DICCIONARIO MÉDICO
Psicotomimético
Un psicotomimético es una sustancia capaz de provocar, en una persona sin antecedentes psiquiátricos, un cuadro mental parecido al de una psicosis aguda: alteraciones de la percepción, del pensamiento y de la conciencia que remedan, durante unas horas, los síntomas de una enfermedad mental real. El término nació en la psiquiatría de mediados del siglo XX y hoy sobrevive, sobre todo, en los libros de historia de la farmacología. La palabra combina dos raíces griegas: psicosis, de psyché (mente) con el sufijo que denota una condición patológica, y mimesis, imitación. Un psicotomimético es, literalmente, aquello que imita una psicosis. Así lo recogía ya el glosario de términos toxicológicos de la Asociación Española de Toxicología: una sustancia capaz de provocar en un hombre sano un estado semejante a una psicosis aguda. Fuera de la historia de la farmacología, el término apenas se usa hoy. En el lenguaje clínico corriente lo ha sustituido alucinógeno, o su sinónimo más técnico, el psicodisléptico. La idea de reproducir artificialmente un estado psicótico es más vieja que la palabra que acabó nombrándola. En 1845, el psiquiatra francés Jacques-Joseph Moreau de Tours fundó en París el Club des Hashischins y, tras experimentar con hachís sobre sí mismo y sobre otros escritores del círculo, describió un cuadro que él mismo comparaba con la locura. Casi un siglo más tarde, en 1927, el psiquiatra alemán Kurt Beringer publicó Der Meskalinrausch, una monografía de más de trescientas páginas sobre los efectos de la mescalina que dio forma a lo que después se llamaría el modelo experimental de la psicosis. El hallazgo, en 1943, del LSD por Albert Hofmann reavivó ese programa de investigación. El psiquiatra británico Humphry Osmond, que estudiaba el alcoholismo y la esquizofrenia en el hospital de Weyburn, en Canadá, llegó a administrarse LSD a sí mismo. Buscaba, según explicó más tarde, estudiar desde dentro los problemas de comunicación de sus pacientes. Para Osmond y sus colegas de aquellos años, el LSD-25 era ante todo un psicotomimético: una herramienta para asomarse a la psicosis sin padecerla. Esa misma etiqueta no convenció a todos, ni siquiera a quien más la había usado. En 1956, en una carta a su amigo el escritor Aldous Huxley, el propio Osmond propuso una palabra distinta: psicodélico, del griego para revelador de la mente. Su razonamiento era sencillo. Llamar a estas sustancias imitadoras de la locura reducía su efecto a un único rasgo, el más alarmante, y dejaba fuera todo lo demás. La propuesta prosperó. Psicotomimético fue cediendo terreno frente a psicodélico y frente al más neutro alucinógeno, aunque nunca llegó a desaparecer del todo de los manuales de psicofarmacología. Las sustancias que en su día se agruparon bajo esta etiqueta (LSD, psilocibina, mescalina, dimetiltriptamina) comparten un mecanismo de acción: actúan como agonistas del receptor de serotonina 5-HT2A. Esa vía común explica que produzcan efectos parecidos entre sí (distorsión de la percepción, alteración del sentido del tiempo, pensamiento inusual) pese a proceder de fuentes tan distintas como un hongo, un cactus o un laboratorio farmacéutico. Conviene no confundir ambos términos. Psicotomimético llevaba implícito un juicio: el de que estas sustancias eran, sobre todo, generadoras de enfermedad. Alucinógeno describe solo el efecto perceptivo, sin presuponer que ese efecto sea patológico. La diferencia puede parecer semántica. Explica, sin embargo, por qué un mismo compuesto pudo llamarse, según la década y el laboratorio, psicotomimético, psicodélico o simplemente droga de abuso. Del griego psyché (mente), con el sufijo que en medicina señala una condición patológica, y de mimesis, imitación. Unidas, las dos raíces describen algo que imita una psicosis. No. Ha caído en desuso frente a alucinógeno y psicodélico. Fundamentalmente el LSD, la psilocibina, la mescalina y la dimetiltriptamina, los llamados alucinógenos serotoninérgicos clásicos. En algunos textos de los años cincuenta se incluyó también la fenciclidina, aunque su mecanismo de acción (el bloqueo de los receptores NMDA) es distinto del de las anteriores. Porque psicotomimético describía un único efecto, y el más inquietante. En 1956, cuando Humphry Osmond buscaba un término que no redujera estas sustancias a su capacidad de simular la locura, se la propuso por carta a Aldous Huxley. La palabra acabó imponiéndose en la literatura científica de las décadas siguientes.Qué es un psicotomimético
Un nombre con historia
Un mecanismo compartido
Psicotomimético no es exactamente sinónimo de alucinógeno
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene exactamente la palabra?
¿Se sigue usando el término en la consulta?
¿Qué sustancias se consideraban psicotomiméticas?
¿Por qué acabó imponiéndose la palabra psicodélico?
Referencias
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