DICCIONARIO MÉDICO
Alucinógeno
Un alucinógeno es cualquier sustancia, natural o sintética, capaz de inducir alucinaciones y alteraciones profundas de la percepción sensorial, el pensamiento y la conciencia del yo. La mayoría de los alucinógenos clásicos ejercen su efecto al unirse a un receptor concreto de serotonina, el 5-HT2A, localizado en neuronas piramidales de la corteza cerebral. En farmacología, el término alucinógeno designa un grupo heterogéneo de sustancias cuyo rasgo común es la capacidad de provocar percepciones sin estímulo externo, distorsiones de la imagen corporal, sinestesias (por ejemplo, percibir colores al escuchar sonidos) y alteraciones del sentido del tiempo. La palabra procede del latín hallucinari (divagar, desvariar) y del sufijo griego -γενής (-genēs, "que engendra"), de modo que su significado literal es "que produce alucinación". Se acuñó en la literatura médica anglosajona a mediados del siglo XX, cuando estas sustancias empezaron a despertar un interés científico sistemático. Conviene no confundir el adjetivo alucinógeno, que describe la propiedad farmacológica de una sustancia, con la alucinación como fenómeno clínico aislado. Muchas alucinaciones (auditivas, visuales, táctiles) aparecen sin intervención de ninguna droga, en cuadros psiquiátricos, neurológicos o incluso en personas sanas durante la transición al sueño. La mayor parte de los alucinógenos clásicos comparte un mismo punto de acción en el cerebro: el receptor 5-HT2A de serotonina, abundante en las neuronas piramidales de la capa V de la corteza prefrontal. Cuando una molécula alucinógena se une a este receptor, la neurona piramidal libera glutamato de forma descontrolada y altera los circuitos talamocorticales que filtran la información sensorial. El resultado es una cascada de percepciones que el cerebro no puede distinguir de las reales. Los llamados alucinógenos disociativos (como la fenciclidina y la ketamina) siguen otra ruta: bloquean receptores NMDA de glutamato, lo que produce una desconexión entre corteza y tálamo. Quien los ingiere percibe su propio cuerpo como ajeno y puede experimentar una sensación intensa de despersonalización. Es un mecanismo distinto al serotoninérgico, pero el efecto final comparte la alteración perceptiva. Triptaminas. Derivan estructuralmente de la serotonina y constituyen el grupo más estudiado. La dietilamida del ácido lisérgico (LSD) es la más potente: cantidades del orden de microgramos bastan para alterar la percepción durante horas. La psilocibina, presente en más de doscientas especies de hongos del género Psilocybe, se convierte en psilocina tras la ingestión. La dimetiltriptamina (DMT), componente de preparaciones rituales como la ayahuasca amazónica, posee una vida media muy breve cuando se administra por vía inhalatoria. Fenetilaminas. La mescalina, aislada del cactus Lophophora williamsii (peyote), fue el primer alucinógeno cuya estructura química se describió con precisión, en 1919. Comparte el esqueleto de fenetilamina con las anfetaminas, pero su acción es predominantemente serotoninérgica. Otras fenetilaminas de síntesis (como las de la serie DOx) aparecieron décadas después en el mercado clandestino. Disociativos. No son alucinógenos en sentido estricto, porque su mecanismo no pasa por el receptor 5-HT2A. Sin embargo, la literatura farmacológica los incluye en esta categoría porque comparten el efecto de alterar profundamente la percepción. La fenciclidina (PCP) se desarrolló como anestésico quirúrgico en los años cincuenta y se retiró del uso clínico al constatarse sus efectos perceptivos adversos. Albert Hofmann sintetizó la LSD en 1938 en los laboratorios Sandoz de Basilea, dentro de un programa de investigación sobre alcaloides del cornezuelo de centeno. El compuesto quedó archivado sin más. Cinco años después, el 19 de abril de 1943, Hofmann absorbió accidentalmente una cantidad mínima a través de la piel y experimentó lo que más tarde describiría como una sucesión de imágenes cambiantes con colores vívidos y formas caleidoscópicas. Aquel episodio, documentado en su cuaderno de laboratorio, marcó el inicio de la investigación moderna sobre alucinógenos. Durante los años siguientes, la psiquiatría académica exploró la LSD como herramienta para modelar la psicosis en el laboratorio. Fue en ese contexto donde el psiquiatra Humphry Osmond, en correspondencia con el escritor Aldous Huxley, propuso en 1957 el neologismo psychedelic, compuesto del griego ψυχή (psychē, "alma, mente") y δηλοῦν (dēloûn, "hacer manifiesto"). El vocablo pretendía sustituir el más negativo hallucinogen, aunque ambas denominaciones conviven desde entonces en la literatura científica. En español se usan indistintamente alucinógeno, psicodélico y, con menor frecuencia, psicodisléptico o psicotomimético. Del latín hallucinari (divagar, desvariar) y el sufijo griego -γενής (-genēs), que significa "que engendra" o "que produce". Literalmente: sustancia que produce alucinación. El término se consolidó en la farmacología anglosajona a mediados del siglo XX y se adoptó en español sin modificación sustancial. Depende del contexto. En la literatura farmacológica, ambas palabras se emplean a menudo como sinónimos para referirse a sustancias que actúan sobre el receptor 5-HT2A de serotonina. Humphry Osmond acuñó psychedelic en 1957 porque consideraba que hallucinogen ponía un énfasis excesivo en la alucinación, cuando el efecto más constante de estas sustancias es la distorsión de la percepción, no la percepción de algo inexistente. Hoy, algunos investigadores reservan "psicodélico" para los serotoninérgicos clásicos y "alucinógeno" para el grupo amplio que incluye también a los disociativos. No. La mayoría de las alucinaciones clínicas no tienen relación alguna con sustancias exógenas. Las alucinaciones auditivas de la esquizofrenia, las alucinaciones visuales de la demencia con cuerpos de Lewy o las alucinaciones olfativas de la epilepsia temporal son ejemplos de alucinaciones que surgen sin intervención farmacológica alguna. El 19 de abril de 1943, Albert Hofmann ingirió deliberadamente 250 microgramos de LSD para verificar los efectos que había notado días antes por absorción accidental. Regresó a casa en bicicleta, y las alteraciones perceptivas se intensificaron durante el trayecto. Ese episodio quedó registrado en la literatura científica y se conoce informalmente como "Bicycle Day", la primera autoexperimentación documentada con un alucinógeno serotoninérgico. Si desea profundizar en conceptos asociados a los alucinógenos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un alucinógeno
El receptor 5-HT2A y la vía serotoninérgica
Clasificación por familia química
Hofmann, Osmond y la historia del término
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "alucinógeno"?
¿Es lo mismo un alucinógeno que un psicodélico?
¿Todas las alucinaciones se producen por consumo de alucinógenos?
¿Qué fue el "día de la bicicleta" de Hofmann?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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