DICCIONARIO MÉDICO
Amaurosis
La amaurosis es la pérdida total o casi total de la visión sin que el explorador observe una alteración estructural evidente en el globo ocular. El término se emplea en neurooftalmología para referirse a cegueras cuyo origen reside en la retina, el nervio óptico o las estructuras cerebrales posteriores. Puede ser transitoria (como la amaurosis fugaz) o permanente, y afectar a uno o ambos ojos. La palabra procede del griego ἀμαύρωσις (amaúrosis), derivado del adjetivo ἀμαυρός (amaurós, «oscuro», «sin brillo»). En latín científico se adoptó como amaurosis sin modificaciones sustanciales, y la RAE la registra como «privación total de la vista, ocasionada por lesión en la retina, en el nervio óptico o en el encéfalo, que produce la inmovilidad del iris». Ya Hipócrates empleó amaurós para describir la opacidad visual, si bien el término clínico lo difundió Georg Joseph Beer a comienzos del siglo XIX, cuando los oftalmoscopios aún no existían y resultaba imposible distinguir entre causas retinianas y corticales de la ceguera. Con la llegada del oftalmoscopio de Helmholtz en 1851, muchas cegueras previamente catalogadas como amaurosis pudieron atribuirse a lesiones visibles del fondo de ojo. El término se fue restringiendo, y hoy la medicina lo reserva sobre todo para dos situaciones: la pérdida visual monocular transitoria de origen vascular (la amaurosis fugaz) y la ceguera congénita por distrofia retiniana hereditaria (la amaurosis congénita de Leber). En un sentido más amplio, pervive como descriptor genérico de la ceguera sin hallazgos oculares evidentes en la exploración directa. Amaurosis fugaz. Se debe a una interrupción breve del flujo sanguíneo retiniano, casi siempre por un émbolo desprendido de una placa ateromatosa en la arteria carótida interna. Dura segundos o minutos y revierte por completo, pero marca un riesgo elevado de accidente cerebrovascular posterior. Amaurosis congénita de Leber. Distrofia retiniana hereditaria en la que los fotorreceptores (conos y bastones) pierden su función desde los primeros meses de vida. Es la causa genética más frecuente de ceguera infantil. Existen también formas clasificadas según la estructura anatómica responsable. La amaurosis hipofisaria se produce cuando un tumor de la glándula pituitaria comprime el quiasma óptico hasta provocar ceguera completa. La amaurosis hipotalámica obedece a un mecanismo similar, pero originado en lesiones del hipotálamo (craneofaringiomas, gliomas). Y la amaurosis eclámptica aparece en el contexto de una eclampsia o preeclampsia grave, con afectación de la corteza occipital. No son sinónimos exactos. La ceguera (del latín caecitas) designa la pérdida de visión en general, independientemente de su causa. La amaurosis, en cambio, connota una pérdida visual en la que el ojo parece sano a simple vista: no hay opacidad de medios, no hay leucocoria, no hay destrucción obvia del globo. Es esa discordancia entre apariencia normal y función abolida la que define el concepto. En la práctica moderna, los neurólogos y los neurooftalmólogos tienden a sustituir amaurosis por términos más precisos (neuropatía óptica isquémica anterior, ceguera cortical, pérdida visual monocular transitoria), reservando el vocablo clásico para contextos en los que la localización exacta no se ha determinado o cuando se habla de las dos entidades que conservan el nombre por tradición: la fugaz y la congénita de Leber. Del griego ἀμαυρός (amaurós), que significa «oscuro» o «sin brillo». Hipócrates ya usó la raíz para describir la pérdida de agudeza visual. El sustantivo ἀμαύρωσις (amaúrosis, «oscurecimiento») pasó al latín científico moderno y de ahí al español sin variaciones importantes. En esencia, el nombre alude a la experiencia subjetiva del paciente: la visión se oscurece sin que nadie pueda ver por qué. No exactamente. Ceguera es un término genérico que abarca cualquier pérdida grave de visión. Amaurosis implica, además, que el ojo no muestra una lesión obvia en la exploración directa: ni opacidades corneales, ni cataratas, ni destrucción visible de la retina a simple vista. La causa puede estar en el nervio óptico, en la retina a nivel funcional o en el encéfalo. Depende. La amaurosis fugaz, por definición, revierte en minutos. La amaurosis eclámptica suele recuperarse en horas o días tras el control de la presión arterial. Pero la amaurosis congénita de Leber es irreversible en la mayoría de los casos, y la amaurosis por compresión prolongada del nervio óptico puede dejar secuelas permanentes si la intervención se demora. Sí. Se clasifican según la causa y la localización anatómica de la lesión: fugaz (vascular, transitoria), congénita de Leber (genética, retiniana), eclámptica (cortical, asociada al embarazo), hipofisaria (compresión del quiasma por adenoma) e hipotalámica (compresión por tumor del hipotálamo). Cada una tiene un mecanismo, un pronóstico y un contexto clínico propios. Si desea profundizar en conceptos asociados a la amaurosis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la amaurosis
Clasificación según la causa y la localización
Amaurosis frente a ceguera: precisión terminológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra amaurosis?
¿Amaurosis y ceguera son lo mismo?
¿La amaurosis siempre es permanente?
¿Existen diferentes tipos de amaurosis?
Referencias
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