DICCIONARIO MÉDICO
Alucinación auditiva
La alucinación auditiva es la percepción de sonidos o voces en ausencia de estímulo acústico externo. Constituye la modalidad alucinatoria más frecuente en los trastornos psicóticos, aunque también aparece en cuadros neurológicos, en intoxicaciones por sustancias y en un porcentaje apreciable de la población general sin patología psiquiátrica. Se trata de una forma de alucinación en la que el individuo percibe contenidos sonoros (palabras, música, ruidos, pitidos) sin que exista una fuente acústica real en el entorno. El calificativo auditiva proviene del latín auditivus, derivado de audire («oír»), y su uso médico se consolidó en la semiología psiquiátrica del siglo XIX, cuando autores como Esquirol, Baillarger y Séglas comenzaron a describir con detalle las características de las voces que referían sus pacientes. Jules Séglas, en particular, dedicó buena parte de su carrera al estudio de las formas verbales de este fenómeno y acuñó la noción de «alucinación psicomotriz verbal», que influyó en toda la psicopatología francófona posterior. Dentro del conjunto de las alucinaciones, la auditiva ocupa un lugar privilegiado por varios motivos. Es, con mucho, la más prevalente en la esquizofrenia (se estima que entre el 60 % y el 80 % de quienes la padecen la experimentan en algún momento). Pero también aparece en el trastorno bipolar durante fases maníacas o depresivas con rasgos psicóticos, en el duelo, en la privación prolongada de sueño y en personas sin ningún trastorno diagnosticado. Esta amplitud de contextos impide reducirla a un fenómeno exclusivo de la psicosis. La semiología clásica distingue dos grandes grupos según la complejidad del contenido percibido. Las alucinaciones auditivas elementales consisten en ruidos simples: pitidos, zumbidos, chasquidos, golpes. Cuando carecen de articulación verbal, reciben el nombre técnico de acoasmas. Suelen ser breves y pueden acompañar a crisis epilépticas con foco en la corteza auditiva primaria o a lesiones vasculares del lóbulo temporal. En el otro extremo, las alucinaciones auditivas complejas (también llamadas verbales o fonémicas) reproducen palabras, frases, diálogos e incluso música con estructura reconocible. La persona puede oír una sola voz o varias que conversan entre sí; las voces pueden comentar sus actos en tercera persona, dirigirse a ella directamente o, en los casos que se denominan imperativas, darle órdenes. Esta última variante tiene relevancia particular en la evaluación del riesgo, ya que el contenido de las órdenes puede incluir conductas autolesivas. Eugen Bleuler propuso valorar dos dimensiones de las voces: la intensidad (desde casi inaudibles hasta tan fuertes que dificultan la conversación real) y la claridad (desde murmullos ininteligibles hasta frases perfectamente articuladas). Ambas dimensiones fluctúan y, en la observación clínica, la tendencia general es que las voces pierdan volumen y nitidez a medida que el cuadro remite. No siempre ocurre así. Cuando una persona piensa en palabras (habla interna), la corteza motora del lenguaje genera una copia de la señal motora, conocida como descarga corolaria, que informa a la corteza auditiva de que el contenido sonoro es autogenerado. Gracias a ese mecanismo, el cerebro etiqueta los pensamientos verbales como propios y no los confunde con voces externas. En las personas que experimentan alucinaciones auditivas verbales, esa señal de copia parece atenuada o ausente: la corteza auditiva primaria se activa de manera comparable a como lo haría ante una voz real, pero sin que la corteza frontal la marque como propia. El resultado es que el individuo oye una voz que parece llegar de fuera. Estudios de resonancia magnética funcional han confirmado que, durante los episodios de voces, se produce una activación simultánea del área de Broca (producción del lenguaje) y del giro temporal superior (recepción del lenguaje). Esta coactivación, que en condiciones normales solo se observa durante la conversación con otra persona, explica por qué la experiencia resulta indistinguible de oír una voz genuina. No se