DICCIONARIO MÉDICO
Ampolla
En medicina, el término ampolla designa tres realidades distintas: una lesión cutánea elevada de más de 5 mm que contiene líquido seroso o hemorrágico, la dilatación fisiológica de determinados conductos del organismo y el recipiente de vidrio sellado que conserva preparados inyectables. La acepción dermatológica es la más frecuente en la práctica clínica. La palabra procede del latín ampulla, diminutivo de amphora, que designaba un recipiente de vidrio con cuerpo redondeado y cuello estrecho. En castellano se documenta desde el siglo XIII: el Libro de Apolonio (c. 1240) ya emplea «ampolla» para referirse a un frasco de bálsamo. La RAE recoge hoy dos acepciones principales: «elevación local de la epidermis por acumulación de líquido» y «vasija de vidrio de cuello largo y estrecho». La medicina adoptó ambas y añadió una tercera, la anatómica, que describe dilataciones en forma de saco de ciertos conductos. Desde el punto de vista dermatológico, una ampolla es una lesión elemental primaria que consiste en una elevación circunscrita de la epidermis con contenido líquido, habitualmente seroso, aunque puede ser hemorrágico o incluso purulento. El criterio de tamaño es el que separa la ampolla de la vesícula: por convención, se habla de vesícula cuando el diámetro es inferior a 5 mm y de ampolla (o bulla) cuando lo supera. El sinónimo flictena se usa con frecuencia en contextos de quemaduras y lesiones por fricción, aunque algunos autores lo reservan para las lesiones flácidas de gran extensión. Toda ampolla tiene tres componentes: un techo (la porción de epidermis que se despega), una base (la superficie dérmica o epidérmica expuesta) y un contenido líquido que ocupa el espacio entre ambos. El plano de clivaje, es decir, el nivel al que se produce la separación entre las capas de la piel, determina las características clínicas de la lesión y orienta la interpretación semiológica. Cuando la separación ocurre dentro de la epidermis (clivaje intraepidérmico), el techo es fino y la ampolla se rompe con facilidad. Es lo que sucede, por ejemplo, en el pénfigo vulgar, donde los anticuerpos atacan las proteínas que mantienen unidas las células epidérmicas. Si la separación se produce por debajo de la epidermis (clivaje subepidérmico), el techo es más grueso y la ampolla resulta tensa, como ocurre en el penfigoide ampolloso o en ciertas formas de epidermólisis. Hay un tercer nivel, el subcórneo, donde la separación se da justo bajo la capa córnea; las ampollas subcórneas son extremadamente frágiles y apenas se mantienen íntegras. Las causas más comunes de ampollas cutáneas son la fricción mecánica (calzado inadecuado, herramientas manuales), las quemaduras térmicas o químicas y determinadas infecciones víricas. Pero la formación de ampollas también puede ser el rasgo definitorio de enfermedades autoinmunes, genéticas o metabólicas; en esos casos se habla de dermatosis ampollosas. Fuera de la dermatología, la anatomía emplea «ampolla» para nombrar dilataciones fisiológicas de conductos corporales. La más conocida es la ampolla de Vater (ampolla hepatopancreática), la porción del duodeno donde confluyen el conducto colédoco y el conducto pancreático principal. Existen también la ampolla rectal (segmento dilatado del recto, inmediatamente por encima del canal anal), la ampolla tubárica (ensanchamiento de la trompa uterina donde suele producirse la fecundación) y las ampollas de los conductos semicirculares del oído interno, que alojan las crestas ampulares implicadas en el equilibrio. En farmacia, la ampolla es un pequeño recipiente de vidrio sellado al fuego que contiene una cantidad unitaria de un preparado líquido, casi siempre inyectable. Su diseño garantiza la esterilidad del contenido hasta el momento de la apertura. La RAE ya registraba esta acepción en la edición de 2001. Del latín ampulla, diminutivo de amphora. Originalmente designaba un recipiente de vidrio con cuerpo abombado. En castellano medieval ya aparece con ese sentido (siglo XIII), y la acepción cutánea se consolidó en los diccionarios médicos posteriores. No exactamente. Ambas son lesiones elevadas con contenido líquido, pero la convención clínica establece el límite en 5 mm de diámetro: por debajo se habla de vesícula y por encima, de ampolla o bulla. La distinción no es arbitraria, porque el tamaño suele reflejar diferencias en el mecanismo patogénico subyacente. Depende de dónde se produzca la separación entre las capas de la piel. Si el plano de clivaje está dentro de la epidermis, la ampolla es intraepidérmica y tiende a ser flácida y frágil. Si está por debajo de la unión dermoepidérmica, se denomina subepidérmica: resulta más tensa y resiste mejor la rotura. La biopsia cutánea permite identificar el nivel con precisión. Solo en la etimología. Las dos acepciones comparten la imagen del latín ampulla (un saco o recipiente redondeado), pero designan estructuras completamente distintas: una es una lesión de la piel y la otra, una dilatación anatómica del tracto digestivo. Si desea profundizar en conceptos asociados a la ampolla, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una ampolla
Formación de la ampolla cutánea
Acepciones anatómica y farmacéutica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra ampolla?
¿Es lo mismo una ampolla que una vesícula?
¿Qué significa que una ampolla sea intraepidérmica o subepidérmica?
¿Tiene relación la ampolla cutánea con la ampolla de Vater?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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