DICCIONARIO MÉDICO
Fractura articular
Una fractura articular es una fractura cuyo trazo se extiende hasta la superficie articular de un hueso, con rotura parcial o completa del cartílago que recubre la zona de contacto entre las piezas óseas de una articulación. El adjetivo «articular» procede del latín articulāris, formado sobre articulus («nudo», «juntura pequeña»), diminutivo de artus («miembro»). En griego clásico, el concepto equivalente se expresaba con ἄρθρον (árthron), raíz que pervive en términos como artritis o artroscopia. Una fractura articular es, por tanto, aquella en la que la línea de rotura alcanza la superficie donde dos huesos contactan dentro de una articulación. Lo que distingue esta lesión de una fractura extraarticular no es la violencia del impacto ni el hueso afectado, sino el hecho de que el trazo interrumpe el cartílago hialino que tapiza los extremos óseos. Ese cartílago, con apenas dos o tres milímetros de espesor, carece de vasos sanguíneos propios y se nutre por difusión desde el líquido sinovial, lo que limita notablemente su capacidad de regeneración una vez dañado. La clasificación de la AO Foundation (Arbeitsgemeinschaft für Osteosynthesefragen), adoptada internacionalmente para codificar las fracturas de huesos largos, divide las lesiones de los segmentos próximos a las articulaciones en tres tipos principales. El tipo A corresponde a las fracturas extraarticulares, en las que el trazo no llega a la superficie de contacto. El tipo B agrupa las fracturas articulares parciales: una porción del cartílago queda fracturada, pero otra parte de la superficie articular permanece unida al resto del hueso. Son las de tipo C las que representan el daño más extenso, con separación completa de la superficie articular respecto de la diáfisis. Cada uno de estos tipos se subdivide a su vez en grupos y subgrupos, según el número de fragmentos y el grado de conminución. La codificación completa permite a los especialistas comunicar con precisión el patrón de la lesión sin necesidad de descripciones extensas. No todas las fracturas articulares revisten la misma gravedad. Cuando un hueso se rompe lejos de la articulación, el objetivo principal del tratamiento es restablecer la alineación y la longitud del segmento óseo. En las fracturas articulares, la exigencia es mayor: cualquier irregularidad residual en la superficie de contacto, por pequeña que sea, somete al cartílago a una distribución de cargas anómala. Con el tiempo, esa sobrecarga localizada puede acelerar el desgaste del cartílago restante. Existe un umbral, discutido en la literatura, por debajo del cual un escalón articular residual resulta tolerable. Varios estudios lo sitúan en torno a uno o dos milímetros, aunque la cifra exacta varía según la articulación afectada y la edad del paciente. Fracturas que dejan escalones mayores tienden a producir pérdida progresiva de movilidad y dolor con la carga. Prácticamente cualquier articulación puede verse afectada, pero algunas localizaciones concentran la mayor parte de los casos atendidos en la práctica clínica. El extremo distal del radio es una de ellas: muchas fracturas de muñeca, incluidas las de tipo Colles, pueden extenderse hacia la superficie articular y convertirse así en lesiones intraarticulares. Los platillos tibiales de la rodilla, los cóndilos del fémur, el acetábulo de la pelvis y la base de los metacarpianos (como ocurre en la fractura de Bennett) completan el mapa de las localizaciones habituales. Del latín articulāris, derivado de articulus, que en Roma designaba la unión visible entre las falanges de los dedos. La raíz indoeuropea *ar- (ajustar, encajar) es la misma que dio lugar al griego ἄρθρον y, desde él, a toda la familia léxica de la artrología moderna. En la práctica clínica, sí. Ambas expresiones designan una fractura cuyo trazo alcanza la superficie de contacto de una articulación. La forma «intraarticular» subraya con el prefijo intra- que la lesión está dentro de la articulación, mientras que «articular» funciona como adjetivo clasificatorio más amplio. No. En adultos jóvenes y deportistas, los traumatismos de alta energía (caídas desde altura, accidentes de tráfico, lesiones deportivas) provocan fracturas articulares con frecuencia. En personas de edad avanzada, la menor densidad ósea hace que traumatismos relativamente leves puedan producir el mismo tipo de lesión, sobre todo en la muñeca, la cadera y el hombro.Qué es una fractura articular
Clasificación dentro del sistema AO
Por qué el pronóstico difiere del de las fracturas extraarticulares
Localizaciones más frecuentes
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término «articular» aplicado a las fracturas?
¿Fractura articular y fractura intraarticular son lo mismo?
¿Afectan estas fracturas solo a personas mayores?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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