trata, por tanto, de «imaginarse» sonidos: el circuito neural que se pone en marcha es, en buena medida, el mismo que interviene en la percepción auditiva real. Kurt Schneider, en su clasificación de los fenómenos de primer rango de la esquizofrenia (1959), incluyó tres formas específicas de voces: las que comentan los actos del paciente, las que dialogan entre sí refiriéndose a él en tercera persona y el eco del pensamiento (la persona oye sus propios pensamientos verbalizados en voz alta). Schneider consideraba que estos fenómenos, en ausencia de causa orgánica, tenían un valor casi patognomónico para la esquizofrenia. La psiquiatría actual es más prudente: reconoce su frecuencia en ese trastorno pero admite que pueden aparecer en otros contextos, incluido el duelo no complicado. Las voces pueden tener contenido positivo, neutro o negativo. Algunos individuos refieren voces protectoras o que les dan consejo; otros, voces hostiles que insultan, amenazan o humillan. El contenido suele reflejar (algo que no siempre se subraya lo suficiente) el estado emocional del momento y las preocupaciones del individuo, lo que sugiere que no son un fenómeno ajeno a la biografía de quien las experimenta. El acúfeno (o tinnitus) consiste en percibir un zumbido, silbido o pitido continuo o intermitente, pero tiene un sustrato fisiológico identificable en la vía auditiva: no es una alucinación, sino una señal neural anómala que el cerebro interpreta como sonido. La diferencia se reconoce porque el acúfeno carece de estructura verbal y de la cualidad vivencial de las alucinaciones auditivas complejas. En la seudoalucinación auditiva, la voz se percibe «dentro de la cabeza» y no en el espacio exterior. Kandinsky y Jaspers atribuyeron a esta localización un valor diferencial: la alucinación verdadera se proyecta al exterior con carácter de objetividad, mientras que la seudoalucinación permanece en el espacio subjetivo interior. La línea que separa ambas experiencias resulta más borrosa de lo que los manuales sugieren, y muchos pacientes describen fluctuaciones entre la percepción interna y la externa a lo largo de un mismo episodio. No. Entre un 5 % y un 9 % de la población general refiere haber oído voces en algún momento de su vida sin presentar ningún trastorno psicótico. Las voces al dormirse o al despertar, las que aparecen durante el duelo o en situaciones de estrés extremo no implican por sí mismas la presencia de esquizofrenia. El acoasma es una alucinación auditiva elemental: un ruido, un pitido, un chasquido sin contenido lingüístico. La alucinación auditiva verbal reproduce palabras, frases o diálogos. Ambas son alucinaciones auditivas, pero difieren en complejidad y, con frecuencia, en la patología que las origina. No siempre. Hay personas que describen voces neutras, protectoras o incluso agradables. La asociación con contenido hostil o imperativo es más frecuente en los trastornos psicóticos, pero no constituye la norma universal. El estudio de las «voces benignas» en personas sin patología psiquiátrica ha cambiado la perspectiva clásica sobre este fenómeno en las últimas décadas. Estrictamente, no. El acúfeno tiene un sustrato neurofisiológico en la vía auditiva periférica o central y no implica la percepción de contenidos verbales ni de escenas sonoras organizadas. La confusión surge porque ambos fenómenos se perciben «sin causa externa aparente», pero el mecanismo es distinto. Si desea profundizar en conceptos vinculados a la alucinación auditiva, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la alucinación auditiva
Alucinaciones elementales y complejas
Monitorización del habla interna y corteza auditiva
Voces alucinatorias y su relevancia semiológica
Diferenciación con el acúfeno y la seudoalucinación auditiva
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo oír voces que tener esquizofrenia?
¿Qué diferencia hay entre un acoasma y una alucinación auditiva verbal?
¿Las voces siempre dicen cosas negativas?
¿El zumbido de oídos es una alucinación auditiva?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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