DICCIONARIO MÉDICO
Fagocito
El término procede del griego phagein ("comer") y kytos ("célula"), y refleja con precisión la función principal de estas células: actuar como auténticos "comedores" celulares que mantienen la limpieza y la defensa del organismo. Los fagocitos están presentes en prácticamente todos los tejidos del cuerpo y representan la primera línea de defensa frente a las infecciones, formando parte de lo que se conoce como inmunidad innata. Un fagocito es un tipo de célula del sistema inmunitario que tiene la capacidad de realizar la fagocitosis, un proceso mediante el cual la célula engloba en su interior partículas sólidas como bacterias, virus, hongos, parásitos, células muertas o restos celulares para posteriormente digerirlas y eliminarlas. Esta función es esencial tanto para la defensa frente a infecciones como para el mantenimiento del equilibrio tisular y la eliminación de células envejecidas o dañadas. Los fagocitos derivan en su mayoría de células madre de la médula ósea, donde se forman como parte del proceso de hematopoyesis. Desde allí, pasan al torrente sanguíneo y migran a los distintos tejidos donde desempeñan sus funciones. Algunos fagocitos circulan permanentemente por la sangre, mientras que otros residen de forma estable en órganos concretos como el hígado, el bazo, los pulmones, el cerebro o los huesos, donde reciben nombres específicos. El descubrimiento de los fagocitos se atribuye al biólogo ruso Iliá Méchnikov, quien en 1882 observó que ciertas células de las larvas de estrella de mar eran capaces de englobar partículas extrañas. Este hallazgo le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908 y sentó las bases de la inmunología moderna. Desde entonces, el estudio de los fagocitos ha permitido comprender numerosas enfermedades infecciosas, inflamatorias, autoinmunitarias y tumorales. El sistema inmunitario cuenta con diferentes tipos de fagocitos, cada uno con características y funciones específicas. Tradicionalmente se clasifican en dos grandes grupos: los fagocitos profesionales, que tienen como función principal la fagocitosis, y los fagocitos no profesionales, que son células de otros tejidos capaces de realizar fagocitosis de forma ocasional. Los neutrófilos son los fagocitos más abundantes de la sangre y representan entre el 50 y el 70% de los glóbulos blancos circulantes. Pertenecen al grupo de los granulocitos polimorfonucleares y se caracterizan por su núcleo lobulado y por la presencia de gránulos en su citoplasma. Son las primeras células que acuden al lugar de una infección, atraídas por señales químicas conocidas como quimiocinas. Su capacidad antimicrobiana es muy potente, ya que combinan la fagocitosis con la liberación de sustancias tóxicas almacenadas en sus gránulos. Los neutrófilos tienen una vida media corta, de apenas unas horas en la sangre y unos pocos días en los tejidos. Tras realizar su función, generalmente mueren, y los neutrófilos muertos forman gran parte del pus que se observa en las infecciones. Una disminución importante de neutrófilos en sangre, conocida como neutropenia, aumenta significativamente el riesgo de infecciones graves. Los monocitos son fagocitos circulantes en la sangre que representan entre el 2 y el 10% de los glóbulos blancos. Tienen un núcleo grande con forma de riñón y un citoplasma abundante. Cuando detectan señales de infección o inflamación en algún tejido, abandonan el torrente sanguíneo y se diferencian en macrófagos o en células dendríticas, según las señales que reciban del entorno. Los macrófagos son fagocitos de gran tamaño que residen de forma permanente en los tejidos. Derivan principalmente de los monocitos, aunque algunos proceden directamente de células embrionarias. Cumplen funciones esenciales en la defensa frente a microorganismos, en la eliminación de células muertas y de restos celulares, en la cicatrización de heridas y en la regulación de la respuesta inflamatoria. Los macrófagos reciben nombres distintos según el tejido en el que se encuentran: Además de su función fagocítica, los macrófagos son células presentadoras de