DICCIONARIO MÉDICO
Antimoniato de meglumina
El antimoniato de meglumina es un compuesto antimonial pentavalente incluido en la clasificación ATC con el código P01CB01 (agentes contra la leishmaniasis). Se trata de una sal formada por antimonio en estado de oxidación +5 y N-metil-D-glucamina, y constituye uno de los dos antimoniales pentavalentes de referencia en el ámbito clínico, junto con el estibogluconato sódico. Desde el punto de vista químico, el antimoniato de meglumina resulta de la combinación de un átomo de antimonio pentavalente (Sb⁵⁺) con la meglumina, un derivado aminado de la glucosa cuyo nombre técnico es N-metil-D-glucamina. El compuesto pertenece al grupo de los antiparasitarios y se clasifica dentro de la familia de los antimoniales pentavalentes, sustancias que comparten un mismo principio activo (el antimonio en su forma de mayor valencia) pero difieren en el vehículo orgánico que lo transporta. La etimología del nombre enlaza dos tradiciones. Antimonio procede del latín medieval antimonium, voz cuyo origen exacto se discute: algunos lexicógrafos la relacionan con el árabe al-ithmid (الإثمد), que designaba el mineral de sulfuro de antimonio usado en cosmética desde la Antigüedad; otros proponen un origen griego (ἀντί + μόνος, "contrario a la soledad", aludiendo a que el mineral rara vez aparece en estado puro). Meglumina es una contracción de N-metil-glucamina, nombre que sigue la nomenclatura sistemática de la química orgánica. El uso terapéutico del antimonio se remonta al Renacimiento. Paracelso lo incorporó a su farmacopea en el siglo XVI, y durante los siglos XVII y XVIII el tártaro emético (tartrato de antimonio y potasio, un antimonial trivalente) fue uno de los remedios más empleados en Europa, a menudo con más entusiasmo que fundamento. En 1912, el médico brasileño Gaspar Vianna fue el primero en demostrar que el tártaro emético podía curar la leishmaniasis cutánea, una observación que abrió la puerta a los antimoniales como agentes antiparasitarios. La toxicidad del antimonio trivalente, sin embargo, limitaba su uso. A lo largo de la década de 1920, investigadores como Upendranath Brahmachari en la India desarrollaron compuestos de antimonio pentavalente, menos tóxicos y más estables, que terminaron por sustituir al tártaro emético. De esa línea de trabajo surgieron las dos formulaciones que han llegado hasta hoy: el estibogluconato sódico (comercializado sobre todo en países anglófonos) y el antimoniato de meglumina (predominante en el ámbito hispanohablante y francófono). El reparto geográfico no obedece a una razón farmacológica, sino a una cuestión de patentes y circuitos de distribución que se consolidaron a mediados del siglo XX. El antimoniato de meglumina está vinculado de forma casi inseparable al género Leishmania, el protozoo parásito responsable de las distintas formas de leishmaniasis. La OMS estima entre 700.000 y un millón de casos nuevos anuales de esta enfermedad en el mundo, con tres presentaciones clínicas principales: cutánea, mucocutánea y visceral (esta última conocida históricamente como kala-azar). Los antimoniales pentavalentes figuran entre los agentes recomendados por la OPS para el abordaje de la enfermedad en la región de las Américas, si bien las directrices más recientes (2022) han introducido matices según la especie de Leishmania implicada y el estado inmunitario del paciente. Su mecanismo de acción no se conoce con total precisión. Se acepta que el compuesto interfiere en las vías de obtención de energía del amastigote (la forma intracelular del parásito), pero los detalles bioquímicos siguen siendo objeto de investigación. Esa zona de incertidumbre es llamativa si se tiene en cuenta que los antimoniales llevan más de un siglo en uso clínico. De la unión de antimoniato (sal de antimonio, del latín medieval antimonium, posiblemente del árabe al-ithmid) y meglumina, contracción de N-metil-D-glucamina, un derivado aminado de la glucosa que actúa como vehículo del antimonio pentavalente en la formulación. No. Ambos son antimoniales pentavalentes, comparten el mismo principio activo (antimonio en estado Sb⁵⁺) y se emplean frente a la leishmaniasis, pero difieren en el compuesto orgánico al que se une el antimonio. El estibogluconato sódico predomina en países de habla inglesa; el antimoniato de meglumina, en los de habla hispana y francesa. Gaspar Vianna (1885-1914) fue un médico e investigador brasileño que en 1912 demostró la eficacia del tártaro emético (un antimonial trivalente) contra la leishmaniasis cutánea. Su trabajo en el Instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro fue el punto de partida para el desarrollo posterior de los antimoniales pentavalentes, entre ellos el antimoniato de meglumina. Vianna murió a los 28 años, cuando su carrera apenas empezaba. Si desea profundizar en conceptos asociados al antimoniato de meglumina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el antimoniato de meglumina
Los antimoniales en la historia de la medicina
Relación con la leishmaniasis y el contexto actual
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre antimoniato de meglumina?
¿Es lo mismo antimoniato de meglumina que estibogluconato sódico?
¿Quién fue Gaspar Vianna?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026