DICCIONARIO MÉDICO
Flictena
La flictena es una lesión cutánea elemental consistente en una elevación circunscrita de la epidermis que contiene líquido seroso o serohemorrágico. El término se emplea sobre todo en el contexto de quemaduras y lesiones por fricción, y funciona en la práctica clínica como sinónimo de ampolla cutánea. La voz procede del griego φλύκταινα (phlýktaina), derivada del verbo φλύειν (phlýein), que significa «hervir» o «burbujear», y del sufijo -αινα (-aina). La imagen es expresiva: la piel parece hervir cuando se levanta formando una cavidad llena de suero. Hipócrates ya empleó la palabra para describir las ampollas que aparecían tras las quemaduras, y el término ha pervivido casi intacto en la literatura médica occidental a través del latín científico phlyctaena. En dermatología, la flictena se clasifica entre las lesiones elementales primarias de contenido líquido. Se distingue de la vesícula por un criterio puramente dimensional: cuando el diámetro de la elevación supera los 5 mm se habla de ampolla o flictena, y por debajo de ese umbral se habla de vesícula. La separación, aunque convencional, resulta útil en la semiología porque orienta hacia mecanismos patogénicos distintos. Toda flictena nace de una pérdida de cohesión entre las capas de la piel. Un agente externo (calor, fricción, contacto químico) o un proceso interno (autoinmunidad, infección vírica) rompe las uniones intercelulares o la unión dermoepidérmica, y el líquido intersticial se acumula en el espacio resultante. Tres componentes definen la lesión: el techo, formado por la porción de epidermis que se ha despegado; la base, que es la superficie expuesta de dermis o de epidermis profunda; y el contenido, generalmente seroso, aunque puede teñirse de sangre si los capilares del lecho se rompen durante el despegamiento. El plano de clivaje tiene valor semiológico. Cuando la separación ocurre dentro de la propia epidermis, el techo es fino y la flictena se rompe con facilidad, como sucede en el pénfigo. Si la separación se produce más abajo, en la unión dermoepidérmica, el techo es grueso y la lesión resiste mejor la manipulación, como ocurre en las quemaduras de segundo grado superficial. La causa más frecuente de flictenas es la fricción mecánica repetida, el caso típico del calzado inadecuado o del uso prolongado de herramientas manuales sin protección. En segundo lugar se sitúan las quemaduras térmicas de segundo grado, donde la flictena postraumática constituye el signo cardinal que distingue la lesión superficial de la profunda. Fuera del ámbito traumático, ciertas infecciones víricas generan flictenas agrupadas con un patrón reconocible (herpes simple, varicela zóster) y las dermatosis ampollosas autoinmunes producen flictenas extensas sin un desencadenante mecánico evidente. En la miringitis bullosa, por ejemplo, las flictenas se forman sobre la membrana timpánica en vez de sobre la piel. La terminología de las lesiones ampollosas puede resultar confusa porque varios términos coexisten con límites no siempre nítidos. Flictena, ampolla y bulla designan, en sentido estricto, la misma lesión: una elevación de la epidermis de más de 5 mm con contenido líquido. La RAE define flictena como «vejiga pequeña o ampolla cutánea que contiene sustancias acuosas y no pus», lo que coincide con la acepción dermatológica habitual. En la práctica, cada sinónimo tiene su terreno preferente. «Ampolla» es el vocablo más general y el que emplea el paciente. «Bulla» aparece con frecuencia en la nomenclatura de las enfermedades autoinmunes (penfigoide ampolloso, epidermólisis bullosa). Y «flictena» se reserva sobre todo para las lesiones traumáticas y las quemaduras, donde la tradición quirúrgica española la ha mantenido vigente. No es raro encontrar los tres términos en un mismo texto clínico. Porque el verbo griego del que deriva, φλύειν, significa precisamente «hervir» o «burbujear». Los médicos hipocráticos observaron que la piel quemada se elevaba formando cavidades que recordaban a las burbujas de un líquido en ebullición, y esa analogía quedó fijada en el nombre. Desde el punto de vista semiológico, sí. Ambos términos describen una elevación de la epidermis con contenido líquido y diámetro superior a 5 mm. La diferencia es de registro: «flictena» pertenece al lenguaje técnico y se emplea sobre todo en contextos de quemaduras y cirugía, mientras que «ampolla» es el término preferido en el habla general y en dermatología clínica cotidiana. No de forma sistemática. El techo epidérmico que cubre la lesión actúa como apósito biológico y protege la base expuesta frente a la colonización bacteriana. La decisión de drenar o conservar la flictena intacta depende de factores como su tamaño, su localización y el riesgo de rotura espontánea, y corresponde siempre al profesional sanitario. Comparten raíz etimológica, pero su naturaleza clínica es muy distinta. La flicténula es un nódulo inflamatorio de la conjuntiva o la córnea producido por una reacción de hipersensibilidad retardada frente a antígenos bacterianos. No contiene líquido libre como la flictena cutánea, a pesar de que su nombre sugiera una «ampollita».Qué es una flictena
Mecanismo de formación
Contextos clínicos habituales
Diferenciación terminológica
Preguntas frecuentes
¿Por qué la palabra «flictena» evoca la idea de ebullición?
¿Flictena y ampolla son exactamente lo mismo?
¿Debe reventarse una flictena?
¿Existe relación entre la flictena cutánea y la flicténula ocular?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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