DICCIONARIO MÉDICO
Gonadotropina coriónica humana
La gonadotropina coriónica humana (hCG, del inglés human chorionic gonadotropin) es una hormona glucoproteica que sintetiza el sincitiotrofoblasto de la placenta poco después de la implantación del embrión. Sostiene el cuerpo lúteo durante las primeras semanas de gestación y, con él, la producción de progesterona. Su aparición en sangre y orina es lo que detectan las pruebas de embarazo. Cuando se eleva al margen de la gestación, puede delatar ciertos tumores. Producida por la placenta, la gonadotropina coriónica humana es la hormona que anuncia y sostiene el inicio de un embarazo. Pertenece a la familia de las gonadotropinas, un grupo de hormonas glucoproteicas que ejercen su acción sobre las gónadas, pero se distingue de las otras dos por su origen: no procede de la hipófisis, sino del tejido que envuelve al embrión. El nombre reúne tres piezas. El prefijo «gonado-» procede del griego γονάς (gonás), la glándula sexual. El elemento «-tropina», del griego τροπή (tropḗ), «giro» o «dirección», designa a las hormonas que orientan su efecto hacia un órgano concreto. Y «coriónica» remite al χόριον (chórion): la membrana más externa del embrión, aquella de la que deriva la placenta. La misma molécula aparece en los textos con otros dos nombres, coriogonadotropina, en una sola palabra, y las siglas inglesas hCG. Estructuralmente es un heterodímero: dos cadenas proteicas unidas sin enlace covalente. Una es común a otras hormonas del organismo; la otra, la fracción beta, es la que le da identidad propia. El desarrollo bioquímico de esa arquitectura corresponde a la entrada de coriogonadotropina; aquí interesa lo que la hormona hace. Tras la implantación, el trofoblasto libera hCG en cantidades que crecen deprisa. La hormona se acopla al mismo receptor que la hormona luteinizante (el receptor LHCG) y, por ese parecido, prolonga la vida del cuerpo lúteo, que en un ciclo sin gestación se habría degradado a los pocos días. Mientras ese cuerpo lúteo sigue activo, mantiene la secreción de progesterona, y es la progesterona la que conserva el endometrio grueso y bien irrigado donde el embrión se nutre. Se le atribuyen además tareas menos visibles. Una de ellas, todavía en terreno de hipótesis, sería atenuar la respuesta inmunitaria de la madre frente a un embrión que, en la mitad de su carga genética, le resulta ajeno (una especie de diplomacia molecular en el primer trimestre). Sus niveles siguen un recorrido reconocible. La hormona empieza a detectarse unos diez días después de la concepción, se duplica aproximadamente cada dos o tres días al comienzo y llega a su máximo entre las semanas ocho y once. Después desciende. No se sostiene alta hasta el parto: cuando la placenta madura y estabiliza su masa celular, la producción deja de crecer al mismo ritmo y la concentración cae. En 1927, los médicos alemanes Selmar Aschheim y Bernhard Zondek hallaron en la orina de mujeres embarazadas una sustancia capaz de inducir cambios en los ovarios de ratonas jóvenes. La llamaron «prolan», del latín proles («descendencia»), y la atribuyeron por error al lóbulo anterior de la hipófisis. Con esa observación montaron, un año después, la primera prueba de embarazo fiable de la historia: la prueba de Aschheim-Zondek. El método era tan ingenioso como aparatoso. Se inyectaba la orina en ratonas impúberes durante varios días, se sacrificaba luego al animal y se examinaban sus ovarios en busca de la reacción hormonal. Más adelante llegaron variantes con conejas y con ranas, más rápidas y menos cruentas. El origen verdadero de la hormona, el tejido coriónico y no la hipófisis, se aclaró hacia 1930. El nombre que hoy usamos nació con ese hallazgo. En condiciones normales, un varón o una mujer no gestante apenas tienen hCG circulante. De ahí que su aparición al margen del embarazo sea una señal que conviene leer con atención. Dos escenarios reúnen la mayoría de los casos. El primero es la enfermedad trofoblástica gestacional, un conjunto de procesos en los que el tejido destinado a formar la placenta prolifera de manera anómala: la mola hidatiforme y el coriocarcinoma generan hCG en cantidades a veces llamativas. El segundo son los tumores de células germinales del testículo y del ovario, capaces de fabricar la hormona sin que exista gestación alguna. En ambos, la molécula actúa como marcador biológico: sube cuando el tejido productor crece y desciende cuando este remite. Cabe una precisión de matiz. En la confirmación del embarazo se rastrea sobre todo la fracción beta, mientras que como marcador tumoral interesa medir la molécula íntegra; ese detalle analítico pertenece a la entrada de beta-hCG. Porque la fabrica un tejido derivado del corion, la envoltura más externa del embrión, de la que nace la placenta. Esa procedencia es lo que la separa de las otras gonadotropinas, que son de origen hipofisario. En español conviven, además, las formas «gonadotropina» y «gonadotrofina»: ambas son válidas y designan lo mismo. No exactamente. La hCG es la hormona completa, con sus dos subunidades. La beta-hCG es solo la segunda de esas cadenas, la que distingue a la hormona de sus parientes y la que suele cuantificarse en el laboratorio. No. Determinados tumores, en especial los de células germinales y los del tejido trofoblástico, pueden elevarla en ausencia de gestación. Selmar Aschheim y Bernhard Zondek, en 1928. Creyeron que la sustancia procedía de la hipófisis y la llamaron «prolan»; su naturaleza coriónica se estableció poco después.Qué es la gonadotropina coriónica humana
Función durante el embarazo
Del «prolan» a la hormona del embarazo
La hCG fuera del embarazo
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «coriónica»?
¿Es lo mismo la hCG que la beta-hCG?
¿Aparece únicamente durante el embarazo?
¿Quién desarrolló la primera prueba basada en esta hormona?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026