DICCIONARIO MÉDICO
Xipamida
La xipamida es un diurético sulfamídico de techo bajo, emparentado estructuralmente con las tiazidas pero con ciertas particularidades farmacocinéticas que lo acercan, en potencia, a los diuréticos de asa. Se emplea por vía oral frente a la hipertensión arterial y los edemas de origen cardíaco, hepático o renal. Su código ATC es C03BA10. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). La xipamida pertenece a la familia de los diuréticos sulfonamídicos. No es, en sentido estricto, una tiazida (no deriva de la benzotiadiazina), pero comparte con ellas la diana farmacológica y gran parte de su perfil clínico, razón por la cual la clasificación ATC la agrupa bajo el epígrafe C03BA, "diuréticos de techo bajo excluyendo tiazidas, sulfonamidas". Fue comercializada inicialmente por Eli Lilly. Su fórmula molecular es C₁₅H₁₅ClN₂O₄S y contiene en su estructura un grupo sulfonamida, responsable de la actividad diurética, unido a un núcleo benzamídico clorado. Este rasgo químico la emparenta con otro diurético afín, la clopamida. El sitio de acción principal de la xipamida es el túbulo contorneado distal de la nefrona, donde bloquea el cotransportador de sodio y cloruro (Na⁺/Cl⁻) en la membrana luminal de las células tubulares. El resultado es una reducción de la reabsorción de sodio del orden del 5-10 % de la carga filtrada, lo que arrastra agua y aumenta el volumen urinario. Hay un matiz que la distingue del resto de tiazidas y afines. Se ha descrito que la xipamida posee también cierta actividad inhibitoria sobre la anhidrasa carbónica y que, a dosis altas, puede ejercer un efecto diurético en el segmento grueso ascendente del asa de Henle, es decir, en el territorio típico de los diuréticos de asa como la furosemida. Esta doble localización le confiere una potencia algo mayor que la de la hidroclorotiazida o la clortalidona, y justifica que algunos textos farmacológicos la sitúen en una posición "intermedia" entre ambas familias. Como ocurre con todos los diuréticos tiazídicos y afines, la xipamida favorece también la excreción renal de potasio y magnesio, lo que obliga a vigilar los niveles de electrolitos mientras se administra el fármaco. Parecen existir indicios de que su efecto clorurético es proporcionalmente mayor que el natriurético, un dato farmacodinámico inusual dentro del grupo. Tras la administración oral, la xipamida se absorbe con rapidez y de forma casi completa: la biodisponibilidad se acerca al 100 %. La concentración plasmática máxima se alcanza entre 45 minutos y 2 horas. El efecto diurético comienza a la primera o segunda hora, es máximo entre la tercera y la sexta, y se prolonga entre 12 y 24 horas. Se une en un 99 % a proteínas plasmáticas, una cifra muy elevada incluso para este grupo farmacológico, lo que contribuye a retrasar su eliminación. Aproximadamente un tercio de la dosis se glucuroniza en el hígado; el resto se excreta sin transformar por vía renal (un tercio) y fecal (dos tercios). La xipamida puede eliminarse mediante hemodiálisis, dato relevante en situaciones de sobredosificación. A corto plazo, la acción antihipertensiva de la xipamida depende de la reducción de la volemia. Este efecto, sin embargo, es transitorio: al cabo de semanas, el sistema renina-angiotensina-aldosterona se activa en respuesta a la depleción de volumen y el volumen plasmático regresa a niveles cercanos a los basales. Se acepta que el beneficio sostenido sobre la presión arterial obedece más bien a una disminución de las resistencias vasculares periféricas, un efecto vasodilatador directo que comparten, en mayor o menor medida, la mayoría de los diuréticos tiazídicos y afines. No, aunque pertenecen al mismo grupo terapéutico y actúan en el mismo segmento de la nefrona. La hidroclorotiazida es una tiazida genuina (derivada de la benzotiadiazina); la xipamida es una sulfonamida benzamídica, estructuralmente distinta. En la práctica, la xipamida resulta más potente como diurético y puede conservar eficacia en pacientes con insuficiencia renal moderada, circunstancia en la que las tiazidas clásicas pierden utilidad. Sí. Como todos los diuréticos que actúan en el túbulo distal, la xipamida aumenta la excreción urinaria de potasio. La hipopotasemia es su efecto adverso más frecuente y puede manifestarse como debilidad muscular, calambres o alteraciones del electrocardiograma. La vigilancia periódica de los electrolitos es parte habitual del seguimiento. Estrictamente, la xipamida (como todos los diuréticos) está incluida en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). La propia ficha técnica advierte que puede producir un resultado positivo en los controles de dopaje, con independencia de la indicación clínica por la que se haya prescrito. Consulte también la información clínica completa sobre la xipamida Si busca información sobre presentaciones comerciales, posología o precauciones de uso, puede consultar la ficha completa de la xipamida elaborada por el Servicio de Farmacia de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la xipamida, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la xipamida
Acción sobre la nefrona
Farmacocinética
Efecto antihipertensivo a largo plazo
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo xipamida que hidroclorotiazida?
¿La xipamida baja el potasio?
¿Se puede utilizar en deportistas?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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