DICCIONARIO MÉDICO
Caninos
Los caninos son los cuatro dientes con cúspide cónica situados en la transición entre el segmento anterior y el posterior de cada arcada dental. Poseen la raíz más larga de toda la dentición y desempeñan un papel determinante en el desgarro de alimentos, la guía de los movimientos mandibulares laterales y el soporte del contorno facial. Los caninos, conocidos popularmente como colmillos, ocupan la tercera posición desde la línea media en cada cuadrante de la boca: dos en el maxilar superior y dos en la mandíbula. En la dentición permanente suman cuatro piezas; la dentición temporal también cuenta con cuatro, aunque de menor tamaño y con raíz proporcionalmente más corta. El nombre procede del latín caninus (perteneciente al perro, canis), en referencia a la similitud morfológica con los colmillos del género Canis. La analogía es antigua: Celso, en el siglo I d. C., ya empleaba dens caninus en su obra De Medicina. En la nomenclatura FDI corresponden a las posiciones 13, 23, 33 y 43 de la dentición permanente. La corona del canino presenta una cúspide única, puntiaguda, reforzada por dos crestas marginales que le dan aspecto de lanza vista desde vestibular. El esmalte que la recubre es grueso, en particular en la punta de la cúspide, lo cual le confiere una resistencia al desgaste superior a la de incisivos y premolares. Lo que realmente distingue al canino del resto de la dentición es su raíz. Es la más larga del maxilar superior y, en el inferior, compite en longitud con la del primer premolar. Esa raíz se ancla en un hueso alveolar denso y genera una prominencia ósea visible en el maxilar, la llamada eminencia canina, que da soporte al ala nasal y al surco nasolabial. El canino inferior, más estrecho y con menor prominencia vestibular, tiene una superficie lingual relativamente lisa. Tres papeles principales definen al canino dentro del sistema estomatognático. Su cúspide aguda está diseñada para perforar y desgarrar alimentos fibrosos, una función especialmente útil cuando los incisivos no logran seccionarlos con limpieza. Pero su contribución va más allá del simple corte. Durante los movimientos laterales de la mandíbula, el canino superior contacta con el inferior del lado de trabajo y produce lo que se denomina guía canina o desoclusión canina: los dientes posteriores se separan y dejan de recibir fuerzas horizontales que podrían dañarlos. Ese mecanismo protege premolares y molares de un desgaste excéntrico prematuro. Cuando falta o está malposicionado, la oclusión pierde estabilidad. El tercer papel es estructural. Gracias a la longitud de su raíz y a su posición en la esquina del arco, el canino actúa como pilar que transmite y reparte las fuerzas masticatorias entre el segmento anterior y el posterior. Su pérdida temprana altera la simetría del arco y compromete la función de todo el cuadrante. En la dentición temporal, los caninos brotan alrededor de los 16 a 20 meses de edad. Los permanentes lo hacen bastante más tarde: el canino inferior entre los 9 y los 10 años, y el superior entre los 11 y los 13, lo que convierte a este último en uno de los dientes permanentes de erupción más tardía del sector anterior. Esa erupción tardía explica un problema frecuente en ortodoncia: la retención o inclusión del canino superior. Si el espacio en la arcada se ha reducido por migración de los dientes vecinos, el canino queda atrapado en el hueso maxilar (retención intraósea) o bajo la encía (retención submucosa). Se estima que entre el 1 % y el 3 % de la población presenta al menos un canino superior retenido, con predominio en mujeres. La retención palatina es más habitual que la vestibular. Sin intervención, el canino retenido puede provocar reabsorción radicular de los incisivos adyacentes, quistes foliculares o desplazamiento de piezas vecinas. Por su parecido con los colmillos de los perros (canis en latín). La denominación aparece ya en textos médicos romanos del siglo I. Sí, en el uso coloquial ambos términos se refieren al mismo diente. En la terminología odontológica formal se prefiere canino o cúspide, reservando colmillo para el registro popular. Un canino retenido que no erupciona puede dañar las raíces de los dientes vecinos, generar quistes o desplazar otras piezas. El abordaje depende de la posición y la angulación del diente dentro del maxilar: en muchos casos se recurre a una exposición quirúrgica seguida de tracción ortodóncica; en otros, cuando la posición es muy desfavorable, se opta por la extracción. Detectar la retención a tiempo, idealmente antes de los 10 u 11 años, mejora las posibilidades de recolocar el canino en la arcada. Sí. Definen la transición entre la zona anterior y la lateral de la sonrisa, y la eminencia ósea que genera su raíz da soporte al labio superior y al surco nasolabial. Su ausencia o retracción modifica visiblemente el contorno del tercio medio de la cara. Si desea profundizar en conceptos asociados a los dientes caninos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son los dientes caninos
Morfología y rasgos anatómicos
Funciones en la dinámica masticatoria
Cronología eruptiva y retención
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman caninos?
¿Es lo mismo canino que colmillo?
¿Qué ocurre si un canino queda retenido en el hueso?
¿Tienen los caninos alguna función estética?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026