DICCIONARIO MÉDICO
Alucinosis
La alucinosis es un síndrome neuropsiquiátrico en el que el paciente experimenta alucinaciones vívidas y recurrentes, en cualquier modalidad sensorial, mientras conserva total o parcialmente la conciencia y el juicio de realidad. Su origen suele ser orgánico o tóxico, lo que la diferencia de las alucinaciones propias de las psicosis primarias. El término proviene del latín hallucinatio (fantasma, extravío de la mente) combinado con el sufijo griego -ωσις (-ōsis), que en medicina señala un proceso o estado. Su significado literal sería, por tanto, "estado de alucinación". La CIE-11 lo encuadra dentro de los trastornos mentales o del comportamiento debidos al uso de sustancias o a otras causas médicas, y el DSM-5-TR lo incluye entre los trastornos psicóticos inducidos por sustancias, medicamentos u otras afecciones. Lo que separa la alucinosis de otros estados alucinatorios es un rasgo en apariencia paradójico: quien la padece sabe, al menos en parte, que lo que percibe no existe. Un paciente con alucinosis alcohólica puede escuchar voces acusatorias durante horas y, al mismo tiempo, afirmar que "nadie habla, pero las oigo". Este grado de conservación del juicio es lo que la distingue de la esquizofrenia, donde la convicción en la realidad de la percepción suele ser absoluta. La causa más clásica y mejor estudiada es la alucinosis alcohólica, que aparece en personas con consumo prolongado de alcohol tras un descenso brusco de la ingesta. Las alucinaciones son predominantemente auditivas (voces que insultan, amenazan o comentan la conducta del paciente) y pueden cronificarse si el cuadro no se resuelve. Conviene no confundir la alucinosis alcohólica con el delirium tremens: en este último se añade una alteración grave de la conciencia, con confusión, temblor intenso y disautonomía, mientras que en la alucinosis la lucidez se mantiene. Fuera del alcohol, las alucinosis de causa tóxica se asocian a estimulantes (cocaína, anfetaminas), a agonistas dopaminérgicos y a sustancias psicoactivas diversas. En el terreno neurológico, las lesiones vasculares del tálamo posterolateral provocan alucinaciones que pueden ser visuales, auditivas o mixtas. Las lesiones del tronco encefálico generan la llamada alucinosis peduncular, un cuadro descrito por Lhermitte en 1922 con alucinaciones visuales complejas y coloreadas, habitualmente nocturnas. Otras causas orgánicas incluyen las encefalopatías metabólicas (hepática, urémica), los estados posictales de la epilepsia del lóbulo temporal y, de forma menos frecuente, cuadros autoinmunes con afectación del sistema nervioso central. No existe un único mecanismo que explique todas las formas de alucinosis, pero la mayoría comparten un principio común: la desinhibición de circuitos corticales que normalmente permanecen frenados. En la alucinosis alcohólica, la supresión crónica de la neurotransmisión GABAérgica y la hiperactivación glutamatérgica que siguen a la retirada del alcohol dejan a la corteza auditiva en un estado de hiperexcitabilidad. El resultado son percepciones que el cerebro genera de forma autónoma. En las alucinosis de origen lesional (talámica, peduncular), el mecanismo es distinto: la interrupción de las vías inhibidoras que conectan el tronco con el tálamo libera las neuronas del núcleo geniculado lateral, que empiezan a disparar sin recibir señales de la retina. La corteza visual interpreta esos disparos como imágenes reales. Cada etiología llega al mismo punto final por una ruta diferente. La frontera entre alucinosis y delirium se traza por el nivel de conciencia. En el delirium, la conciencia está globalmente alterada: el paciente no sabe dónde está, confunde personas, pierde la orientación temporal. En la alucinosis, la conciencia se mantiene. El paciente sabe quién es, dónde está y qué día es; lo que no puede hacer es dejar de percibir algo que reconoce como irreal. La seudoalucinación comparte con la alucinosis la preservación del juicio, pero difiere en la localización subjetiva de la percepción: la seudoalucinación se experimenta en el espacio interno ("oigo una voz dentro de mi cabeza"), mientras que la alucinación de la alucinosis se proyecta al espacio exterior ("oigo la voz que viene del pasillo"). La distinción, introducida por Karl Jaspers en su Psicopatología general de 1913, sigue siendo objeto de debate clínico. Del latín hallucinatio (fantasma, extravío mental) y el sufijo griego -ωσις (-ōsis), que indica proceso o estado patológico. Literalmente, "estado de alucinación". No. En la psicosis, el paciente pierde el contacto con la realidad y cree firmemente que sus alucinaciones son reales. En la alucinosis, la persona mantiene, al menos parcialmente, la conciencia de que sus percepciones no corresponden a estímulos reales. La alucinosis implica además una causa orgánica o tóxica identificable, mientras que las psicosis primarias (como la esquizofrenia) tienen una base neurobiológica distinta. La conciencia. En la alucinosis alcohólica el paciente está lúcido, orientado y sabe que las voces que escucha no son reales, aunque no puede dejar de oírlas. El delirium tremens, en cambio, cursa con confusión global, agitación, temblor, sudoración y un riesgo vital que la alucinosis aislada no conlleva. Estrictamente, no. La forma alcohólica es la más conocida y la más estudiada, pero la alucinosis puede obedecer a lesiones vasculares del tálamo, a encefalopatías metabólicas, a sustancias psicoestimulantes, a fármacos con acción dopaminérgica o a lesiones del tronco encefálico, entre otras causas. Si desea profundizar en conceptos asociados a la alucinosis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la alucinosis
Principales etiologías
Mecanismo fisiopatológico
Diferenciación con el delirium y la seudoalucinación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "alucinosis"?
¿Es lo mismo alucinosis que psicosis?
¿Cuál es la diferencia entre alucinosis alcohólica y delirium tremens?
¿La alucinosis siempre está causada por el alcohol?
Referencias
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