DICCIONARIO MÉDICO
Nocicepción
La nocicepción es el proceso neural por el que el sistema nervioso detecta y codifica un estímulo con capacidad de dañar los tejidos, antes incluso de que ese estímulo se traduzca en la experiencia consciente que llamamos dolor. El término, propuesto a comienzos del siglo XX, separa con precisión dos fenómenos que el lenguaje corriente tiende a fundir en uno solo: la actividad nerviosa objetiva y la vivencia subjetiva que puede derivarse de ella. El fisiólogo británico Charles Scott Sherrington introdujo el término en 1906, en su obra The Integrative Action of the Nervous System, para distinguir la actividad eléctrica que generan las terminaciones nerviosas ante una agresión tisular de la percepción de dolor que puede o no acompañarla. La palabra se construye sobre dos raíces latinas: nocere (dañar, perjudicar) y capere (coger, recibir), combinadas según el mismo patrón que dio percepción o recepción. Nocicepción es, en sentido literal, la captación del daño. Conviene anotar aquí una discrepancia que rara vez se explica. El Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española recoge nocicepción como término de la psicología y la define como "percepción consciente del dolor", una acepción que invierte el sentido original de Sherrington. En neurofisiología, el uso vigente (el que fija la International Association for the Study of Pain, la sociedad científica de referencia en el estudio del dolor) reserva la palabra para el proceso neural que precede a la conciencia, y no para la vivencia que eventualmente provoca. Pueden darse por separado. Un reflejo de retirada ante el calor intenso implica actividad nociceptiva completa (detección, transmisión, respuesta motora) sin que medie ningún relato consciente de sufrimiento, algo que ocurre de forma constante bajo anestesia general o en organismos sin corteza cerebral desarrollada. En sentido inverso, hay cuadros de dolor persistente en los que la exploración no encuentra activación nociceptiva evidente en el momento del examen: la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor agrupa esos casos bajo el descriptor "nociplástico" precisamente para señalar esa disociación. La propia definición internacional de dolor, revisada en 2020, lo deja por escrito entre sus notas oficiales: la experiencia dolorosa no puede inferirse solo a partir de la actividad registrada en las neuronas sensoriales. Es una precisión con consecuencias prácticas para la investigación básica, donde los modelos animales miden nocicepción (reflejos, cambios autonómicos, conducta de evitación) sin poder acceder nunca al correlato subjetivo que en humanos sí puede describirse con palabras. La fisiología clásica describe el trayecto en varias etapas sucesivas. La transducción ocurre en el propio nociceptor: el estímulo mecánico, térmico o químico se convierte en una corriente eléctrica cuando supera el umbral del receptor. Sigue la transmisión, en la que esa señal viaja por fibras aferentes (A-delta, con una capa fina de mielina, o C, amielínicas y más lentas) hasta el asta dorsal de la médula espinal y, desde ahí, asciende por el haz espinotalámico hacia el tálamo y la corteza somatosensorial. Entre el estímulo y su llegada al encéfalo existe un tercer momento, la modulación, donde la señal puede amplificarse o atenuarse antes de completar el trayecto. La teoría de la puerta de entrada, formulada por Melzack y Wall en 1965, describió por primera vez cómo la activación simultánea de fibras táctiles gruesas puede inhibir en la médula la transmisión de la señal nociceptiva; el mecanismo se sigue empleando hoy para explicar buena parte de la modulación fisiológica del sistema. Solo entonces, si el proceso llega a la corteza y se integra con factores cognitivos y emocionales, se completa una cuarta fase que algunos manuales de fisiología incluyen dentro de la nocicepción y que la terminología vigente, más estricta, adscribe ya al dolor propiamente dicho: la percepción. Por el tejido de origen, la actividad nociceptiva se agrupa en tres categorías. La somática superficial nace en la piel y las mucosas, ricas en terminaciones libres y con buena capacidad de localización. La somática profunda procede de músculos, tendones, articulaciones y periostio, tejidos peor representados en la corteza y por eso más difusos en su localización. La visceral, por último, se origina en órganos internos con una inervación nociceptiva mucho más escasa que la cutánea; buena parte de las vísceras carece de receptores específicos para el corte o la quemadura, y responde en cambio a la distensión o la isquemia. Esta agrupación por origen tisular no debe confundirse con la que clasifica los propios receptores según el estímulo que los activa. Esa segunda clasificación, mecánica, térmica, química o polimodal, corresponde al nociceptor como estructura, no al proceso de nocicepción en su conjunto. Del latín nocere (dañar) y capere (captar), combinados según el modelo de percepción. La acuñó Charles Scott Sherrington en 1906 para su tratado sobre la acción integradora del sistema nervioso, y el término pasó después a las demás lenguas europeas prácticamente sin modificación. No. La nocicepción es el proceso neural de detección; el dolor es la experiencia consciente que puede seguir a ese proceso, o no seguirlo. Sí, y es más frecuente de lo que parece. Durante el sueño profundo, bajo anestesia general o en pacientes con alteraciones graves de la conciencia, el sistema nervioso periférico sigue generando actividad nociceptiva completa (activación de nociceptores, transmisión medular, incluso reflejos motores) sin que exista ningún correlato subjetivo accesible. Es la base fisiológica que permite, por ejemplo, medir respuestas de estrés en recién nacidos o en animales de laboratorio sin recurrir al lenguaje. La detección de estímulos nocivos mediante receptores especializados está documentada en un rango amplísimo de especies, desde moluscos e insectos hasta la práctica totalidad de los vertebrados. En crustáceos y cefalópodos, grupos con sistemas nerviosos relativamente sencillos, la evidencia de nociceptores funcionales se ha acumulado sobre todo en las últimas dos décadas y ha cambiado no poco la forma en que se diseñan los protocolos de investigación con estos animales. Lo que varía enormemente entre grupos es la complejidad del sistema nervioso central capaz de procesar esa información y, con ella, la posibilidad de que exista algo parecido a una experiencia subjetiva. Un pez puede retirar la aleta de un estímulo nocivo en milisegundos mediante un arco reflejo medular, sin que eso implique necesariamente que sienta dolor en el sentido en que lo entendemos en humanos. Precisamente por esa incertidumbre, la investigación en bienestar animal distingue con cuidado entre nocicepción demostrable, fácil de registrar con electrofisiología, y dolor propiamente dicho, mucho más difícil de establecer fuera de la especie humana.Qué es la nocicepción
Nocicepción y dolor: dos fenómenos distintos
Fases del proceso nociceptivo
Clasificación según el origen del estímulo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene exactamente la palabra nocicepción?
¿Es lo mismo nocicepción que dolor?
¿Puede haber nocicepción sin que la persona sienta dolor?
¿Todos los animales tienen capacidad de nocicepción?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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