DICCIONARIO MÉDICO
Adiponecrosis neonatorum
La adiponecrosis neonatorum, o necrosis grasa subcutánea del recién nacido, es una paniculitis lobulillar infrecuente que afecta a neonatos a término o postérmino durante las primeras semanas de vida. Se presenta como nódulos o placas subcutáneas induradas, de coloración eritematoviolácea, y tiene un curso habitualmente autolimitado. El nombre combina el latín adipo- (de adeps, «grasa»), el griego νέκρωσις (nékrōsis, «mortificación») y el genitivo plural latino neonatorum («de los recién nacidos»). En la literatura pediátrica en español se emplea con mayor frecuencia la denominación descriptiva «necrosis grasa subcutánea del recién nacido», mientras que la forma latina aparece sobre todo en textos dermatológicos clásicos y en clasificaciones internacionales. Se trata de una entidad distinta de la adiponecrosis genérica del adulto. Mientras que esta última obedece casi siempre a lipasas pancreáticas o a un traumatismo, la forma neonatal depende de particularidades propias de la grasa del recién nacido que no se dan en ningún otro periodo de la vida. El tejido adiposo del neonato a término contiene una proporción de ácidos grasos saturados (palmítico y esteárico, fundamentalmente) mayor que la del adulto. Estos ácidos grasos tienen un punto de fusión relativamente alto, lo que significa que pueden cristalizar con facilidad cuando la temperatura del tejido desciende o cuando el aporte de oxígeno se reduce de forma brusca. Si durante el parto o en las primeras horas de vida el neonato sufre hipoxia, hipotermia o un traumatismo local (fórceps, por ejemplo), la combinación de estrés tisular y composición lipídica particular desencadena la cristalización de estos ácidos grasos dentro de los adipocitos. Los cristales provocan la rotura celular y una reacción inflamatoria granulomatosa de tipo cuerpo extraño, con macrófagos y células gigantes multinucleadas rodeando el material necrótico. La mayor parte de los casos publicados coinciden en varios antecedentes perinatales. La asfixia al nacimiento es el más constante, seguido de la hipotermia terapéutica aplicada en la encefalopatía hipóxicoisquémica, la aspiración de meconio, la macrosomía fetal y la diabetes gestacional materna. No todos los neonatos expuestos a estos factores desarrollan el cuadro; se sospecha que existe una susceptibilidad individual, probablemente relacionada con variaciones en la composición lipídica del panículo subcutáneo, aunque este punto no se ha confirmado. Las lesiones suelen aparecer entre el segundo y el decimocuarto día de vida, con preferencia por la espalda, los hombros, las mejillas, los glúteos y los muslos. Consisten en placas o nódulos firmes, bien delimitados, de coloración roja o violácea, generalmente indoloros a la palpación. En la gran mayoría de los casos la evolución es benigna y las lesiones se resuelven de forma espontánea en semanas, sin dejar cicatrices. La complicación más relevante es la hipercalcemia, que puede aparecer hasta en la mitad de los neonatos afectados según algunas series. Se atribuye a la producción desregulada de 1,25-dihidroxivitamina D por los macrófagos del granuloma. Cuando existe, la hipercalcemia puede manifestarse como irritabilidad, hipotonía, vómitos o rechazo de las tomas, y obliga a un seguimiento analítico durante varios meses. El principal diagnóstico diferencial es el esclerema neonatorum, una entidad de pronóstico mucho más grave. Hay varias diferencias clave. El esclerema afecta a prematuros enfermos, con induración difusa y generalizada de la piel, mientras que la adiponecrosis neonatorum se presenta en neonatos a término o postérmino con lesiones focales y buen estado general. El desenlace también diverge: el esclerema tiene una mortalidad elevada, en tanto que la adiponecrosis neonatorum se resuelve sin secuelas en la inmensa mayoría de los casos. Es una expresión latina que significa literalmente «necrosis de la grasa de los recién nacidos». El sufijo -orum indica el genitivo plural, de modo que el término califica la entidad como propia del periodo neonatal. En español se prefiere la traducción «necrosis grasa subcutánea del recién nacido». No. La lesión cutánea en sí misma es benigna y autolimitada. Lo que requiere vigilancia es la posible aparición de hipercalcemia, una complicación que los pediatras monitorizan mediante controles analíticos periódicos durante los primeros meses. Las placas eritematovioláceas y firmes pueden recordar a una celulitis, pero en la adiponecrosis neonatorum el neonato no presenta fiebre ni signos de afectación sistémica. La palpación revela una consistencia dura, diferente de la tumefacción blanda y caliente de un proceso infeccioso. En caso de duda, la biopsia cutánea confirma la paniculitis lobulillar con cristales de ácidos grasos. Depende. Si existe hipercalcemia o riesgo documentado de ella, los suplementos de vitamina D deben suspenderse o ajustarse hasta que los niveles de calcio se normalicen, porque la vitamina D podría agravar la hipercalcemia. La decisión corresponde al pediatra responsable en cada caso. Si desea profundizar en conceptos asociados a la adiponecrosis neonatorum, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la adiponecrosis neonatorum
La composición de la grasa neonatal y su vulnerabilidad
Factores de riesgo perinatales
Presentación clínica y evolución
Diferenciación con el esclerema neonatal
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre adiponecrosis neonatorum?
¿Es una enfermedad grave?
¿Puede confundirse con una infección de la piel?
¿Hay que evitar los suplementos de vitamina D en estos neonatos?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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