DICCIONARIO MÉDICO
Umbral epileptógeno
El umbral epileptógeno es el grado de excitabilidad que debe alcanzar el cerebro para que se desencadene una crisis convulsiva. Cuanto más bajo está, con menos provocación aparece la crisis. El nombre reúne dos raíces griegas. Epilepsia viene de epilambánein, «coger, atacar, apoderarse de algo por sorpresa»: para los griegos, la crisis era literalmente algo que se apoderaba del enfermo. El sufijo geno, del griego genés, «que genera», es el mismo que aparece en patógeno o alérgeno. Un umbral epileptógeno bajo es, por tanto, un umbral que genera con facilidad ese apoderamiento. En el cerebro conviven de forma constante señales excitadoras e inhibidoras. Mientras ese balance se mantiene, la actividad eléctrica cerebral se desarrolla con normalidad. El umbral epileptógeno, también llamado umbral convulsivo, es el punto en el que la excitación supera a la inhibición lo suficiente como para que un grupo de neuronas descargue de forma simultánea, sincronizada y excesiva, el mecanismo que subyace a toda crisis convulsiva. No es el mismo en todas las personas, ni siquiera en la misma persona a lo largo del día. La privación de sueño es, según el Manual MSD, uno de los factores que con más consistencia baja el umbral, junto con la fiebre alta, el consumo o la retirada brusca de alcohol y, en un grupo reducido de pacientes con epilepsia refleja, estímulos concretos como luces parpadeantes, sonidos repetitivos o videojuegos. Determinados fármacos actúan en la misma dirección: los antihistamínicos y los antiparasitarios, algunos antipsicóticos como la clozapina y antidepresivos como la maprotilina figuran entre los que con más frecuencia se asocian a un descenso del umbral, y una sobredosis de fenitoína, paradójicamente un fármaco antiepiléptico, puede provocar el efecto contrario al buscado. Parte de esa variabilidad tiene un componente hereditario. No suele heredarse la epilepsia en sí, salvo en síndromes genéticos concretos, sino un umbral epileptógeno más alto o más bajo de lo habitual, que hace a una persona más o menos susceptible frente a los mismos desencadenantes que otra tolera sin consecuencias. Sí, son sinónimos. La literatura médica en español usa ambos términos de forma indistinta para referirse al mismo concepto. De forma parcial. Lo que suele transmitirse no es la epilepsia como enfermedad, sino una tendencia familiar a tener el umbral más alto o más bajo, lo que explica que algunas personas convulsionen ante un desencadenante que a otras no les afecta en absoluto. La falta de sueño, la fiebre alta y la retirada brusca de alcohol son las más documentadas. También ciertos fármacos, tomados en dosis altas o combinados de forma imprevista. Sí, evitando los factores que lo bajan y con un descanso adecuado.Qué es el umbral epileptógeno
Qué lo hace descender
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo el umbral epileptógeno que el umbral convulsivo?
¿Se hereda el umbral epileptógeno?
¿Qué situaciones bajan el umbral en cualquier persona, tenga o no epilepsia?
¿Puede subir el umbral epileptógeno?
Referencias
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