DICCIONARIO MÉDICO
Cuello del fémur
El cuello del fémur es el segmento óseo que une la cabeza femoral con la zona de los trocánteres. Forma con la diáfisis un ángulo de unos 125 a 130 grados (ángulo de inclinación), una geometría que permite que la extremidad oscile sin chocar con la pelvis durante la marcha. Su posición intracapsular y su irrigación terminal lo convierten en una zona de especial vulnerabilidad ante las fracturas. El fémur es el hueso más largo del esqueleto humano. Su extremo proximal, el que se articula con el acetábulo del hueso coxal para formar la articulación coxofemoral, consta de tres regiones diferenciadas: la cabeza (esférica, recubierta de cartílago articular), el cuello y la masa trocantérea, compuesta por el trocánter mayor (lateralmente) y el trocánter menor (medialmente). El cuello es la pieza que conecta las dos primeras con la tercera, y su orientación oblicua resulta decisiva para la biomecánica de la cadera. Desde el punto de vista léxico, fémur procede directamente del latín femur, femoris, que en la Roma clásica significaba «muslo». El término cuello recoge aquí la acepción anatómica de collum: la zona estrecha de transición entre una cabeza y un cuerpo de mayor volumen, una analogía con el cuello corporal que la anatomía aplica también a otros huesos. Visto en el plano frontal, el cuello femoral forma un ángulo con la diáfisis, pero su orientación tiene un segundo componente que a menudo pasa inadvertido. Proyectado sobre una vista superior, apunta ligeramente hacia delante en relación con el plano de los cóndilos femorales: es lo que se conoce como ángulo de anteversión, que oscila entre 10 y 15 grados en el adulto. La combinación de inclinación frontal y anteversión explica por qué la cabeza encaja en el acetábulo de una manera que maximiza tanto la congruencia articular como el rango de movimiento. Durante la infancia, el ángulo de inclinación es más abierto (cercano a 150 grados en el recién nacido). Va cerrándose con el crecimiento y la carga progresiva hasta estabilizarse en torno a los 125-130 grados. Cuando queda por encima de ese rango, se habla de coxa valga; por debajo, de coxa vara. No son necesariamente patológicos, pero influyen en el reparto de cargas sobre la articulación. Casi todo el cuello femoral queda envuelto por la cápsula articular de la cadera. Eso significa que las fracturas a este nivel son intracapsulares, y ahí reside el problema: la membrana sinovial que recubre el cuello por dentro de la cápsula no aporta periostio grueso ni una red vascular generosa. La irrigación depende en gran medida de las arterias circunflejas femorales medial y lateral, ramas de la arteria femoral profunda. La circunfleja medial, en particular, da origen a los vasos retinaculares que penetran por la cara posterior del cuello y constituyen el aporte principal a la cabeza femoral. Si una fractura desplaza los fragmentos óseos, esos vasos retinaculares pueden desgarrarse. La consecuencia es la interrupción del flujo sanguíneo hacia la cabeza, con riesgo de necrosis avascular. Esta particularidad vascular distingue al cuello del fémur de otras regiones del esqueleto y condiciona las decisiones terapéuticas ante una fractura a este nivel. Dentro del cuello, el hueso esponjoso se dispone en haces trabeculares que siguen las líneas de fuerza mecánica. Ward describió esta organización en 1838, y los estudios posteriores identificaron al menos cinco sistemas trabeculares en el fémur proximal: dos principales (uno de compresión y otro de tensión) y otros de menor entidad que refuerzan la zona trocantérea. La intersección de los haces principales delimita una zona triangular de menor densidad conocida como triángulo de Ward, visible en las radiografías convencionales. Con la pérdida de masa ósea asociada al envejecimiento, las trabéculas se adelgazan y pierden conectividad. La cortical del cuello se vuelve más porosa, sobre todo en la cara superolateral. El resultado neto es un debilitamiento progresivo que, combinado con el riesgo de caída, explica la elevada incidencia de fracturas de cuello femoral en la población mayor de 65 años. Sí. Ambas expresiones se refieren a la misma estructura: el segmento de hueso que conecta la cabeza del fémur con los trocánteres. «Cuello femoral» es la forma más frecuente en la literatura médica; «cuello del fémur» predomina en el lenguaje divulgativo. Tres factores confluyen. Primero, su geometría: es la porción más estrecha del fémur proximal y soporta todo el peso del cuerpo. Segundo, la irrigación terminal que hemos descrito, que limita la capacidad de reparación. Y tercero, la pérdida de densidad ósea con la edad, que reduce la resistencia mecánica del hueso esponjoso interno y del cortical circundante. Una caída lateral sobre la cadera aplica una carga que ese cuello debilitado puede no resistir. Es el ángulo que forma el eje longitudinal del cuello con el eje de la diáfisis del fémur, medido en el plano frontal. En el adulto se sitúa entre 125 y 130 grados. Valores superiores definen la coxa valga; valores inferiores, la coxa vara. Si desea profundizar en conceptos asociados al cuello del fémur, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el cuello del fémur
Angulación y orientación espacial
Irrigación y posición intracapsular
Arquitectura trabecular
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo cuello del fémur que cuello femoral?
¿Por qué el cuello del fémur se fractura con tanta frecuencia?
¿Qué es el ángulo de inclinación?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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