DICCIONARIO MÉDICO
Fusión tarsal
La fusión tarsal o coalición tarsal es la unión anómala, generalmente congénita, entre dos o más huesos del tarso, que limita en grado variable la movilidad del retropié y constituye una de las causas más frecuentes de pie plano rígido en la infancia y la adolescencia. El adjetivo «tarsal» procede del griego tarsós (ταρσός), que originalmente designaba una superficie plana para secar alimentos y, por extensión anatómica, la parte plana del pie. «Coalición» viene del latín coalitio, -onis (unión, alianza), derivado de coalescere (crecer juntos). En traumatología y ortopedia, el término describe la persistencia de una conexión tisular entre huesos del tarso que debería haberse reabsorbido durante el desarrollo embrionario. En condiciones normales, los huesos tarsales se forman a partir de un bloque continuo de mesénquima que se segmenta progresivamente durante las primeras semanas de gestación. Cuando esa segmentación falla en un punto concreto, los huesos adyacentes quedan unidos por un puente de tejido que puede ser óseo (sinostosis), cartilaginoso (sincondrosis) o fibroso (sindesmosis). La primera descripción publicada de una coalición tarsal se atribuye a Buffon en 1769, aunque fue Robert Jones quien en 1897 relacionó estas fusiones con el cuadro clínico del pie plano peroneo espástico. Prácticamente cualquier par de huesos del tarso puede estar implicado, pero dos localizaciones concentran cerca del 90 % de los casos. La coalición calcaneoescafoidea (también llamada calcaneonavicular) representa aproximadamente el 53 % y la coalición talocalcánea (subastragalina) en torno al 37 %. El resto corresponde a combinaciones menos habituales: calcaneocuboidea, talonavicular, escafocuneana y otras. La naturaleza del tejido que forma el puente añade otra capa de clasificación. Las sinostosis completas anulan por completo el movimiento articular; las sincondrosis y las sindesmosis conservan cierto grado de elasticidad, lo que, paradójicamente, puede hacerlas más sintomáticas. Al mantener un movimiento residual sobre un puente que no está preparado para soportar carga, se genera irritación mecánica y dolor. Se considera un defecto de segmentación del mesénquima primitivo, con un patrón de herencia autosómica dominante de penetrancia variable. Existe una importante carga genética: los familiares de primer grado de un paciente afectado tienen un riesgo significativamente mayor de presentar coaliciones, a menudo asintomáticas, que solo se descubren mediante pruebas de imagen. La prevalencia en la población general se sitúa entre el 1 % y el 5 %, aunque muchos autores advierten de que la cifra real podría ser más alta, dado que las coaliciones fibrosas y cartilaginosas no siempre se detectan en radiografías simples. Las coaliciones calcaneoescafoideas son bilaterales en aproximadamente el 68 % de los casos; las talocalcáneas, en torno al 40 %. Presente desde el nacimiento, la coalición tarsal rara vez produce molestias en la primera infancia. Los niños pequeños caminan con un retropié todavía parcialmente cartilaginoso y flexible, capaz de compensar la restricción de movimiento. La osificación progresiva del puente coalicional convierte lo que era una unión blanda en una barra rígida, y es en ese momento cuando suelen aparecer los primeros síntomas. La coalición calcaneoescafoidea se osifica típicamente entre los 8 y los 12 años; la talocalcánea, algo más tarde, entre los 12 y los 16. No todos los portadores llegan a tener molestias. Algunos alcanzan la edad adulta sin saber que poseen una coalición tarsal, y el hallazgo es incidental al realizar una prueba de imagen por otro motivo. La coalición tarsal congénita no debe confundirse con la artrodesis quirúrgica del tarso, que es una fusión deliberada practicada para corregir deformidades o aliviar dolor articular (por ejemplo, la fusión subastragalina en caso de artrosis postraumática). Tampoco es sinónimo de anquilosis, que designa la pérdida de movilidad articular por causas adquiridas (inflamación crónica, infección, traumatismo), ni de sinostosis en sentido amplio, ya que la sinostosis es solo uno de los tres tipos histológicos de coalición. Sí, en el uso clínico habitual ambos términos se emplean indistintamente para referirse a la unión congénita entre huesos del tarso. «Fusión tarsal» es la denominación descriptiva en castellano; «coalición tarsal» traduce el término anglosajón tarsal coalition, más frecuente en la literatura internacional. Depende del tipo sospechado. Si la sospecha recae sobre una coalición calcaneoescafoidea, los signos radiológicos suelen hacerse evidentes a partir de los 8 años. Para la talocalcánea, la ventana se desplaza a los 12 o 13 años. En ambos casos, la tomografía computarizada o la resonancia magnética ofrecen mayor sensibilidad que la radiografía simple, sobre todo para las coaliciones fibrosas o cartilaginosas que aún no se han osificado. Sí. La mayoría de las coaliciones tarsales son asintomáticas. Se estima que menos de la mitad de los portadores desarrollan dolor o limitación funcional relevante a lo largo de su vida.Qué es la fusión tarsal
Tipos de coalición tarsal y su frecuencia
Por qué aparece la coalición tarsal
Cuándo se manifiesta
Diferenciación con otros cuadros del retropié
Preguntas frecuentes
Coalición tarsal y fusión tarsal son lo mismo
A qué edad conviene buscar una coalición tarsal si hay antecedentes familiares
Puede una coalición tarsal no dar nunca molestias
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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