DICCIONARIO MÉDICO
Endorfina
Las endorfinas son péptidos opioides producidos por el propio organismo, principalmente en la hipófisis y el hipotálamo. Actúan como neurotransmisores inhibidores que atenúan la señal de dolor y generan sensaciones de bienestar, lo que les ha valido el sobrenombre popular de "hormonas de la felicidad". La palabra endorfina es un neologismo acuñado en los años setenta del siglo XX a partir de endógeno (del griego ἔνδον, éndon, 'dentro', y γένος, génos, 'origen') y morfina. Literalmente significa "morfina interna", en alusión a que el cuerpo fabrica sus propios compuestos con efecto analgésico comparable al de los opiáceos. Se trata de polipéptidos de entre 16 y 31 aminoácidos que se unen a los mismos receptores celulares que la morfina exógena (los receptores opioides μ, δ y κ), pero que se sintetizan y liberan de forma fisiológica dentro del sistema nervioso central y en la circulación periférica. El hallazgo de estas moléculas vino precedido por un descubrimiento que cambió la neurociencia: en 1973, Candace Pert y Solomon Snyder demostraron la existencia de receptores específicos para opiáceos en el cerebro de mamíferos. La pregunta inmediata fue obvia. Si existían receptores, el organismo debía fabricar algún ligando natural para ellos. Dos años más tarde, en 1975, dos grupos independientes lo confirmaron casi al mismo tiempo: John Hughes y Hans Kosterlitz aislaron las encefalinas en Aberdeen, y Choh Hao Li identificó la β-endorfina en San Francisco. Todas las endorfinas derivan de un precursor proteico de 241 aminoácidos llamado proopiomelanocortina (POMC). Las células corticotropas de la adenohipófisis son su principal fábrica, aunque también se sintetiza en neuronas del núcleo arqueado del hipotálamo y en ciertos tejidos periféricos. Mediante cortes enzimáticos sucesivos, la POMC genera varios péptidos con funciones distintas: la hormona adrenocorticotropa (ACTH), las melanotropinas (α-MSH, β-MSH, γ-MSH), la β-lipotropina y, a partir de esta última, la β-endorfina. Se conocen tres formas de endorfina (α, β y γ), aunque la β-endorfina, con 31 aminoácidos, es la que posee mayor afinidad por los receptores opioides μ y la más estudiada en contextos de modulación del dolor. La α-endorfina (16 aminoácidos) y la γ-endorfina (17 aminoácidos) resultan de la escisión proteolítica de la cadena β y tienen menor potencia analgésica. Un dato que a veces pasa inadvertido: el gen de la POMC codifica también para la met-encefalina, otro péptido opioide que comparte con la β-endorfina los cinco primeros aminoácidos de la secuencia. Al liberarse en la hendidura sináptica, la β-endorfina se une preferentemente al receptor μ, un receptor acoplado a proteína G con siete dominios transmembrana. La activación de este receptor reduce la entrada de calcio en la terminal presináptica e inhibe la liberación de neurotransmisores excitadores, lo que amortigua la transmisión de la señal nociceptiva. Los nociceptores periféricos emiten la señal de daño tisular, pero el circuito descendente modulador (desde la sustancia gris periacueductal hasta las astas dorsales de la médula espinal) puede atenuarla cuando las concentraciones de endorfina son suficientes. Fuera del sistema nervioso central, la hipófisis libera β-endorfina al torrente sanguíneo, donde actúa como hormona. Las endorfinas circulantes no atraviesan la barrera hematoencefálica, de modo que su acción periférica y su acción central son independientes, si bien ambas comparten el efecto neto de reducir la percepción del dolor. El ejercicio físico intenso es probablemente el estímulo más conocido. La sensación de euforia que algunos corredores de fondo describen tras un esfuerzo prolongado se ha atribuido durante décadas a un pico de β-endorfina circulante, aunque estudios recientes con PET cerebral han matizado esta idea al señalar que el sistema endocannabinoide participa también de forma relevante. El dolor agudo activa la liberación de endorfinas como mecanismo protector. Tras una fractura, por ejemplo, la respuesta inicial de estrés incluye un pulso de β-endorfina que explica por qué el dolor máximo no se percibe en el momento del impacto, sino minutos u horas después, cuando la concentración desciende. Otros estímulos documentados incluyen la risa sostenida, la ingestión de alimentos placenteros (el chocolate contiene anandamida, un endocannabinoide, pero también estimula la liberación de endorfinas), el contacto social positivo y la acupuntura. Encefalinas. Son pentapéptidos (cinco aminoácidos) codificados por un gen distinto (proencefalina A). Actúan sobre receptores δ con preferencia, y su distribución en el sistema nervioso es más difusa que la de las endorfinas, que se concentran en la hipófisis y el hipotálamo. Dinorfinas. Proceden de la prodinorfina (proencefalina B) y se unen preferentemente al receptor κ. Se localizan sobre todo en el hipotálamo, el hipocampo y la médula espinal, y su papel va más allá de la analgesia: intervienen en la regulación del estado de ánimo, y su exceso se ha vinculado con estados disfóricos. Los tres sistemas (endorfinas, encefalinas, dinorfinas) operan en paralelo pero no son intercambiables. Cada familia tiene su precursor, su distribución anatómica y su perfil de afinidad por receptores. Es una contracción de endógeno y morfina, acuñada en la década de 1970. Traducida con literalidad: "la morfina que el cuerpo fabrica por sí mismo". No. La serotonina es una monoamina que regula el estado de ánimo, el sueño y la motilidad digestiva. La dopamina participa en los circuitos de recompensa y la coordinación motora. Las endorfinas son péptidos opioides con acción preferentemente analgésica. Las tres sustancias contribuyen al bienestar, pero por vías bioquímicas diferentes y con receptores distintos. Sí, la elevación de β-endorfina en plasma tras ejercicio aeróbico sostenido está bien documentada. Lo que se ha revisado es la explicación completa de la "euforia del corredor": hoy se sabe que también intervienen endocannabinoides como la anandamida, que sí cruzan la barrera hematoencefálica con facilidad. En condiciones fisiológicas normales, no. Las endorfinas se liberan en cantidades reguladas y se degradan con rapidez por enzimas como la encefalinasa. El riesgo de adicción aparece cuando se introducen opioides exógenos que activan los mismos receptores de forma masiva y sostenida, saturando los mecanismos de recaptación natural. Si desea profundizar en conceptos asociados a las endorfinas, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la endorfina
Biosíntesis a partir de la proopiomelanocortina
Mecanismo de acción sobre los receptores opioides
Contextos fisiológicos de liberación
Diferenciación con otros péptidos opioides endógenos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra endorfina?
¿Son las endorfinas lo mismo que la serotonina o la dopamina?
¿El ejercicio realmente libera endorfinas?
¿Pueden las endorfinas generar adicción?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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