antígenos, es decir, muestran fragmentos de los microorganismos que han englobado a otras células del sistema inmunitario, como los linfocitos T, para activar la respuesta inmunitaria adaptativa. De este modo, los macrófagos actúan como puente entre la inmunidad innata y la adquirida. Las células dendríticas son fagocitos que reciben su nombre por las prolongaciones citoplasmáticas que recuerdan a las dendritas de las neuronas. Su función principal no es tanto destruir microorganismos como capturarlos, procesarlos y presentarlos a los linfocitos T en los órganos linfoides para activar la respuesta inmunitaria adaptativa. Por ello, se consideran las principales células presentadoras de antígenos profesionales del organismo. Los mastocitos, también llamados células cebadas, son fagocitos que se encuentran en los tejidos conjuntivos y en las mucosas. Aunque su capacidad fagocítica es menor que la de neutrófilos o macrófagos, participan en la respuesta inmunitaria liberando sustancias como la histamina, que desencadenan respuestas inflamatorias y alérgicas. Los eosinófilos son granulocitos especializados en la defensa frente a parásitos y en las reacciones alérgicas. Aunque pueden realizar fagocitosis, su función principal consiste en liberar el contenido de sus gránulos para destruir parásitos demasiado grandes para ser fagocitados. Los fagocitos desempeñan una variedad de funciones que van mucho más allá de la simple "limpieza" del organismo. Entre las más relevantes se encuentran: El proceso por el cual un fagocito captura y destruye una partícula sigue una serie de pasos coordinados. En primer lugar, el fagocito debe reconocer al elemento que va a englobar. Para ello, dispone de receptores en su superficie capaces de identificar moléculas características de los microorganismos (los llamados patrones moleculares asociados a patógenos) o señales presentes en células dañadas o muertas. Cuando el reconocimiento se produce, el fagocito emite prolongaciones de su membrana, denominadas pseudópodos, que rodean progresivamente al objeto. Una vez completamente envuelto, este queda atrapado en el interior de la célula dentro de una vesícula llamada fagosoma. A continuación, el fagosoma se fusiona con un lisosoma, un orgánulo cargado de enzimas digestivas, formando el fagolisosoma, donde se produce la destrucción del material englobado. Los fagocitos disponen de varios mecanismos para destruir lo que han englobado: El correcto funcionamiento de los fagocitos es esencial para la salud, y diversas alteraciones pueden afectar tanto a su número como a su capacidad para realizar la fagocitosis. Entre los trastornos más relevantes destacan: La neutropenia es la disminución del número de neutrófilos en sangre por debajo de los valores normales. Puede deberse a infecciones víricas, tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia, enfermedades autoinmunitarias, deficiencias nutricionales o trastornos hematológicos. Los pacientes con neutropenia importante presentan un riesgo elevado de infecciones graves, por lo que requieren vigilancia médica estrecha. La enfermedad granulomatosa crónica es un trastorno hereditario poco frecuente en el que los fagocitos son incapaces de producir las especies reactivas de oxígeno necesarias para destruir los microorganismos englobados. Como consecuencia, los pacientes sufren infecciones bacterianas y fúngicas recurrentes desde la infancia. Esta enfermedad rara afecta la capacidad de los neutrófilos para adherirse al endotelio vascular y migrar hacia los tejidos infectados, lo que predispone a infecciones graves y dificulta la cicatrización de heridas. En algunas enfermedades autoinmunitarias, los fagocitos pueden atacar erróneamente células sanas del propio organismo o no eliminar adecuadamente las células apoptóticas, lo que contribuye al desarrollo de procesos inflamatorios crónicos. Los fagocitos, especialmente los macrófagos asociados a tumores, tienen un papel ambivalente en el cáncer. Por una parte, pueden contribuir a destruir células tumorales; por otra, en determinadas circunstancias, pueden favorecer el