DICCIONARIO MÉDICO
Rickettsia conorii
Rickettsia conorii es la bacteria causante de la fiebre botonosa mediterránea, transmitida por la garrapata marrón del perro. Es la rickettsia de mayor interés en España y en el resto de la cuenca mediterránea, y la única del género cuya clasificación interna se ha reordenado en subespecies para dar cabida a variantes que producen enfermedades con nombre propio en Asia, Oriente Próximo y el Caspio. Rickettsia conorii Agente de la fiebre botonosa mediterránea Tipo: bacteria Morfología: cocobacilo gramnegativo de tinción débil, inmóvil, parásito intracelular obligado Transmisión: vectorial, por picadura de garrapata Reservorio: la garrapata Rhipicephalus sanguineus, con el perro como hospedador habitual Patogenicidad: primario Enfermedades: fiebre botonosa mediterránea Es una bacteria intracelular obligada del género Rickettsia, integrada en el grupo de las fiebres manchadas. El epíteto honra al médico A. Conor, que junto a A. Bruch describió el cuadro en Túnez en 1910 a partir de siete pacientes con fiebre alta y una erupción de pequeñas elevaciones en la piel, a la que llamaron fièvre boutonneuse. Pasaron más de veinte años hasta que alguien identificó al responsable. En 1932, Émile Brumpt publicó en los Comptes Rendus de la Sociedad de Biología un trabajo sobre la longevidad del agente de la fiebre botonosa dentro de la garrapata Rhipicephalus sanguineus y, de paso, le dio nombre en homenaje a Conor. La grafía original llevaba una sola i final, conori; la forma correcta hoy es conorii, y la primera figura como variante ortográfica inexacta del mismo nombre. La cepa de referencia se denomina Malish. Durante años se habló de un complejo R. conorii para agrupar variantes serológicamente distintas pero genéticamente muy próximas a la cepa Malish: la rickettsia del tifus por garrapata de la India, la de la fiebre de Astracán, en la región del Caspio, y la de la fiebre manchada israelí, descrita a finales de los años cuarenta en la bahía de Haifa. En 2005, Zhu, Fournier, Eremeeva y Raoult propusieron resolver la situación por la vía de las subespecies, tras comparar cinco genes en más de treinta aislamientos, y enmendaron la descripción de la especie para acomodarlas. Quedaron así R. conorii subsp. conorii, indica, caspia e israelensis. La reorganización no se detuvo ahí: el análisis genómico de cepas tipo publicado por Hördt y colaboradores en 2020 incorporó al mismo nivel dos especies que hasta entonces eran independientes, R. heilongjiangensis y R. raoultii, que hoy figuran como subespecies de R. conorii en la nomenclatura bacteriana formal. Es un buen ejemplo de hasta qué punto la secuenciación ha redibujado las fronteras dentro de un género que se ordenó primero por serología. La garrapata marrón del perro, Rhipicephalus sanguineus, hace a la vez de vector y de reservorio, y transmite la bacteria a su descendencia por vía transovárica. El perro es el hospedador habitual, aunque otros mamíferos pueden intervenir; en Salamanca se documentaron anticuerpos frente a la bacteria en tres de cada cuatro conejos silvestres estudiados, lo que apunta a un papel de la fauna silvestre en el mantenimiento del ciclo. Que el vector sea la garrapata del perro condiciona por completo la epidemiología de la enfermedad, porque se trata de una especie adaptada a vivir en las casas, los patios y las perreras. La infección es endémica en el sur de Europa, el norte de África, Oriente Próximo y parte de Asia. Quien demostró el papel de esta garrapata fueron Durand y Conseil, a comienzos de los años treinta, inoculando a voluntarios humanos ejemplares triturados; Blanc y Caminopetros repitieron después el experimento y comprobaron la transmisión transovárica. No crece en los medios habituales de un laboratorio de microbiología y requiere cultivo celular o huevo embrionado. Se tiñe mal con el método de Gram pese a su estructura de pared gramnegativa, y se recurre a tinciones especiales como la de Giemsa, con la que aparece de color rojo. Su tamaño ronda las dos décimas por seis décimas de micra. Como el resto de las rickettsias del grupo de las fiebres manchadas, se desplaza dentro de la célula impulsada por una cola de actina, lo que le permite pasar a las células vecinas sin salir al espacio extracelular. La identificación de especie y subespecie se apoya en inmunofluorescencia y en técnicas moleculares, porque las reacciones cruzadas dentro del género son frecuentes. Del apellido de A. Conor, que describió la enfermedad en Túnez en 1910 junto con A. Bruch. Brumpt lo eligió en 1932 al nombrar la bacteria, veintidós años después de aquella descripción clínica. Variantes genéticamente muy próximas entre sí pero con perfiles serológicos y epidemiológicos distintos, que antes se consideraban rickettsias separadas. La propuesta de 2005 las agrupó como subespecies conorii, indica, caspia e israelensis, y una revisión genómica posterior añadió dos más. No, aunque sí es la más relevante. En garrapatas y en pacientes de la península se han identificado otras especies del grupo de las fiebres manchadas, y los cuadros que producen resultan difíciles de distinguir del clásico, hasta el punto de que la bibliografía española los agrupa como fiebres exantemáticas de perfil similar. Porque su vector no es una garrapata de campo abierto sino la del perro, capaz de completar el ciclo dentro de las viviendas. Eso mantiene un goteo de casos fuera de la estación cálida, aunque el máximo siga correspondiendo a la primavera y el verano.Qué es Rickettsia conorii
Cuatro enfermedades bajo una misma especie
Dónde vive y cómo se transmite
Cómo se identifica en el laboratorio
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre conorii?
¿Qué son las subespecies de Rickettsia conorii?
¿Es la única rickettsia presente en España?
¿Por qué la enfermedad aparece también en invierno?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026