interior del núcleo; la citoplasmática, en el resto del contenido celular. Esa diferencia importa porque orienta sobre el origen del depósito: muchos virus se replican en el núcleo, mientras que otros dejan su huella en el citoplasma. Es el nombre que recibe la inclusión típica del citomegalovirus: una masa central dentro del núcleo, rodeada por un halo claro, en una célula agrandada. El conjunto recuerda al ojo de esa ave. Se considera un signo muy específico de este virus en las muestras de tejido. No necesariamente. Aparecen con la edad en neuronas de la sustancia negra de personas sanas y, durante mucho tiempo, se tuvieron por un hallazgo sin trascendencia. Algunos estudios recientes exploran si podrían ser más numerosos en ciertas enfermedades neurodegenerativas, pero su papel no está aclarado. El patólogo Edmund Cowdry, en las primeras décadas del siglo XX. Su distinción entre inclusiones de tipo A y de tipo B se sigue empleando hoy para orientar el diagnóstico de varias infecciones víricas.Qué es una inclusión nuclear
Inclusiones nucleares de origen vírico
Inclusiones nucleares en las neuronas
Qué aporta reconocerlas
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre una inclusión nuclear y una citoplasmática?
¿Qué es el ojo de búho?
¿Los cuerpos de Marinesco indican enfermedad?
¿Quién describió los tipos de inclusión vírica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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