DICCIONARIO MÉDICO
Hemorragia retrobulbar
Se conoce como hemorragia retrobulbar la acumulación de sangre en el espacio de la órbita situado por detrás del globo ocular. Como esa cavidad está rodeada de hueso y apenas puede expandirse, la sangre acumulada eleva la presión en su interior y llega a comprometer la irrigación del nervio óptico. La hemorragia retrobulbar es la salida de sangre hacia el espacio retrobulbar, la porción de la órbita que queda por detrás del globo ocular. En ese compartimento se alojan la grasa orbitaria, los músculos que mueven el ojo, varios vasos y el nervio óptico, de modo que cualquier colección de sangre en la zona convive con estructuras muy sensibles a la presión. Su nombre reúne dos procedencias. Hemorragia viene del griego haîma, sangre, y del sufijo rragia, derivado de un verbo que significa brotar o manar por rotura. Retrobulbar se forma con el latín retro, detrás, y bulbus, el bulbo o globo del ojo. La palabra describe, casi con literalidad anatómica, sangre que irrumpe por detrás del ojo. Cuando esa sangre queda coleccionada y bien delimitada, se habla también de hematoma retrobulbar, término que muchos autores emplean como equivalente. La órbita es una cavidad ósea con forma de pirámide de cuatro paredes. Solo se abre con amplitud por su cara anterior, donde el globo ocular y los párpados cierran el conjunto. Ese detalle anatómico, que parece un simple apunte descriptivo, explica buena parte de la relevancia del cuadro. Al tratarse de un recinto de paredes rígidas, la órbita se comporta como un compartimento estanco. Si la sangre se acumula en un volumen que no puede crecer, la presión dentro de la cavidad sube deprisa. Los especialistas denominan a esta situación síndrome compartimental orbitario. El ascenso de presión empuja el globo hacia delante, lo que se traduce en proptosis, y, sobre todo, comprime los vasos que nutren la retina y el nervio óptico. Ahí reside el riesgo. Cuando la presión intraocular y la presión orbitaria superan a la presión con la que la sangre llega al ojo, el flujo se interrumpe y el tejido queda sin oxígeno. El nervio óptico y la retina toleran mal esa isquemia, que puede volverse irreversible en cuestión de minutos u horas. Por eso la hemorragia retrobulbar figura entre las pocas urgencias verdaderas de la oftalmología. La causa más habitual es el traumatismo facial u orbitario, sobre todo cuando se acompaña de fractura de las paredes de la órbita. El impacto rompe pequeños vasos orbitarios y la sangre se recoge en el espacio posterior. Existen otros escenarios. La cirugía de la órbita o de los párpados, la anestesia inyectada por detrás del globo para intervenciones oculares y ciertos procedimientos sobre los senos paranasales pueden lesionar los vasos de la zona. Favorecen igualmente el sangrado los trastornos de la coagulación y el uso de anticoagulantes, junto con algunas malformaciones vasculares que sangran de forma espontánea, sin traumatismo previo. En estos últimos casos el cuadro puede aparecer de manera diferida, horas después del desencadenante. No todo sangrado alrededor del ojo compromete la visión. La hemorragia subconjuntival, esa mancha roja y llamativa que aparece sobre el blanco del ojo, es superficial y se reabsorbe sola. La hemorragia retrobulbar ocupa un plano mucho más profundo, dentro de la órbita, y su gravedad procede justamente de esa localización. Conviene separarla también de la neuropatía óptica retrobulbar, que comparte la palabra retrobulbar pero designa una inflamación del nervio óptico, no una colección de sangre. Y del exoftalmos de otras causas, como la enfermedad tiroidea o los tumores orbitarios, donde el ojo protruye poco a poco y no por un sangrado brusco. Porque el sangrado se sitúa retro, detrás, del bulbus o bulbo del ojo. Bulbo del ojo es el nombre clásico del globo ocular, así que el término coloca la sangre en el espacio posterior de la órbita. En la práctica se usan casi como sinónimos. El matiz es que hematoma alude a una colección de sangre ya delimitada, mientras que hemorragia describe el sangrado en sí. Muchos textos médicos alternan ambos nombres para el mismo cuadro. Por la geometría del hueso. La distancia entre el reborde de la órbita y su vértice posterior ronda los 42 milímetros, y esas paredes no ceden. Un volumen de sangre que en otra parte del cuerpo pasaría desapercibido, aquí eleva la presión lo suficiente para estrangular la circulación del nervio óptico. La órbita no perdona el aumento de volumen. Casi siempre. Al depender de un traumatismo o de un procedimiento localizado, lo corriente es que afecte a la órbita de un lado. La forma que afecta a los dos ojos es rara y suele ligarse a trastornos generales de la coagulación.Qué es la hemorragia retrobulbar
La órbita, un espacio que no puede dilatarse
Origen del sangrado
Diferencias con otros sangrados de la región ocular
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama retrobulbar?
¿Es lo mismo hemorragia retrobulbar que hematoma retrobulbar?
¿Por qué un sangrado pequeño puede ser tan peligroso en la órbita?
¿Afecta siempre a un solo ojo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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