crecimiento del tumor y su evasión de la respuesta inmunitaria. Esta complejidad ha abierto nuevas vías de investigación en el desarrollo de inmunoterapias contra el cáncer. El estudio de los fagocitos tiene una enorme importancia clínica. Su evaluación forma parte habitual de los análisis de sangre, mediante el recuento de leucocitos y la fórmula leucocitaria, que permite detectar alteraciones en el número de neutrófilos, monocitos o eosinófilos. Estas alteraciones pueden orientar al médico sobre la presencia de infecciones, inflamaciones, alergias o enfermedades hematológicas. Además, en la investigación biomédica actual, los fagocitos ocupan un lugar destacado en el desarrollo de nuevas terapias. Las estrategias de inmunoterapia oncológica, por ejemplo, buscan reactivar la capacidad de los macrófagos para reconocer y destruir células tumorales que habían logrado evadir el sistema inmunitario. Asimismo, el estudio de los mecanismos de la fagocitosis ha permitido avances en el tratamiento de enfermedades inflamatorias, autoinmunitarias y degenerativas. La investigación sobre los fagocitos continúa siendo un campo extraordinariamente activo dentro de la inmunología. En las últimas décadas se ha avanzado notablemente en la comprensión de los mecanismos moleculares que regulan su activación, su migración hacia los tejidos y su capacidad para destruir patógenos. Los estudios actuales exploran cómo los fagocitos se polarizan hacia distintos perfiles funcionales en respuesta a las señales del entorno, lo que puede determinar si su acción favorece la resolución de una inflamación o, por el contrario, contribuye a perpetuarla. En el ámbito oncológico, una de las líneas de investigación más prometedoras se centra en los macrófagos asociados a tumores, células que el propio tumor "reeduca" para que dejen de combatirlo y pasen a favorecer su crecimiento. Las nuevas terapias intentan revertir este proceso para devolver a los macrófagos su capacidad antitumoral. Asimismo, se están desarrollando anticuerpos dirigidos contra señales como el CD47, que las células tumorales utilizan para evitar ser fagocitadas. Los resultados de estos estudios son prometedores, aunque su eficacia varía en función de cada paciente y del tipo de tumor. Otra área de investigación destacada es el papel de los fagocitos en las enfermedades neurodegenerativas. La microglía, los macrófagos del sistema nervioso central, parece desempeñar un papel relevante en patologías como la enfermedad de Alzheimer, donde su capacidad para eliminar los agregados de proteína beta-amiloide se encuentra alterada. Comprender mejor estos mecanismos podría abrir nuevas vías terapéuticas en el futuro. Aunque los fagocitos no son un elemento que el paciente pueda evaluar por sí mismo, existen situaciones que pueden indicar alteraciones en su funcionamiento y que merecen consulta médica: El médico determinará en cada caso la necesidad de realizar pruebas específicas para evaluar la función fagocítica y, si procede, derivar al especialista en inmunología o hematología. Aunque ambos son glóbulos blancos y forman parte del sistema inmunitario, fagocitos y linfocitos cumplen funciones muy distintas. Los fagocitos pertenecen a la inmunidad innata, actúan de forma rápida y poco específica englobando y destruyendo cualquier elemento extraño que detecten. Los linfocitos (linfocitos B, T y células NK) forman parte mayoritariamente de la inmunidad adaptativa y desarrollan una respuesta más específica y dirigida, capaz de reconocer antígenos concretos y generar memoria inmunitaria. Ambos sistemas se complementan estrechamente: los fagocitos no solo destruyen patógenos, sino que también activan a los linfocitos al presentarles fragmentos de los microorganismos capturados. Los fagocitos, en particular los macrófagos y las células dendríticas, participan en la vigilancia frente a células anómalas, incluidas las tumorales. En condiciones normales, son capaces de identificar y eliminar células cancerosas en sus fases iniciales. Sin embargo, las células tumorales han desarrollado mecanismos para evadir esta vigilancia, como