DICCIONARIO MÉDICO
Drenaje aspirativo
El drenaje aspirativo es el que emplea una fuente de vacío para evacuar de manera activa el contenido de una herida o cavidad. La fuerza motriz no es la gravedad sino una presión negativa mantenida en el recipiente colector, que arrastra el fluido a través de un tubo multiperforado. Se opone conceptualmente al drenaje por gravedad. Se trata de un sistema activo, en el que un tubo alojado dentro del organismo se conecta por su extremo externo a un reservorio en vacío. El gradiente de presión entre la cavidad y el recipiente hace circular el líquido de forma continua, sin depender de la posición del paciente. Todo drenaje aspirativo es por definición un drenaje cerrado: mantener el vacío exige un circuito estanco, porque cualquier entrada de aire desde el ambiente lo anularía de inmediato. El vacío puede generarse de tres maneras. En los sistemas manuales se comprime un fuelle o una pera flexible que, al recuperar su forma original, aspira; es un vacío decreciente que se restablece cada vez que se vacía el reservorio. Los frascos preevacuados de vidrio o plástico rígido, en cambio, mantienen una presión negativa fija hasta que se llenan. Los sistemas conectados a una toma de aspiración central del hospital ofrecen presión ajustable y continua, y se emplean cuando el débito o el escenario clínico lo aconsejan. El de Redon, descrito en la década de 1950, se compone de un catéter de calibre fino conectado a un frasco rígido preevacuado con válvula antirretorno. Es el estándar histórico en cirugía ortopédica, traumatológica y oncológica de mama. El de Jackson-Pratt utiliza un tubo plano estriado que sale a un reservorio en forma de pera (una bombilla de goma flexible) que se comprime manualmente cada vez que se vacía; su presión negativa es suave y sostenida, muy tolerada en el abdomen y en tejidos delicados. El de Hemovac, con reservorio en fuelle, admite mayor volumen y se emplea en intervenciones sangrantes o de gran extensión. Todos ellos comparten la misma lógica: tubo dentro, vacío fuera. Existen también sistemas más específicos. El de Saratoga, con doble luz para evacuar y ventilar simultáneamente, se reserva para grandes heridas o para colecciones muy productivas. Y en el manejo de heridas complejas se ha extendido la terapia de presión negativa tópica, en la que el vacío se aplica sobre una esponja colocada dentro del defecto: una variante particular del principio aspirativo aplicada a la piel y al tejido subcutáneo. El drenaje aspirativo se elige cuando el débito previsible es moderado, el líquido es fluido y el objetivo incluye mantener los tejidos aposicionados para reducir el espacio muerto. Cirugías de mama, tiroides, columna, prótesis articulares, cirugía plástica y numerosas intervenciones abdominales son escenarios típicos. La cuantificación exacta del débito ayuda a decidir el momento de la retirada y a detectar precozmente una hemorragia anómala. La aspiración tiene contrapartidas. La presión negativa puede colapsar tejidos blandos sobre las perforaciones del tubo y bloquear el flujo. Coágulos o material fibrinoso obstruyen con facilidad los calibres finos. Y en anastomosis intestinales o zonas con paredes delicadas, la succión mantenida sobre la sutura puede favorecer la aparición de fístulas, motivo por el que muchos cirujanos prefieren en esas localizaciones sistemas pasivos. El eje es la fuerza que mueve el fluido. El aspirativo emplea una presión negativa mantenida en el recipiente y arrastra el líquido de forma activa, con independencia de la posición del paciente. El gravitatorio depende de que el recipiente colector esté por debajo de la cavidad, y su rendimiento cambia con el decúbito. Uno es un sistema activo, el otro es pasivo; el primero requiere circuito hermético, el segundo no necesariamente. Depende. El equipo quirúrgico establece un umbral de débito diario (por debajo del cual se considera que la evacuación ha cumplido su función) y valora también el aspecto del líquido. Cuando el volumen desciende y el contenido pasa de serohemático a claro, se procede a la retirada. Mantenerlo más allá de lo necesario prolonga el ingreso y aumenta el riesgo de infección. Sí. La causa más frecuente es la pérdida de vacío por defecto de sellado en las conexiones o por saturación del reservorio. También puede obstruirse el tubo por un coágulo o por detritos. En ambos casos, el débito cae bruscamente aunque la cavidad siga produciendo líquido. Es una situación que requiere inspección del sistema y, en su caso, sustitución del reservorio o desobstrucción cuidadosa del tubo. La colocación se realiza durante la intervención, con el paciente anestesiado, y no genera dolor añadido en ese momento. Durante el posoperatorio, la presencia del tubo produce una molestia local variable, que suele ser más pronunciada al movilizarse y con la retirada. La succión en sí no se percibe como dolorosa cuando el sistema funciona correctamente. Otras entradas del diccionario que ayudan a situar el drenaje aspirativo:Qué es un drenaje aspirativo
Sistemas más difundidos
Indicaciones y precauciones
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre drenaje aspirativo y drenaje por gravedad?
¿Cómo se sabe cuándo retirarlo?
¿Puede fallar la aspiración?
¿Es doloroso?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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