DICCIONARIO MÉDICO
Adaptación escotópica
La adaptación escotópica es el proceso fisiológico por el que el sistema visual incrementa progresivamente su sensibilidad al pasar de un ambiente iluminado a otro oscuro. Depende de la regeneración de la rodopsina en los bastones de la retina y tarda entre 20 y 30 minutos en completarse. Cuando una persona pasa de la luz del día al interior de una sala oscura, la pérdida de visión es casi total durante los primeros segundos. En los minutos siguientes, sin embargo, la percepción se recupera de forma gradual hasta alcanzar una sensibilidad que puede llegar a ser varios millones de veces superior a la inicial. Ese tránsito progresivo recibe el nombre de adaptación escotópica (del griego σκότος, skótos, oscuridad). El término designa específicamente el mecanismo fisiológico de ajuste, no el tipo de visión resultante, que se conoce como visión escotópica. La adaptación a la oscuridad fue uno de los fenómenos visuales que antes atrajo la atención de los fisiólogos. Ya a finales del siglo XIX se describió que la sensibilidad retiniana no se restablece de forma instantánea y que los fotorreceptores necesitan tiempo para regenerar sus pigmentos. En 1925, Ragnar Holm demostró que la regeneración de la «púrpura visual» (como se llamaba entonces a la rodopsina) se ralentizaba en ratas con déficit de vitamina A, lo que vinculó la bioquímica retiniana con la nutrición. Si se mide el umbral luminoso necesario para percibir un destello durante el paso de la luz a la oscuridad, se obtiene una curva con dos tramos bien diferenciados. Los primeros 5 a 7 minutos corresponden a la recuperación de los conos, que son rápidos pero alcanzan un techo de sensibilidad relativamente modesto. A continuación se produce un punto de inflexión, conocido en la literatura anglófona como rod-cone break, tras el cual los bastones toman el relevo y la sensibilidad sigue aumentando durante otros 20 a 25 minutos hasta estabilizarse. El factor molecular clave es la regeneración de la rodopsina. La exposición a la luz «blanquea» este fotopigmento, es decir, lo descompone en opsina y all-trans-retinal, una forma de vitamina A. Para que el bastón vuelva a ser sensible, el retinal debe reciclarse en el epitelio pigmentario de la retina, reconvertirse en su isómero 11-cis y reacoplarse a la opsina. Ese ciclo bioquímico (que los fisiólogos denominan ciclo visual o ciclo de los retinoides) es el verdadero cuello de botella del proceso y el motivo por el que la adaptación escotópica resulta mucho más lenta que la adaptación fotópica, su proceso inverso. Además de la regeneración del fotopigmento, contribuyen al aumento de sensibilidad la dilatación pupilar (que permite el paso de más luz al fondo del ojo) y cambios en el procesamiento neuronal de la retina interna, donde las conexiones sinápticas entre bastones, células bipolares y células ganglionares se reorganizan para maximizar la captación de fotones a costa de la resolución espacial. La ganancia conjunta de todos estos mecanismos puede alcanzar entre cinco y ocho unidades logarítmicas. La velocidad y la completitud de la adaptación escotópica dependen de varias circunstancias. La más relevante es el grado de blanqueo previo: cuanta más rodopsina se haya degradado por la exposición a la luz, más tiempo tardará en recuperarse. La edad también influye, porque con los años la eficiencia del epitelio pigmentario disminuye y el cristalino absorbe más radiación de longitud de onda corta. Un déficit de vitamina A (precursora del retinal) ralentiza o impide la regeneración del fotopigmento, lo que explica que la ceguera nocturna sea un signo clásico de esta carencia nutricional. Ciertas patologías retinianas alteran de forma específica la adaptación escotópica. La retinosis pigmentaria produce una degeneración progresiva de los bastones que compromete gravemente la visión en condiciones de baja luminosidad. En la degeneración macular asociada a la edad, la disfunción del epitelio pigmentario retarda el reciclaje de los retinoides y provoca un retraso mesurable en la curva de adaptación, a veces antes de que aparezcan los hallazgos clínicos habituales en el fondo de ojo. Del griego σκότος (skótos), que significa oscuridad, y el sufijo -ικός (-ikós), relativo a. Literalmente, «relativo a la oscuridad». No. La adaptación escotópica es el proceso transitorio de ajuste de la retina cuando la luz disminuye; la visión escotópica es el modo de funcionamiento del sistema visual una vez que ese ajuste se ha completado. Uno es el tránsito; el otro, el estado que se alcanza al final. Entre 20 y 30 minutos en condiciones normales, aunque el tiempo varía según la intensidad de la luz previa y la salud de la retina. Los conos recuperan su sensibilidad máxima en los primeros 5 a 7 minutos; a partir de ahí son los bastones los que continúan ganando sensibilidad. Para ampliar información sobre la fisiología visual y conceptos afines, puede consultar:Qué es la adaptación escotópica
Cinética del proceso y curva de adaptación
Factores que modifican la velocidad de adaptación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término «escotópica»?
¿Es lo mismo adaptación escotópica que visión escotópica?
¿Cuánto tarda el ojo en adaptarse por completo a la oscuridad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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