DICCIONARIO MÉDICO
Drenaje abierto
Un drenaje abierto es un sistema de evacuación de líquidos de una herida o cavidad que no queda sellado del ambiente exterior. El fluido sale sobre un apósito o hacia una bolsa colectora no hermética, y el trayecto entre la cavidad y la piel permanece en comunicación con el aire de la sala. La categoría contrapone al drenaje cerrado, en el que el circuito queda estanco. Se trata de una modalidad de drenaje quirúrgico caracterizada por la ausencia de un recipiente hermético. El material que sale de la herida es absorbido por un apósito de gasa, cubierto con una compresa gruesa o recogido en una bolsa adhesiva similar a las de colostomía, según el volumen esperado. La denominación no describe un dispositivo concreto sino un principio de manejo: mantener el conducto de salida en contacto con el aire ambiente en vez de aislarlo. La eficacia de estos sistemas descansa en dos fenómenos físicos elementales: la capilaridad, que arrastra líquido por el intersticio de un material blando (una tira de gasa, un tubo de látex plegado), y la gravedad, que lo conduce por peso propio cuando existe un conducto declive. Ninguna fuerza externa impulsa el fluido; el drenaje abierto es, por definición, pasivo. La indicación clásica es la evacuación de heridas contaminadas o infectadas, donde el volumen es difícil de predecir y el líquido puede contener detritos que obstruirían un tubo de calibre fino. En el manejo quirúrgico de un absceso, tras el desbridamiento de una colección purulenta o en algunas cirugías del área anal y perineal, la comunicación con el exterior facilita la evacuación de material espeso y permite la limpieza directa de la cavidad en curas sucesivas. También se utiliza cuando el flujo esperado es bajo pero prolongado en el tiempo, o cuando la anatomía del lugar no permite aplicar aspiración sin colapsar los tejidos. En estos casos, un dispositivo tan sencillo como una tira de látex blando puede cumplir la función con menos molestias para el paciente que un sistema aspirativo. El ejemplo más difundido de esta familia es el drenaje de Penrose. Dentro de esta categoría conviven soluciones muy distintas entre sí. El drenaje de tejadillo, una lámina de silicona o caucho ondulada que se coloca dentro de la herida, aprovecha los surcos longitudinales como caminos capilares. La tira de gasa o mecha se emplea en cavidades pequeñas para mantenerlas abiertas y guiar la salida de secreciones. El propio Penrose, un tubo blando de látex que se aplasta cuando entra en contacto con los tejidos, funciona por el mismo principio. Algunos drenajes tubulares, como el tubo en T de Kehr en la vía biliar, se comportan como abiertos cuando su extremo distal conecta con una bolsa no sellada. El cuidado de estos sistemas exige apósitos absorbentes suficientes para captar todo el débito y protocolos estrictos de asepsia. La comunicación con el exterior facilita la salida del fluido pero también, en sentido contrario, la entrada potencial de microorganismos. De ahí que el drenaje abierto se prefiera cuando la contaminación local ya es un hecho o cuando la necesidad de vaciamiento amplio pesa más que el riesgo de infección nosocomial. La clave está en la hermeticidad. En el sistema abierto el líquido llega a una gasa, una compresa o una bolsa no sellada, y el conducto de salida queda en contacto con el aire ambiente. En el cerrado, el tubo desemboca en un recipiente estanco, habitualmente al vacío. Esta diferencia condiciona el riesgo de contaminación bacteriana ascendente, la capacidad para cuantificar con exactitud el débito y la comodidad del paciente. Sí. Al no estar sellado del ambiente, no es posible aplicar sobre él una presión negativa mantenida; en cuanto se generase el vacío, entraría aire por el conducto de salida y se perdería la succión. La fuerza que evacua el fluido es siempre la capilaridad, la gravedad o la combinación de ambas. Si el sistema requiere aspiración, deja de ser abierto por definición. Suele exigir cambios de apósito más frecuentes y puede empapar la ropa cuando el débito es alto. La cuantificación del líquido es menos precisa: se estima por el número de gasas empleadas o por el peso del apósito. Por otro lado, el dispositivo interno tiende a ser más blando y menos rígido que un tubo aspirativo, lo que en algunos escenarios resulta mejor tolerado. La elección responde más al problema clínico que a la comodidad. Sí, y de hecho es la práctica habitual cuando el débito es elevado. Se adhiere alrededor del orificio de salida una bolsa similar a las de ostomía, que recoge el fluido sin que llegue a saturar los apósitos y protege la piel perilesional del contacto continuo con el exudado. La bolsa no sella el circuito: solo lo canaliza. Otras definiciones del diccionario que enmarcan y contrastan el drenaje abierto:Qué es un drenaje abierto
Cuándo se elige un sistema abierto
Dispositivos más frecuentes
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre un drenaje abierto y uno cerrado?
¿Un drenaje abierto siempre es pasivo?
¿Es más molesto para el paciente que un sistema cerrado?
¿Se puede combinar con una bolsa colectora?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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