DICCIONARIO MÉDICO
Fiebre botonosa mediterránea
La fiebre botonosa mediterránea es una enfermedad infecciosa causada por Rickettsia conorii y transmitida por la picadura de la garrapata marrón del perro. Se conoce también como fiebre exantemática mediterránea y, en la bibliografía antigua, como fiebre de Marsella. Es la rickettsiosis más frecuente en España, donde es de declaración obligatoria. Se trata de una zoonosis transmitida por artrópodos, encuadrada dentro del grupo de las fiebres manchadas producidas por bacterias del género Rickettsia. El agente es Rickettsia conorii, en concreto la subespecie conorii, y el vector habitual es Rhipicephalus sanguineus, que además hace de reservorio. El hospedador más común de esa garrapata es el perro. El adjetivo botonosa traduce el francés boutonneuse, del nombre original fièvre boutonneuse, con el que Conor y Bruch la describieron en Túnez en 1910 a partir de siete pacientes. Eligieron esa palabra porque la erupción no era plana como la de otras fiebres exantemáticas, sino de pequeñas elevaciones, pápulas en vez de máculas. En español conviven varios nombres para la misma entidad: fiebre botonosa, fiebre exantemática mediterránea, que es la denominación que emplea la vigilancia epidemiológica española, y fiebre de Marsella, por la ciudad donde Olmer reunió un grupo de casos en 1925 que despertó el interés europeo por la enfermedad. Dos años después de aquel grupo de casos de Marsella, Boinet y Pieri describieron en la misma ciudad el rasgo que desde entonces acompaña a la descripción del cuadro: una lesión oscura y ulcerada en el punto donde se adhirió la garrapata, a la que llamaron tache noire, mancha negra. Es una escara de inoculación, y su presencia orienta al origen de la infección mejor que ningún otro signo, entre otras cosas porque muchos pacientes no recuerdan haber sufrido picadura alguna: las larvas y las ninfas de la garrapata pasan inadvertidas con facilidad. A comienzos de los años treinta, Durand y Conseil demostraron el papel del vector por un procedimiento que hoy resultaría impensable: inocularon a voluntarios humanos garrapatas trituradas. Blanc y Caminopetros repitieron el experimento y comprobaron además que la bacteria pasaba a la descendencia del artrópodo. Brumpt cerró el círculo en 1932 al identificar y nombrar al microorganismo responsable. La enfermedad es endémica en la cuenca mediterránea, el norte de África, Oriente Próximo y zonas de Asia. En España se vigila a través de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, que desde 2015 la recoge de forma individualizada en todo el territorio; antes solo la declaraban las comunidades que la consideraban de interés propio. Los datos de 2023 dan una idea de su magnitud: 192 casos autóctonos notificados, con una tasa de 0,41 casos por cada 100.000 habitantes. Las tasas más altas correspondieron a Navarra (2,38), la Comunidad Valenciana (1,15) y Extremadura (1,14), y Asturias, Baleares y Ceuta no habían notificado ningún caso desde 2016. La mediana de edad fue de 48 años y hubo algo más de hombres que de mujeres. La serie desde 2016 muestra un máximo en 2018 y una tendencia estable desde 2021. El patrón estacional sigue la actividad de la garrapata, con un máximo en primavera y verano y mínimos en otoño e invierno, pero se notifican casos todos los meses del año. Eso tiene una explicación concreta: el vector no vive en el campo abierto sino en las casas, los patios y las perreras, así que la exposición no depende solo de salir al monte. Dentro del grupo de las fiebres manchadas hay dos referencias con las que conviene no confundirla. La fiebre maculosa de las Montañas Rocosas, americana y causada por Rickettsia rickettsii, es la forma más grave del conjunto y no suele dejar escara de inoculación. La fiebre africana por picadura de garrapata, en cambio, se confundió con esta durante casi sesenta años, hasta que el aislamiento de su agente en 1992 zanjó la discusión; la distinguen la geografía, el vector y la frecuencia de escaras múltiples en vez de una sola. Mención aparte merecen las llamadas fiebres exantemáticas de perfil similar, producidas por otras rickettsias del mismo grupo presentes en la península. Son clínicamente casi indistinguibles del cuadro clásico y solo la identificación microbiológica permite separarlas, lo que complica la lectura de las series epidemiológicas históricas. Por la traducción del francés boutonneuse, el adjetivo que emplearon Conor y Bruch en 1910 para describir una erupción de pequeñas elevaciones, no plana. El término se acuñó en Túnez y se mantuvo al pasar a otras lenguas. La lesión oscura que queda en el punto donde la garrapata se adhirió a la piel. La describieron Boinet y Pieri en Marsella en 1925, con el nombre francés de tache noire, y es el rasgo que más orienta sobre el origen de la infección. No. No se conoce transmisión entre personas; la infección depende siempre de la garrapata. Sí, son dos nombres de la misma enfermedad. El segundo es el que utilizan los sistemas de vigilancia epidemiológica en España, y en la bibliografía clásica aparece además como fiebre de Marsella.Qué es la fiebre botonosa mediterránea
La mancha negra y el descubrimiento del vector
Distribución y situación en España
Diferenciación
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama botonosa?
¿Qué es la mancha negra?
¿Se contagia de una persona a otra?
¿Es lo mismo que la fiebre exantemática mediterránea?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026