DICCIONARIO MÉDICO
Tubocurarina
La tubocurarina es el alcaloide bloqueante neuromuscular no despolarizante que se aisló por primera vez del curare y que introdujo la relajación muscular farmacológica en la anestesia quirúrgica moderna. Es un derivado bisbencilisoquinolínico de amonio cuaternario, extraído originalmente de la corteza de Chondrodendron tomentosum. Su código en la clasificación ATC es M03AA02, dentro del grupo de los alcaloides del curare. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El nombre no tiene que ver con ningún tubo anatómico, sino con el envase en el que viajaba el veneno. A finales del siglo XIX, el farmacólogo alemán Rudolf Boehm clasificó las muestras de curare que llegaban a Europa según el recipiente en el que los pueblos indígenas las almacenaban: cañas de bambú (curare de tubo), calabazas (curare de calabaza) o vasijas de barro (curare de olla). El alcaloide purificado después a partir de las muestras de tubo de bambú recibió el nombre de tubocurarina, y la correspondencia no resultó casual: décadas más tarde se confirmó que ese tipo de envasado correspondía, en la mayoría de los casos, al curare preparado con Chondrodendron tomentosum, la planta de la que efectivamente procede. Químicamente es un alcaloide bisbencilisoquinolínico, la misma familia estructural de base que comparten moléculas tan distintas como la morfina o la papaverina, aunque con una diferencia decisiva: dos grupos amonio cuaternario que le confieren carga eléctrica permanente. Esa carga explica tanto su mecanismo de acción sobre el receptor nicotínico de la placa motora como su nula absorción por vía oral. En 1935, el químico británico Harold King, del National Institute for Medical Research de Londres, logró aislar y cristalizar el alcaloide puro, y publicó su hallazgo en la revista Nature. Fue el primer bloqueante neuromuscular no despolarizante obtenido en forma pura, y con él nació el nombre tubocurarina. Lo llamativo del caso es que, en ese momento, nadie sabía con certeza de qué planta procedía: el curare que llegaba a los laboratorios europeos era un producto comercial sin trazabilidad botánica. El propio King resolvió el enigma en 1946, once años después, cuando consiguió muestras de tallo y hojas de Chondrodendron tomentosum recogidas en Perú y comprobó que su composición química coincidía con la del alcaloide aislado en 1935. Hasta entonces, la tubocurarina había sido, en sentido estricto, una molécula bien caracterizada en busca de origen. El 23 de enero de 1942, el anestesiólogo canadiense Harold Griffith y la residente Enid Johnson administraron un extracto purificado de curare, comercializado como Intocostrin, a un joven durante una apendicectomía en el Montreal Homeopathic Hospital. La relajación muscular mejoró de forma notable y permitió reducir la concentración del anestésico inhalado. Griffith y Johnson repitieron el procedimiento en otros veinticuatro pacientes y publicaron los resultados en la revista Anesthesiology en julio de ese mismo año. Aquella sesión, sencilla en apariencia, cambió la práctica anestésica en todo el mundo. Por primera vez, una sustancia hasta entonces considerada solo un veneno de caza se empleaba de forma deliberada en la anestesia general. La tubocurarina se convirtió en el prototipo frente al que se compararían, décadas después, los bloqueantes neuromusculares no despolarizantes sintéticos que la sucedieron, como el pancuronio o el rocuronio. La letra d indica su forma dextrógira, la única con actividad bloqueante relevante en la unión neuromuscular. La forma levógira, presente en cantidades mínimas en algunas muestras de curare, resultó ser mucho más débil al comprobarse su efecto sobre el músculo. No de forma habitual. La Organización Mundial de la Salud la retiró de su lista de medicamentos esenciales en 1982, sustituida en esa lista, como ejemplo de la categoría, por la galamina. Los bloqueantes neuromusculares sintéticos posteriores ofrecen un inicio de acción más rápido, una duración más previsible y menos efectos sobre el sistema nervioso autónomo, lo que explica el desplazamiento. Ninguna en su efecto, pero sí en su parentesco químico: ambas son alcaloides bencilisoquinolínicos, emparentados por rutas biosintéticas similares en las plantas que los producen. La similitud es estructural, no farmacológica. La tubocurarina bloquea receptores nicotínicos del músculo esquelético; la morfina activa receptores opioides del sistema nervioso central.Qué es la tubocurarina
Once años de alcaloide sin planta conocida
De la mesa de laboratorio al quirófano
Preguntas frecuentes
¿Por qué a veces se la llama d-tubocurarina?
¿Sigue empleándose la tubocurarina en la práctica clínica actual?
¿Qué relación tiene con la morfina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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