DICCIONARIO MÉDICO
Sufrimiento fetal
El sufrimiento fetal es el término clínico, hoy en revisión, con el que se ha designado tradicionalmente la sospecha de que el feto no recibe oxígeno suficiente durante el embarazo o el parto. Se basa en signos indirectos, como las alteraciones del ritmo cardíaco fetal, y no en una prueba directa del daño. Varias sociedades científicas recomiendan desde hace más de dos décadas sustituirlo por expresiones más precisas. El término toma el sufrimiento en su acepción clínica y lo aplica al feto: designa un estado de compromiso derivado de un aporte insuficiente de oxígeno, sospechado a partir de signos indirectos y no confirmado de manera directa. Bajo ese paraguas se agrupan, según la bibliografía anestésica, dos situaciones de gravedad distinta: la asfixia fetal, un intercambio gaseoso disminuido pero todavía persistente, y la anoxia fetal, el cese completo del intercambio, capaz de causar daño en cuestión de minutos. Esa relación de género a especie explica una confusión frecuente. Sufrimiento fetal y asfixia fetal se han usado a veces como sinónimos, pero el primero describe una sospecha basada en signos indirectos, mientras que el segundo exige una demostración objetiva del compromiso, con criterios gasométricos y clínicos definidos. Puede haber sufrimiento fetal sin que llegue a producirse asfixia. En 2002, un comité conjunto de la Sección de Medicina Perinatal de la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología y de la Sociedad Española de Neonatología concluyó que el uso clínico de «sufrimiento fetal» era inadecuado, por tratarse de una expresión que no refleja una situación definida ni demostrable, y propuso sustituirlo por «riesgo de alteración o pérdida del bienestar fetal». Tres años después, en 2005, el American College of Obstetricians and Gynecologists llegó a una conclusión parecida y recomendó, en el ámbito anglosajón, el término «estado fetal no tranquilizador», tal y como se detalla en la asfixia fetal. El argumento de fondo, compartido por ambos comités, es el mismo: los indicadores que sostienen el diagnóstico, como el registro cardiotocográfico o la presencia de meconio en el líquido amniótico, tienen una tasa de falsos positivos demasiado alta como para sostener, por sí solos, la palabra «sufrimiento». Pese al debate terminológico, la literatura obstétrica conserva una clasificación clásica en dos formas. El sufrimiento fetal crónico se instala de manera progresiva durante el embarazo, casi siempre por una insuficiencia mantenida de la placenta, y suele asociarse a un crecimiento fetal por debajo de lo esperado. El agudo, en cambio, aparece de forma brusca, casi siempre durante el trabajo de parto, por causas como la compresión del cordón umbilical o una actividad uterina excesiva. La diferencia no es solo de ritmo. El crónico refleja una adaptación fetal sostenida a un aporte insuficiente; el agudo, una caída súbita que deja poco margen de compensación. Ambos convergen, si no se resuelve la causa, en el mismo riesgo de fondo: la hipoxia mantenida. En la práctica asistencial, cada vez menos. Los comités que lo han revisado coinciden en preferir expresiones que describan mejor lo que realmente se sabe en cada momento: un riesgo, no un daño confirmado. España. El informe conjunto de la Sección de Medicina Perinatal de la SEGO y de la Sociedad Española de Neonatología, publicado en 2002, precedió en tres años a la recomendación equivalente del ACOG estadounidense. No. El sufrimiento fetal es una sospecha basada en signos indirectos; la asfixia fetal exige una demostración objetiva del compromiso, con criterios de acidosis y afectación neonatal definidos.Qué es el sufrimiento fetal
Un término en revisión
Sufrimiento fetal agudo y crónico
Preguntas frecuentes
¿Sigue siendo correcto usar la expresión «sufrimiento fetal»?
¿Quién propuso primero abandonar el término, España o Estados Unidos?
¿Es lo mismo que la asfixia fetal?
Referencias
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