DICCIONARIO MÉDICO
Umbral
El umbral es el valor mínimo que debe alcanzar un estímulo, una dosis o un parámetro clínico para que se produzca un efecto determinado. Por debajo de esa cifra, el efecto sencillamente no aparece. La palabra arrastra dos siglos de confusión fonética. En castellano antiguo se decía «lumbral», del latín limen, liminis (entrada, umbral), emparentado con limes, limitis (límite, frontera). Con el uso, la ele inicial se perdió: es probable que el hablante confundiera lumbral con lumbre, la palabra del fuego y el hogar, y terminara pronunciando solo la segunda parte. El Diccionario de Autoridades, en 1739, ya recogía esa doble filiación al definir el umbral como «la entrada primera, y como escalón, donde se ajustan y tropiezan las puertas de las casas», y añadía que Covarrubias «le llama también Lumbral, y le deduce del Latino Limen». En arquitectura sigue significando justo eso: la pieza inferior del hueco de una puerta, la que se pisa al entrar. Su opuesto es el dintel, la pieza superior. El Diccionario panhispánico de dudas de la RAE advierte de que ambos términos se confunden con frecuencia pese a nombrar partes contrapuestas del mismo vano. De ahí sale, por metáfora, el sentido que interesa a la medicina. El propio panhispánico recoge ya esa acepción técnica: «valor mínimo de un estímulo por debajo del cual deja de producir su efecto normal». Cruzar un umbral biológico equivale a atravesar esa puerta. Solo entonces el organismo reacciona. El término nombra fenómenos de naturaleza muy distinta, y cada uno se mide con una lógica propia. En el terreno de la percepción, el umbral es la cantidad mínima de un estímulo que un sistema sensorial llega a detectar. Bajo ese paraguas conviven varios conceptos que este diccionario desarrolla por separado, porque cada uno responde a una pregunta distinta: el umbral absoluto de la psicofísica clásica, común a cualquier sentido; el umbral de audición, propio del oído y medido en decibelios; el umbral del dolor, que separa el estímulo inocuo del doloroso; el umbral sensitivo, que la exploración neurológica utiliza para valorar el tacto, la vibración o la temperatura en una zona concreta del cuerpo; y el umbral epileptógeno, que no mide una sensación sino la susceptibilidad del cerebro a una crisis convulsiva. En el laboratorio y en la consulta, el umbral es otra cosa: un valor de corte fijado por consenso científico o por estadística poblacional, sin percepción consciente de por medio. La cifra de colesterol a partir de la cual se considera elevado o la concentración de un marcador que dispara una sospecha diagnóstica son umbrales de este tipo. Aquí no decide el paciente; decide la sociedad científica que fija el punto de corte, y esa cifra puede cambiar de una guía clínica a la siguiente. La farmacología y la toxicología manejan un tercer sentido, desarrollado en la entrada dosis umbral: la cantidad mínima de una sustancia o una radiación capaz de producir un efecto biológico detectable. Y a escala celular existe el estímulo umbral, la intensidad mínima necesaria para abrir los canales de sodio dependientes de voltaje y disparar un potencial de acción. Este último cruce funciona en términos de todo o nada. No hay una versión a medias. No. Son las dos piezas contrapuestas del hueco de una puerta: el umbral es la inferior, el dintel la superior. La confusión entre ambos aparece señalada expresamente en el Diccionario panhispánico de dudas de la RAE. No del todo. En los umbrales de percepción la variabilidad biológica es tan alta que la psicofísica clásica ni siquiera busca un punto exacto: define el umbral como la intensidad que se detecta el 50 % de las veces, no el 100 %. El umbral auditivo o el doloroso de una misma persona se mueven según la atención, el cansancio o la hora del día. En el sistema nervioso, nada en absoluto. Un estímulo subumbral despolariza algo la membrana de la neurona, pero si no alcanza el nivel crítico, en torno a 55 milivoltios bajo cero según la célula, el canal de sodio no llega a abrirse y no hay potencial de acción. Por debajo del umbral no ocurre nada; en cuanto se cruza, la respuesta es siempre completa, con independencia de cuánto se haya superado ese punto. Lo que cambia con la intensidad del estímulo no es la magnitud de cada impulso individual, sino la frecuencia con la que se disparan. Desde 1860, cuando el físico alemán Gustav Fechner publicó Elementos de psicofísica y convirtió una pregunta filosófica, cuánto estímulo hace falta para sentir algo, en un problema que se podía medir en el laboratorio.Qué es el umbral
Los distintos umbrales de la medicina
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo el umbral que el dintel?
¿El umbral es un valor fijo, igual siempre en la misma persona?
¿Qué ocurre con un estímulo que no llega al umbral?
¿Desde cuándo se mide científicamente el umbral?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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