DICCIONARIO MÉDICO
Escara
La escara es una placa de tejido muerto (necrosis) que permanece firmemente adherida a la superficie cutánea o subcutánea. De aspecto negruzco o pardo muy oscuro, consistencia coriácea y bordes generalmente bien delimitados, constituye un signo clínico, no una enfermedad en sí misma, y puede aparecer por causas muy diversas. El término procede del latín eschăra, tomado a su vez del griego ἐσχάρα (eschára), cuyo significado primitivo era «brasero» o «hogar donde se enciende el fuego». La asociación con la medicina nació del aspecto de la piel quemada: el tejido cauterizado o destruido por el calor recordaba la superficie carbonizada de un brasero. Hipócrates empleaba ya la voz ἐσχάρα para referirse a las costras producidas por el cauterio. En español, la palabra se documenta desde textos quirúrgicos del siglo XVI. Desde el punto de vista histológico, la escara está compuesta por restos celulares, proteínas desnaturalizadas (colágeno, fibrina, elastina) y, con frecuencia, cuerpos bacterianos. Su coloración oscura se debe a la hemoglobina degradada y a la deshidratación del tejido muerto. La firmeza con la que se adhiere al lecho subyacente la diferencia de otras lesiones cutáneas secundarias, como la costra o el esfacelo. La escara se forma siempre que la destrucción tisular alcanza la totalidad de la dermis o se extiende al tejido subcutáneo. Las situaciones que la producen son variadas. La presión mantenida sobre prominencias óseas en pacientes encamados genera isquemia localizada que termina en necrosis; es el contexto clínico más reconocible, característico de las úlceras por presión avanzadas (estadios III y IV). Las quemaduras profundas, tanto térmicas como químicas, constituyen otra causa habitual. Fuera de estos dos grandes grupos, la oclusión arterial aguda (trombosis, embolia de colesterol, calcifilaxia), las infecciones necrotizantes y la aplicación terapéutica deliberada de agentes cauterizantes o criogénicos también generan escaras. En dermatología, la crioterapia con nitrógeno líquido produce de forma controlada una pequeña escara sobre la lesión tratada, que acaba desprendiéndose al cabo de días. La confusión entre escara, costra y esfacelo es frecuente en el lenguaje coloquial. La costra es exudado desecado (sangre, suero, pus) depositado sobre una superficie erosionada o ulcerada; se desprende con relativa facilidad y su base suele mostrar piel en vías de regeneración. La escara, en cambio, es tejido muerto, no exudado, y está adherida con fuerza al lecho. El esfacelo ocupa una posición intermedia. Tiene una composición similar a la de la escara (fibrina, restos celulares), pero conserva mayor humedad: su aspecto es viscoso, amarillento o blanquecino, blando al tacto. Podría decirse que el esfacelo es la versión húmeda del tejido desvitalizado, mientras que la escara es su versión seca y compacta. Esa distinción tiene relevancia práctica, porque la consistencia del tejido condiciona la técnica de retirada (el llamado desbridamiento). Del griego ἐσχάρα (eschára), que significaba «brasero» o «fogón». Los médicos griegos la aplicaron al tejido destruido por el cauterio, cuya apariencia recordaba la superficie de un hogar carbonizado. El latín médico la tomó como eschăra, y de ahí pasó al español. No, aunque a menudo se usan como sinónimos en el lenguaje popular. La úlcera por presión es la lesión completa (que incluye la pérdida de sustancia, la cavidad subyacente y los tejidos afectados), mientras que la escara es solo la capa de tejido necrótico que cubre la superficie. Una úlcera por presión puede presentar escara, esfacelo, tejido de granulación o una combinación de todos ellos. Depende de la localización y del contexto. En los talones, por ejemplo, las guías clínicas recomiendan no desbridar escaras secas y estables si no hay signos de infección, porque la propia escara actúa como cubierta protectora del tejido subyacente. En otras localizaciones, la presencia de escara puede ocultar la extensión real de la lesión y dificultar la cicatrización, lo que hace necesaria su retirada. Oscuro. El negro intenso es el tono más característico, indicativo de tejido muy deshidratado. A medida que la escara retiene algo de humedad, el color puede virar a pardo oscuro o marrón. Si se observan tonalidades amarillentas o blanquecinas con consistencia blanda, probablemente se trate de esfacelo y no de escara propiamente dicha. Si desea profundizar en conceptos asociados a la escara, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la escara
Causas de aparición
Diferenciación con la costra y el esfacelo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra escara?
¿Es lo mismo escara que úlcera por presión?
¿Debe retirarse siempre una escara?
¿Qué color tiene una escara?
Referencias
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