expresar señales que inhiben la fagocitosis. Por este motivo, las nuevas estrategias de inmunoterapia tratan de bloquear estas señales para que los fagocitos recuperen su capacidad de eliminar células tumorales. Los resultados varían en función de cada paciente y del tipo de tumor. Cuando los fagocitos no realizan adecuadamente su función, ya sea por su número reducido o por defectos en sus mecanismos de destrucción, las personas afectadas presentan una mayor susceptibilidad a las infecciones. Estas pueden ser frecuentes, prolongadas, causadas por microorganismos que normalmente no provocan enfermedad o difíciles de tratar. Algunos ejemplos son la enfermedad granulomatosa crónica o la deficiencia de adhesión leucocitaria. El especialista valorará en cada caso las pruebas inmunológicas necesarias para identificar el problema concreto y orientar el tratamiento, que puede incluir antibióticos profilácticos, inmunoglobulinas o, en casos seleccionados, trasplante de médula ósea. Los fagocitos forman parte principalmente del sistema inmunitario innato, también llamado inespecífico o natural. Esto significa que actúan rápidamente, sin necesidad de un contacto previo con el agente extraño, y que no generan memoria inmunitaria. No obstante, los fagocitos también desempeñan un papel esencial como puente con el sistema inmunitario adaptativo, ya que algunos de ellos (especialmente las células dendríticas y los macrófagos) presentan los antígenos de los microorganismos a los linfocitos T, activando así la respuesta inmunitaria específica. Mantener un sistema inmunitario funcional, incluida la actividad de los fagocitos, depende sobre todo de hábitos de vida saludables: una alimentación equilibrada y rica en nutrientes esenciales (vitaminas A, C, D, E, zinc, hierro), descanso adecuado, ejercicio físico moderado regular, control del estrés, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, y mantener al día las vacunaciones recomendadas. No existen "potenciadores inmunitarios" milagrosos, y el especialista determinará en cada caso si son necesarias intervenciones específicas en personas con problemas inmunitarios concretos. El pus que se forma en muchas infecciones está compuesto principalmente por neutrófilos muertos junto con bacterias destruidas, restos celulares y suero. Cuando los neutrófilos acuden a un foco de infección y realizan su función fagocítica, muchos de ellos mueren tras destruir a los microorganismos. La acumulación de estos neutrófilos muertos da lugar al material amarillento o blanquecino característico del pus. Por tanto, la presencia de pus refleja una respuesta activa del sistema inmunitario, aunque también puede indicar que la infección requiere atención médica. © Clínica Universidad de Navarra 2026
Los fagocitos constituyen una de las piezas fundamentales del sistema inmunitario humano. Son células especializadas en capturar, englobar y destruir microorganismos invasores, células dañadas, células muertas y cualquier partícula extraña que pueda suponer una amenaza para el organismo. Su descubrimiento, a finales del siglo XIX, marcó un antes y un después en la comprensión de cómo el cuerpo humano se defiende frente a las infecciones y mantiene su equilibrio interno.Qué es un fagocito
Tipos de fagocitos
Neutrófilos
Monocitos
Macrófagos
Células dendríticas
Mastocitos
Eosinófilos
Funciones de los fagocitos en el organismo
Cómo actúan los fagocitos
Trastornos relacionados con los fagocitos
Neutropenia
Enfermedad granulomatosa crónica
Deficiencia de adhesión leucocitaria
Trastornos autoinmunitarios
Implicaciones en el cáncer
Importancia clínica de los fagocitos
Investigación actual sobre fagocitos
Cuándo consultar al médico
Preguntas frecuentes
Qué diferencia hay entre un fagocito y un linfocito
Pueden los fagocitos destruir células cancerosas
Qué ocurre cuando los fagocitos no funcionan correctamente
Los fagocitos forman parte del sistema inmunitario innato o adquirido
Cómo se puede potenciar la actividad de los fagocitos
Qué relación tienen los fagocitos con el pus
Referencias
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