DICCIONARIO MÉDICO
Botriomicoma
El botriomicoma es una proliferación vascular benigna, adquirida, que aparece en la piel o en las mucosas como respuesta a un microtraumatismo o a cambios hormonales. Se conoce también con el nombre de granuloma piógeno y, en la terminología histopatológica anglosajona, como hemangioma capilar lobulillar. Puede aparecer a cualquier edad, con mayor frecuencia en niños, adultos jóvenes y mujeres gestantes. El botriomicoma designa un nódulo vascular de pequeño tamaño, habitualmente solitario, que brota en la superficie cutánea o mucosa y cuyo origen no es infeccioso ni neoplásico en sentido estricto, sino reactivo. La lesión está formada por una proliferación exuberante de capilares neoformados, rodeados de un estroma edematoso con infiltrado inflamatorio variable. Pese a su aspecto llamativo, se trata de un proceso benigno. Tres raíces griegas componen el nombre: βότρυς (bótrys, «racimo de uva»), μύκης (mýkēs, «hongo») y el sufijo -ωμα (-ōma, «tumor»). La palabra remite a un error de interpretación etiológica del siglo XIX. En 1870 Otto Bollinger describió en caballos una infección crónica cuyos acúmulos bacterianos formaban masas con aspecto de racimo, semejantes a colonias fúngicas, y la denominó botriomicosis. Casi tres décadas después, en 1897, los cirujanos lioneses Antonin Poncet y Louis Dor comunicaron lesiones cutáneas humanas que atribuyeron a ese mismo supuesto hongo, acuñando la expresión botryomycose humaine. La relación con hongos nunca llegó a confirmarse. Fue Milton B. Hartzell quien en 1904, al publicar cuatro casos en la revista Journal of Cutaneous Diseases, introdujo la denominación «granuloma piógeno», convencido de que se trataba de una respuesta granulomatosa a una infección piógena. Tampoco esa interpretación resultó correcta: la lesión no contiene verdaderos granulomas y rara vez presenta pus. El nombre perduró por inercia terminológica. Desde el punto de vista histológico, el botriomicoma consiste en lóbulos de capilares neoformados separados por tabiques de tejido conectivo laxo. Cada lóbulo contiene vasos de calibre irregular, revestidos por células del endotelio sin atipias. La epidermis que cubre la lesión es delgada y con frecuencia se ulcera, lo que favorece el sangrado ante roces mínimos. Existe un collarete epidérmico periférico que rodea la base de la lesión (un detalle al que los dermatólogos conceden valor identificativo considerable). Se ha propuesto que el mecanismo subyacente implica una respuesta angiogénica desproporcionada ante un estímulo menor. Microtraumatismos repetidos, heridas por punción, irritación crónica o cambios hormonales del embarazo pueden desencadenar una cascada de factores de crecimiento vascular que, en algunos individuos, no se autolimita con normalidad. Esta hipótesis explica la frecuencia de la lesión en zonas expuestas a roces (dedos, labios, encías) y en mujeres gestantes, donde los estrógenos y la progesterona potencian la proliferación vascular. Cuando el botriomicoma aparece en la encía durante la gestación, la literatura clásica lo denomina épulis gravídico o granuloma gravídico. La lesión no es infrecuente. La histopatología permite distinguir dos patrones. En el primero, los capilares se organizan en lóbulos bien delimitados rodeados por una banda fina de colágeno; esta variante recibe el nombre de hemangioma capilar lobulillar y es la forma más frecuente. En el segundo patrón, las formaciones vasculares se entrelazan sin una organización lobular clara y se asemejan al tejido de granulación convencional, con abundantes neutrófilos en superficie cuando existe ulceración. Este subtipo no lobular es más difícil de diferenciar de otras proliferaciones vasculares reactivas, y a veces requiere inmunohistoquímica complementaria para excluir lesiones con potencial maligno. El botriomicoma se observa en todas las edades. Un estudio publicado en JAMA Dermatology en 2025 documentó que las lesiones de cabeza, cuello y tronco predominan en varones menores de 20 años, mientras que en mujeres la incidencia es mayor entre los 20 y los 50 años. En la cavidad oral, hasta el 75 % de los casos asientan sobre la encía, con preferencia por el maxilar superior y la zona vestibular. Las localizaciones cutáneas más habituales son los dedos de las manos, los labios y la cara. El tamaño rara vez supera los dos centímetros de diámetro. El angioma es quizá la entidad que con más frecuencia se confunde con el botriomicoma. La diferencia que permite separarlos reside en la velocidad de aparición: el botriomicoma crece en días o pocas semanas, mientras que los angiomas congénitos están presentes desde el nacimiento y los adquiridos evolucionan con lentitud a lo largo de meses o años. Conviene no confundir el botriomicoma con la botriomicosis, pese a compartir raíz léxica. La botriomicosis es una infección bacteriana crónica (habitualmente por Staphylococcus aureus) que forma gránulos tisulares con aspecto de racimo; fue la enfermedad equina original descrita por Bollinger en 1870. El botriomicoma, en cambio, no tiene etiología infecciosa demostrada. Otras lesiones que pueden confundirse con el botriomicoma son el melanoma amelanótico, el nevus de Spitz y el granuloma verdadero de etiología infecciosa. En los casos dudosos, el estudio histopatológico permite establecer la naturaleza exacta de la lesión. Del griego βότρυς (bótrys, «racimo de uva») y μύκης (mýkēs, «hongo»), con el sufijo -ωμα (-ōma, «tumor»). Literalmente significaría «tumor del hongo en racimo». La denominación nació en 1897 cuando Poncet y Dor, en Lyon, atribuyeron erróneamente la lesión a un hongo del género Botryomyces. Esa relación nunca se confirmó, pero el nombre arraigó en la bibliografía francófona e hispanohablante. Sí. Ambos designan la misma entidad. «Granuloma piógeno» es el término más extendido en la literatura médica actual, mientras que «botriomicoma» se mantiene sobre todo en textos de tradición francesa y española. Ninguna de las dos denominaciones describe con exactitud la naturaleza de la lesión: no hay granuloma verdadero, no hay pus y no hay hongo. Durante la gestación, los niveles de estrógenos y progesterona se elevan de forma sostenida y favorecen la proliferación del endotelio vascular. Ese entorno hormonal hace que ante estímulos locales menores, como la irritación gingival por cálculo dental, la respuesta angiogénica sea más intensa de lo habitual. Tras el parto, muchas de estas lesiones involucionan espontáneamente al descender las hormonas, o sufren una maduración fibrosa que les da un aspecto similar al de un fibroma. No. Se trata de una proliferación benigna. La principal molestia es el sangrado, que puede ser abundante porque la lesión está muy vascularizada y la epidermis que la recubre es frágil. Si desea ampliar la información sobre lesiones vasculares y conceptos histológicos relacionados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el botriomicoma
Proliferación capilar y factores desencadenantes
Clasificación histológica
Epidemiología y localizaciones habituales
Diferenciación con otras lesiones vasculares
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «botriomicoma»?
¿Es lo mismo botriomicoma que granuloma piógeno?
¿Por qué aparece con frecuencia durante el embarazo?
¿Es peligroso un botriomicoma?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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