DICCIONARIO MÉDICO
Xamoterol
El xamoterol (ICI 118.587) es un agonista parcial selectivo del receptor beta-1 adrenérgico. Desarrollado por ICI Pharmaceuticals, fue evaluado en insuficiencia cardíaca leve a moderada durante las décadas de 1980 y 1990, pero su uso se abandonó tras un ensayo en insuficiencia grave que mostró aumento significativo de la mortalidad (Lancet, 1990). Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El xamoterol se clasifica dentro de los agentes cardiotónicos con código ATC C01CX07. Lo que distingue farmacológicamente a un agonista parcial es que su efecto máximo queda por debajo del que produce un agonista completo: estimula el receptor de forma moderada cuando la actividad simpática es baja (por ejemplo, en reposo), pero cuando la concentración de catecolaminas endógenas es alta (durante el ejercicio o en estados de estrés), compite con la noradrenalina y se comporta, en la práctica, como un bloqueante parcial. Esa doble conducta explica el perfil hemodinámico que observaron los primeros investigadores: mejoría de la contractilidad del miocardio en reposo, sin el aumento de frecuencia cardíaca ni las arritmias que producen los agonistas completos como la dobutamina. La actividad intrínseca del xamoterol se estimó en torno al 43-45 % de la de un agonista beta-1 pleno. En pacientes con disfunción ventricular izquierda leve a moderada (clases I y II de la NYHA), el xamoterol demostró efectos consistentes en varios ensayos controlados con placebo. Aumentaba la fracción de eyección y el gasto cardíaco, aceleraba la relajación ventricular (efecto lusitrópico positivo) y mejoraba la distensibilidad del ventrículo izquierdo. La contribución auricular al llenado diastólico también se incrementaba. Un programa multicéntrico europeo aleatorizó a más de 1.000 pacientes: 617 recibieron xamoterol (200 mg dos veces al día), 135 digoxina (0,125 mg dos veces al día) y 300 placebo, durante tres meses. La capacidad de ejercicio mejoró un 37 % con xamoterol frente al 18 % con placebo. El fármaco redujo la frecuencia cardíaca máxima en ejercicio y alivió la disnea de esfuerzo, con menos efectos adversos que la digoxina. El punto de inflexión llegó con un ensayo publicado en The Lancet en julio de 1990. Se incluyeron 516 pacientes en clases funcionales III y IV de la NYHA, todos recibiendo previamente diuréticos e inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina. Se aleatorizaron a xamoterol 200 mg (352 pacientes) o placebo (164) durante 13 semanas. No se observó beneficio clínico. Pero la mortalidad fue significativamente mayor en el grupo de xamoterol: 32 pacientes (9,1 %) frente a 6 (3,7 %) en los primeros 100 días (p = 0,02). El resultado fue coherente con lo que ya se sospechaba para otros inotrópicos orales: en la insuficiencia cardíaca avanzada, donde la activación simpática ya es máxima, un agonista parcial beta-1 puede añadir estimulación deletérea en lugar de ejercer el bloqueo protector que sí consiguen los betabloqueantes puros. Tras este ensayo, el desarrollo clínico del xamoterol se interrumpió. El fármaco no llegó a comercializarse de forma sostenida. El caso del xamoterol se cita con frecuencia en la literatura cardiológica como ejemplo de cómo un mismo mecanismo farmacológico puede ser beneficioso en un estadio de la enfermedad y perjudicial en otro. Durante los años 1980, la hipótesis de que la estimulación inotrópica positiva sostenida mejoraría la insuficiencia cardíaca parecía razonable. El fracaso del xamoterol en la insuficiencia grave, junto con resultados igualmente desfavorables de la milrinona oral, contribuyó a consolidar el paradigma opuesto: que los pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada se benefician del bloqueo neurohormonal, no de la estimulación. Un betabloqueante convencional ocupa el receptor sin activarlo: bloquea la señal simpática. Un agonista parcial como el xamoterol ocupa el receptor y lo activa parcialmente. Cuando la actividad simpática basal es baja, predomina su efecto estimulante; cuando es alta, predomina su competencia con las catecolaminas y el resultado neto es de atenuación. La clave está en el nivel de tono simpático del paciente. Sí, brevemente, en algunos países europeos bajo diversos nombres comerciales a finales de los años 1980. El ensayo de 1990 en insuficiencia grave precipitó su retirada del mercado. En la insuficiencia avanzada, el sistema simpático ya funciona a pleno rendimiento: la noradrenalina circulante está elevada. En ese contexto, añadir un agonista parcial beta-1 no aporta bloqueo suficiente y puede amplificar la estimulación cardíaca, con riesgo de arritmias y muerte súbita. Los datos del ensayo de 1990 confirmaron esa sospecha con una mortalidad 2,5 veces mayor en el grupo tratado. Son conceptos opuestos. Los betabloqueantes que se utilizan hoy (carvedilol, bisoprolol, metoprolol de liberación prolongada) carecen de actividad agonista parcial relevante: bloquean el receptor sin estimularlo, reducen la frecuencia cardíaca y disminuyen la mortalidad. El fracaso del xamoterol contribuyó a establecer que, en insuficiencia cardíaca, el beneficio procede del bloqueo simpático, no de la estimulación. Si desea ampliar información sobre conceptos asociados al xamoterol, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el xamoterol
Efectos sobre la función ventricular
El ensayo en insuficiencia cardíaca grave y la retirada del fármaco
Relevancia histórica en farmacología cardiovascular
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre un agonista parcial y un betabloqueante?
¿Se comercializó alguna vez el xamoterol?
¿Por qué fracasó el xamoterol en la insuficiencia cardíaca grave?
¿Qué relación tiene el xamoterol con los betabloqueantes actuales para insuficiencia cardíaca?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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