DICCIONARIO MÉDICO

Amaurosis fugaz

La amaurosis fugaz es una pérdida brusca de visión, habitualmente en un solo ojo, que dura segundos o pocos minutos y se resuelve sin dejar secuelas. Su causa más frecuente es la interrupción transitoria del flujo sanguíneo retiniano por un émbolo procedente de la arteria carótida interna. No es una enfermedad en sí misma, sino un signo de alerta de patología vascular cerebral.

Qué es la amaurosis fugaz

El nombre combina el griego ἀμαύρωσις (amaúrosis, «oscurecimiento») con el latín fugax, «fugaz» o «que huye», una denominación que refleja con precisión la transitoriedad del fenómeno. El paciente experimenta una sensación de cortina gris o negra que desciende sobre el campo visual de un ojo, persiste entre unos segundos y diez minutos (rara vez más de treinta) y desaparece sin intervención. Una vez que pasa el episodio, la visión vuelve a la normalidad.

En 1959, C. Miller Fisher propuso que estos episodios eran equivalentes retinianos del ataque isquémico transitorio cerebral, y hoy esa interpretación está firmemente establecida. La terminología moderna prefiere el descriptor «pérdida visual monocular transitoria», más neutro respecto a la causa, pero amaurosis fugaz (o amaurosis fugax en la tradición anglosajona) sigue siendo la forma con la que la mayoría de los clínicos nombran el cuadro.

Mecanismo vascular del episodio

El ojo recibe su irrigación principal de la arteria oftálmica, primera rama intracraneal de la carótida interna. De la arteria oftálmica parten la arteria central de la retina y las arterias ciliares. Un fragmento de placa ateromatosa o un trombo desprendido de la pared carotídea puede viajar por ese trayecto hasta enclavarse en la arteria central de la retina o en una de sus ramas. Mientras el émbolo permanece alojado, la retina deja de recibir oxígeno y la visión se apaga.

Cuando el émbolo se desplaza o se fragmenta, la perfusión se restablece y la visión reaparece. Todo el proceso suele durar menos de diez minutos. Si el émbolo no migra, lo que ocurre es una oclusión arterial retiniana permanente, un cuadro distinto y más grave.

No todos los episodios tienen un origen embólico. El vasoespasmo retiniano, la hipoperfusión hemodinámica por estenosis carotídea grave y la arteritis de células gigantes pueden producir un cuadro clínico similar. La distinción importa porque la causa condiciona el riesgo posterior.

Relevancia como marcador cerebrovascular

Un dato cambia la perspectiva sobre este breve episodio visual: aproximadamente uno de cada tres pacientes con amaurosis fugaz de origen carotídeo desarrollará un accidente cerebrovascular en los años siguientes si no recibe intervención preventiva. Es un aviso. La aterosclerosis carotídea que genera el émbolo retiniano puede generar émbolos más grandes hacia el cerebro, y la ventana temporal para actuar es limitada.

Los factores de riesgo son los mismos de la enfermedad cerebrovascular: hipertensión, diabetes, tabaquismo, dislipidemia y fibrilación auricular. El tabaquismo duplica el riesgo de ictus.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene el nombre amaurosis fugaz?

Del griego ἀμαύρωσις («oscurecimiento») y del latín fugax («que huye»). Es una de las pocas denominaciones médicas que mezclan raíces griegas y latinas en una sola expresión, posiblemente porque el concepto se consolidó en la Europa del siglo XIX, cuando la terminología oftalmológica alternaba con naturalidad entre ambas lenguas.

¿La amaurosis fugaz duele?

No. La pérdida visual es indolora. Eso la distingue de otras causas de ceguera transitoria, como el glaucoma agudo de ángulo cerrado, que cursa con dolor intenso, o la neuritis óptica, que suele acompañarse de molestias con los movimientos oculares.

¿Puede afectar a los dos ojos a la vez?

Estrictamente, no. La amaurosis fugaz clásica es monocular porque el émbolo obstruye la circulación de un solo ojo. Si la pérdida visual transitoria afecta a ambos ojos simultáneamente, el origen no suele ser retiniano sino cortical (occipital), y el cuadro recibe otras denominaciones.

¿Es lo mismo que un ictus?

No es un ictus, pero comparte su mecanismo y su territorio de riesgo. Se considera un equivalente retiniano del ataque isquémico transitorio. Fisher lo describió así en 1959, y la evidencia acumulada desde entonces confirma que la amaurosis fugaz embólica eleva de forma significativa la probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular en los meses o años siguientes.

Referencias

  1. MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.). Amaurosis fugaz.
  2. Manual MSD (versión para público general). Pérdida repentina de la visión.
  3. Menéndez de León, C. et al. Manifestaciones oftalmológicas de la enfermedad cerebrovascular. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 2008.
  4. Real Academia Española. Amaurosis. Diccionario de la lengua española.

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