DICCIONARIO MÉDICO
Efluvio telógeno
El efluvio telógeno es una caída difusa del cabello provocada por el paso prematuro y sincronizado de un número elevado de folículos pilosos a la fase de reposo del ciclo capilar. Se trata de una forma de alopecia no cicatricial, habitualmente reversible, que puede afectar a ambos sexos y a cualquier edad, si bien es más frecuente en mujeres de entre 30 y 50 años. El término procede del latín effluvium (de ex, fuera, y fluere, fluir), que designa algo que se desprende o emana. En dermatología se aplica a la pérdida excesiva de cabello; el adjetivo telógeno precisa que los cabellos que caen se encuentran en la fase final del ciclo folicular, llamada telógeno. Albert Kligman acuñó la expresión en 1961 para diferenciar esta forma de caída de otras alopecias de mecanismo distinto. En condiciones normales, alrededor del 85-90 % de los folículos del cuero cabelludo están en fase anágena (crecimiento activo) y solo un 10-15 % en fase telógena. Cuando un estímulo nocivo altera esta proporción y empuja a un porcentaje mucho mayor de folículos hacia el reposo, la caída se hace evidente entre dos y cuatro meses después del desencadenante. El pelo que se desprende conserva un bulbo en maza típico, blanquecino, lo que lo diferencia del cabello roto o fracturado. Cada folículo piloso sigue un ciclo repetitivo de tres fases: anágena, catágena y telógena. La anágena dura de dos a seis años en el cuero cabelludo, la catágena unas pocas semanas y la telógena entre dos y cuatro meses. Al final de la telógena el cabello se desprende y el folículo reinicia el ciclo. Este relevo escalonado explica que, en circunstancias normales, la caída diaria de 50 a 200 cabellos no produzca un adelgazamiento visible. Diversos mecanismos pueden romper ese escalonamiento. Kligman propuso que un estímulo nocivo actúa sobre folículos en anágena y los fuerza a entrar prematuramente en catágena; otros autores han descrito variantes como la liberación inmediata de telógeno o el acortamiento crónico de la fase anágena. El resultado común es que un porcentaje desproporcionado de cabellos (hasta el 30-50 % en formas intensas) abandona la fase de crecimiento y se acumula en la telógena. La latencia de dos a cuatro meses entre la causa y la caída perceptible se debe precisamente a la duración fisiológica de la catágena más la telógena, un dato que el paciente rara vez conecta por sí mismo. Efluvio telógeno agudo. Se manifiesta como una caída brusca y difusa, sin áreas calvas localizadas. El paciente refiere encontrar pelo abundante en la almohada, en el desagüe de la ducha o entre los dedos al peinarse. Suele resolverse de forma espontánea en un plazo de tres a seis meses una vez eliminado el factor desencadenante. El signo de Sabouraud (tracción suave de un mechón que arranca más de dos o tres cabellos) ayuda a objetivar la intensidad de la caída. Cuando la pérdida se prolonga más de seis meses se habla de efluvio telógeno crónico. Esta forma, descrita por Whiting en 1996, afecta sobre todo a mujeres de mediana edad. Se caracteriza por episodios fluctuantes de caída que se alternan con períodos de estabilidad. A veces la causa no llega a identificarse y la propia ansiedad generada por la pérdida de pelo retroalimenta el cuadro. Los factores capaces de provocar un efluvio telógeno son variados. El estrés físico intenso (cirugías, infecciones febriles, traumatismos graves) es uno de los más documentados. El posparto constituye una causa fisiológica clásica: durante el embarazo, la elevación de estrógenos mantiene a muchos folículos en anágena prolongada, y tras el parto se produce una sincronización masiva hacia la telógena, lo que desencadena una caída llamativa pero autolimitada que en la mayoría de los casos se resuelve en menos de un año. Los déficits nutricionales ocupan un lugar relevante: la ferropenia (incluso sin anemia franca), la deficiencia de zinc y los aportes proteicos insuficientes se asocian con frecuencia al cuadro. Las disfunciones tiroideas, tanto el hipo como el hipertiroidismo, también pueden desencadenarlo. Desde 2020, la infección por SARS-CoV-2 se ha añadido a la lista como desencadenante reconocido, con efluvios descritos dos o tres meses después de la fase aguda de la enfermedad. Alopecia androgénica. La diferencia principal reside en el patrón de distribución. La androgénica produce un adelgazamiento progresivo del cabello en zonas específicas (franja frontoparietal en varones, rarefacción difusa con preservación de la línea frontal en mujeres) y se asocia a miniaturización folicular, un hallazgo que el efluvio telógeno no presenta. La androgénica, además, no se resuelve espontáneamente. Alopecia areata. Se distingue por producir placas circunscritas de calvicie, de bordes nítidos, con mecanismo autoinmunitario demostrado. El efluvio telógeno, en cambio, es siempre difuso. El término defluvio se emplea a veces como sinónimo genérico de caída excesiva de pelo. En la práctica actual, efluvio telógeno ha desplazado a defluvio en la literatura especializada por aportar mayor precisión sobre la fase del ciclo afectada. Del latín effluvium, formado por el prefijo ex- (fuera) y el verbo fluere (fluir). Literalmente significa algo que emana o se desprende. El término pasó al vocabulario dermatológico con Kligman en 1961, cuando lo utilizó para nombrar esta forma concreta de caída capilar diferenciándola de otros tipos de alopecia. No exactamente. Alopecia es el término general para designar cualquier pérdida anormal de pelo, y el efluvio telógeno es una de sus formas. La distinción tiene importancia práctica porque el efluvio telógeno no destruye el folículo: cuando cesa la causa, el pelo vuelve a crecer. Otras alopecias (como las cicatriciales) dañan de forma permanente la estructura folicular. Depende de la causa. En la mayoría de los efluvios agudos, el recrecimiento comienza al cabo de tres a seis meses una vez resuelta la causa desencadenante. La recuperación total de la densidad previa puede requerir hasta un año. Un signo temprano de repoblación es la aparición de pelos cortos y finos a lo largo de la línea de implantación frontal. Sí. Cuando la caída persiste más de seis meses se clasifica como crónico. Esta forma fue descrita por Whiting en 1996 y es más frecuente en mujeres. En ocasiones la causa original ya se ha resuelto pero el propio estrés generado por la pérdida de cabello funciona como factor perpetuante. Si desea profundizar en conceptos asociados al efluvio telógeno, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el efluvio telógeno
Mecanismo folicular y latencia de la caída
Formas clínicas
Factores desencadenantes habituales
Diferenciación con otras formas de alopecia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra efluvio?
¿Es lo mismo efluvio telógeno que alopecia?
¿Cuánto tarda en recuperarse el cabello tras un efluvio telógeno?
¿El efluvio telógeno puede volverse crónico?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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