DICCIONARIO MÉDICO
Espinorreticular
El tracto espinorreticular es una vía sensitiva ascendente que conecta la médula espinal con la formación reticular del tronco encefálico. Forma parte del sistema anterolateral y participa en los componentes afectivo-emocionales y de activación del estado de alerta asociados al dolor. El término espinorreticular procede del latín spina (columna vertebral) y reticulum (red pequeña), en alusión a la formación reticular, esa trama difusa de neuronas que ocupa el centro del tronco encefálico desde el bulbo raquídeo hasta el mesencéfalo. La denominación aparece en la literatura neuroanatómica clásica del siglo XX, cuando se empezaron a trazar con precisión las proyecciones del sistema anterolateral más allá del tracto espinotalámico propiamente dicho. Mientras que el tracto espinotalámico transmite la localización precisa del dolor y la temperatura (el dónde y el qué), el espinorreticular media otro aspecto bien distinto: la activación generalizada del organismo ante un estímulo nociceptivo. Ese despertar de la alerta, ese malestar difuso que acompaña al dolor y que lo convierte en una experiencia desagradable y urgente, depende en buena medida de esta vía. Las neuronas de origen se sitúan principalmente en las láminas V, VII y VIII del asta dorsal de la médula espinal. A diferencia de lo que ocurre en el tracto espinotalámico lateral, muchas de las fibras espinorreticulares ascienden sin cruzar, es decir, de forma ipsilateral, aunque existe también un componente contralateral. Esa bilateralidad es precisamente lo que dificulta el control del dolor crónico mediante lesiones quirúrgicas unilaterales como la cordotomía. Las fibras que componen este tracto son delgadas, en su mayoría amielínicas (tipo C), con velocidades de conducción lentas. Ascienden por el cuadrante anterolateral de la médula y van haciendo sinapsis en múltiples núcleos de la formación reticular a lo largo del bulbo y la protuberancia, sobre todo en el subnúcleo reticular dorsal del bulbo caudal. No mantienen una distribución somatotópica clara (el tracto espinotalámico sí presenta un mapa corporal ordenado; aquí, en cambio, esa organización no existe), y responden tanto a estímulos nociceptivos como a estímulos no nociceptivos, lo que les confiere un carácter marcadamente inespecífico. Desde la formación reticular, las proyecciones continúan hacia el tálamo medial (núcleos intralaminares), el hipotálamo y estructuras del sistema límbico. Esa ruta espinorreticulotalámica es la que algunos autores denominan vía paleoespinotalámica, un circuito filogenéticamente antiguo que comparten muchos vertebrados y que media las respuestas viscerales, emocionales y autonómicas frente al dolor: el aumento de la frecuencia cardíaca, la sudoración, la sensación subjetiva de angustia. La formación reticular no es solo una estación de relevo. Es también un centro integrador que modula la señal nociceptiva antes de reenviarla. El locus cerúleo, una estructura noradrenérgica situada en la parte dorsal de la protuberancia, recibe parte de estas aferencias y envía proyecciones descendentes de vuelta a la médula, donde puede inhibir la entrada de nuevas señales dolorosas a nivel del asta dorsal. Ese circuito de retroalimentación descendente se ha relacionado con los mecanismos de modulación endógena del dolor crónico. El tracto espinorreticular contribuye además al sistema activador reticular ascendente (SARA), el mecanismo que mantiene el estado de vigilia. Cuando un estímulo doloroso intenso despierta a una persona dormida, la activación no se produce solo por la llegada de la señal a la corteza somatosensorial: es la descarga que recibe la formación reticular, a través de esta vía, la que eleva de golpe el nivel de conciencia. De spina (latín, columna vertebral) y reticulum (latín, red pequeña). La formación reticular recibió ese nombre porque al microscopio aparecía como una red difusa de neuronas dispersas entre las fibras del tronco encefálico, sin formar núcleos bien delimitados. El espinotalámico lleva la información dolorosa directamente al tálamo y de ahí a la corteza, proporcionando una localización precisa del estímulo. El espinorreticular, en cambio, proyecta a la formación reticular y media la vertiente emocional, autonómica y de alerta del dolor. Los dos actúan en paralelo: uno informa sobre la ubicación y la intensidad; el otro desencadena la reacción del organismo. Resulta muy difícil, precisamente porque las fibras espinorreticulares son bilaterales, difusas y hacen múltiples sinapsis a lo largo del tronco encefálico. La cordotomía anterolateral puede seccionar parte de ellas, pero el componente ipsilateral y la redundancia de conexiones reticulares limitan la eficacia a largo plazo. Si desea profundizar en conceptos vinculados al tracto espinorreticular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el tracto espinorreticular
Trayecto y conexiones
Papel en la modulación del dolor y el estado de conciencia
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el nombre «espinorreticular»?
¿En qué se diferencia del tracto espinotalámico?
¿Se puede interrumpir quirúrgicamente esta vía para controlar el dolor?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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