DICCIONARIO MÉDICO
Adenoma nefrogénico vesical
El adenoma nefrogénico vesical es una lesión benigna de la vejiga urinaria en la que el epitelio que tapiza la mucosa adopta una morfología que recuerda a los túbulos del riñón. A pesar de su nombre, la mayoría de los autores la consideran una metaplasia reactiva del urotelio, no una verdadera neoplasia, lo que convierte al término «adenoma» en un nombre heredado que persiste por tradición. Davis describió la lesión por primera vez en 1949 bajo el nombre de «hamartoma vesical». Posteriormente, Friedman y Kuhlenbeck la rebautizaron en 1950 como «adenoma nefrogénico» al observar que las células se organizaban en túbulos y estructuras papilares cuyo aspecto se asemejaba al del epitelio de los túbulos colectores renales. El calificativo «nefrogénico» (del griego νεφρός, nephrós, «riñón», y -γενής, -genḗs, «que origina» o «que produce») reflejaba la hipótesis de que esas células procedían de restos embrionarios mesonéfricos que no habían involucionado por completo durante el desarrollo fetal. Esa hipótesis se mantuvo durante décadas, hasta que un hallazgo en receptores de trasplante renal la puso en cuestión. En 2002, Mazal y colaboradores demostraron que, en pacientes trasplantados de riñón con donante de sexo opuesto, las células del adenoma nefrogénico vesical contenían el cromosoma del donante, no el del receptor. Dicho de otro modo: las células que formaban la lesión procedían del riñón trasplantado, no del urotelio del paciente. La interpretación más aceptada hoy es que células tubulares renales desprendidas en la orina se implantan en zonas de mucosa vesical dañada y proliferan allí adoptando su arquitectura tubular de origen. El adenoma nefrogénico aparece casi siempre sobre una mucosa previamente lesionada. Las situaciones que con mayor frecuencia se asocian a su desarrollo incluyen cirugías previas sobre la vía urinaria, cateterización prolongada, litiasis vesical, infecciones urinarias crónicas, instilaciones intravesicales (como las utilizadas tras resecciones de tumores uroteliales) y radioterapia pélvica. En pacientes trasplantados de riñón, la frecuencia es comparativamente más alta, lo que resulta coherente con el mecanismo de implantación tubular mencionado. Predomina en varones adultos, con una relación aproximada de 2:1 respecto a las mujeres. En la población pediátrica también se ha descrito, pero con mucha menos frecuencia. Al microscopio, la lesión adopta patrones variables: tubular, papilar, polipoide o, con menor frecuencia, plano. Las células que la componen son cuboideas o columnares bajas, con citoplasma eosinófilo y núcleos regulares sin atipia significativa. Lo llamativo es que esas células expresan PAX8 y racemasa (AMACR), dos marcadores inmunohistoquímicos propios del epitelio tubular renal que no se encuentran en el urotelio normal. Esa positividad refuerza la idea de un origen renal, no urotelial, de la lesión. La importancia de reconocerla correctamente reside en que puede confundirse con un adenocarcinoma de células claras de la vejiga, una neoplasia maligna infrecuente pero de pronóstico muy diferente. El perfil inmunohistoquímico (PAX8 positivo, p63 negativo, índice proliferativo bajo) permite, en la mayoría de los casos, separar ambas entidades con razonable seguridad. La Organización Mundial de la Salud acepta ambos términos como sinónimos: «adenoma nefrogénico» y «metaplasia nefrogénica». En la práctica, el debate sobre cuál es más adecuado tiene implicaciones reales. Llamarlo «adenoma» sugiere un proceso neoplásico autónomo; llamarlo «metaplasia» sugiere una respuesta adaptativa del epitelio a una agresión crónica. Los datos moleculares disponibles no apoyan la existencia de proliferación clonal en la mayoría de los casos, lo que inclina la balanza hacia la interpretación metaplásica. El nombre «adenoma nefrogénico», con todo, sigue siendo el más utilizado en los informes anatomopatológicos. Que la lesión reproduce la apariencia del tejido renal. El término viene del griego nephrós («riñón») y -genḗs («que origina»). Se aplicó porque las células de la lesión se parecen a las de los túbulos del riñón, no a las del urotelio vesical normal. No. Es una lesión benigna sin potencial de transformación maligna conocido. La confusión puede surgir porque su aspecto papilar o polipoide, visto durante una exploración endoscópica de la vejiga, puede simular una neoplasia urotelial. Sí. La vejiga es la localización más frecuente con diferencia, pero se han descrito casos en la uretra, el uréter, la pelvis renal e incluso la próstata, siempre sobre mucosa urotelial sometida a irritación crónica. Si desea ampliar información sobre las lesiones vesicales y conceptos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el adenoma nefrogénico vesical
Factores que favorecen su aparición
Histología y marcadores
Sobre el nombre: ¿adenoma o metaplasia?
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «nefrogénico» en este contexto?
¿Es un tumor maligno?
¿Puede aparecer fuera de la vejiga?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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