DICCIONARIO MÉDICO
Amanitina
La amanitina es un octapéptido cíclico perteneciente al grupo de las amatoxinas, sintetizado por varias especies de hongos del género Amanita y también por especies de Galerina, Lepiota y Conocybe. Su mecanismo tóxico se basa en la inhibición selectiva de la ARN polimerasa II, la enzima responsable de la transcripción del ADN a ARN mensajero en las células eucariotas. La dosis letal media (DL50) estimada en humanos se sitúa en torno a 0,1 mg/kg de peso corporal. En toxicología, la amanitina designa una familia de péptidos bicíclicos de aproximadamente 900 Da que constituyen el principal agente letal de las setas hepatotóxicas. El término procede del latín científico amanita, a su vez tomado del griego ἀμανῖται (amanîtai), nombre que Galeno empleaba para referirse a ciertos hongos comestibles del monte Amano, en la frontera entre Cilicia y Siria. El sufijo -ina, habitual en la nomenclatura química desde el siglo XIX para alcaloides y compuestos de naturaleza básica, se añadió cuando en 1846 Ramón Joaquín Domínguez registró la voz en su Diccionario Nacional, describiéndola como «sustancia deletérea, principio venenoso que contienen los hongos». Conviene no confundir la acepción decimonónica con la molécula que hoy conocemos. La α-amanitina fue aislada y caracterizada químicamente por Heinrich Wieland y Rudolf Hallermayer en la Universidad de Múnich a finales de la década de 1930, a partir de extractos de Amanita phalloides. Wieland, que ya había recibido el premio Nobel de Química en 1927 por sus trabajos sobre ácidos biliares, dedicó buena parte de su carrera posterior a dilucidar la estructura de las toxinas fúngicas. Su hijo Theodor Wieland prosiguió esa línea durante varias décadas y fue quien logró determinar la secuencia completa de aminoácidos de la α-amanitina. Desde el punto de vista molecular, la amanitina es un péptido no ribosomal formado por ocho aminoácidos dispuestos en un anillo cerrado por enlace peptídico convencional entre los extremos amino y carboxilo. Un segundo lazo interno, poco habitual en la bioquímica de los péptidos, se forma por un puente tioéter entre un residuo de triptófano modificado y uno de cisteína. Esa doble ciclación confiere a la molécula una rigidez y una estabilidad notables: las amanitinas resisten la ebullición prolongada, la congelación, la desecación y la degradación por ácidos gástricos o enzimas digestivas. Se han descrito al menos ocho variantes dentro de la familia de las amatoxinas. La α-amanitina y la β-amanitina son las más abundantes en Amanita phalloides y las responsables principales de la toxicidad; la γ-amanitina, la ε-amanitina, la amanulina y el ácido amanulínico poseen una capacidad tóxica muy inferior, casi despreciable en la práctica clínica. La diferencia entre las variantes radica en sustituciones puntuales de grupos funcionales (un hidroxilo por un grupo amino, por ejemplo) que modifican la afinidad por la enzima diana. El mecanismo de toxicidad gira en torno a una sola diana molecular. La α-amanitina se une con afinidad muy elevada al puente helicoidal (bridge helix) de la ARN polimerasa II, la enzima encargada de copiar la información genética del ADN a ARN mensajero. Esa unión no destruye la enzima ni impide que reconozca la cadena de ADN; lo que hace es frenar la traslocación, el avance físico de la polimerasa a lo largo del molde, hasta reducir su velocidad a unos pocos nucleótidos por minuto. La célula, privada de ARN mensajero nuevo, deja de fabricar proteínas y muere. No todas las células son igual de vulnerables. Los hepatocitos resultan particularmente expuestos porque captan la amanitina circulante a través de un transportador de membrana específico, el OATP1B3, un polipéptido transportador de aniones orgánicos presente en la cara sinusoidal de la célula hepática. Ese mecanismo de captación activa explica el tropismo hepático de la intoxicación y la progresión hacia necrosis masiva del parénquima cuando la dosis ingerida es suficiente. Las células tubulares renales, con alta tasa metabólica, también se ven afectadas. Las setas del género Amanita contienen, además de amatoxinas, otros dos grupos de ciclopéptidos: las falotoxinas y las virotoxinas. Ninguno de los dos resulta peligroso por vía oral, porque se inactivan en el tubo digestivo o no se absorben en cantidad relevante. La confusión entre estos grupos ha persistido durante décadas en textos divulgativos, pero la distinción tiene consecuencias prácticas: solo las amatoxinas, y dentro de ellas las amanitinas, son responsables del cuadro hepatotóxico grave que puede seguir a la ingestión de Amanita phalloides. La muscarina, presente en Amanita muscaria y en numerosas especies de Inocybe, actúa por un camino completamente distinto: estimula los receptores colinérgicos y produce un cuadro de latencia corta, con salivación, sudoración y bradicardia, pero sin daño hepático. El nombre comparte raíz genérica, lo cual favorece el equívoco. Del latín científico amanita, derivado del griego ἀμανῖται, nombre que designaba hongos comestibles recogidos en el monte Amano (actual Turquía meridional). El sufijo -ina se añadió en el siglo XIX siguiendo la convención química para compuestos de naturaleza básica. La primera documentación en español data de 1846, en el Diccionario Nacional de Domínguez. No exactamente. Las amatoxinas son el grupo completo de octapéptidos cíclicos hepatotóxicos producidos por ciertos hongos. La amanitina (α, β, γ y demás variantes) es un subconjunto dentro de ese grupo, si bien el más relevante desde el punto de vista de la toxicidad humana. En la literatura clínica ambos términos se usan a menudo como sinónimos, pero estrictamente la relación es de categoría a miembro. No. La molécula resiste temperaturas de ebullición, congelación y desecación sin perder actividad tóxica. Tampoco la degradan los ácidos del estómago ni las enzimas digestivas. Es una de las razones por las que las intoxicaciones por Amanita phalloides resultan tan peligrosas: ningún método doméstico de preparación inactiva la toxina. Es la especie que la contiene en mayor proporción (entre 1,5 y 2,3 mg de amanitinas por gramo de peso seco), pero no la única. Amanita virosa, Amanita verna, Galerina marginata, ciertas especies de Lepiota y Conocybe filaris también producen amatoxinas en concentraciones potencialmente letales. Si desea profundizar en conceptos asociados a la amanitina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la amanitina
Estructura química y variantes
Inhibición de la ARN polimerasa II
Diferenciación con otras toxinas del género Amanita
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra amanitina?
¿Son lo mismo amanitina y amatoxina?
¿La cocción destruye la amanitina?
¿La amanitina solo se encuentra en Amanita phalloides?
Referencias
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