DICCIONARIO MÉDICO
Cardiotocografía
La cardiotocografía (CTG) es una técnica de monitorización obstétrica que registra de forma simultánea la frecuencia cardíaca del feto y la actividad contráctil del útero materno. Se emplea sobre todo en el tercer trimestre del embarazo y durante el trabajo de parto para valorar el bienestar fetal. El nombre reúne tres raíces griegas: καρδία (kardía, "corazón"), τόκος (tókos, "parto") y γραφία (graphía, "registro gráfico"). Literalmente, pues, es el "registro gráfico del corazón en relación con el parto". Según los registros etimológicos, la forma inglesa cardiotocography se documenta por primera vez en 1969, coincidiendo con la comercialización de los primeros monitores fetales electrónicos. Sin embargo, los fundamentos de la técnica son anteriores: Roberto Caldeyro-Barcia y Hermógenes Álvarez, en Montevideo, establecieron ya en 1947 el primer sistema de registro de la presión amniótica intrauterina durante el trabajo de parto, sentando las bases de lo que después sería la monitorización electrónica fetal. Las unidades Montevideo (una medida de la intensidad contráctil uterina) llevan ese nombre en su honor. Merece atención el orden de los formantes: en cardiotocografía, el registro parte del corazón fetal y lo relaciona con la dinámica del parto. La voz tococardiografía, construida con los mismos elementos pero en orden inverso (toco + cardio + grafía), se emplea a menudo como sinónimo, aunque algunos textos reservan "tococardiografía" para referirse al procedimiento completo que integra la medición de contracciones y la del latido fetal como una unidad funcional. En la práctica clínica habitual, ambos términos son intercambiables. Se colocan dos transductores sobre el abdomen de la gestante. Uno, basado en efecto Doppler de ultrasonido, capta los latidos del corazón fetal y los convierte en una señal continua de frecuencia cardíaca. El otro es un sensor de presión (tocodinamómetro) que detecta los cambios de tensión en la pared abdominal provocados por las contracciones uterinas. Ambas señales se representan en una gráfica de doble canal: la línea superior muestra la frecuencia cardíaca fetal (valores normales entre 110 y 160 latidos por minuto) y la inferior refleja la actividad uterina. Existe también una modalidad interna, reservada para situaciones en las que el registro externo resulta insuficiente. En este caso se aplica un electrodo espiral directamente al cuero cabelludo del feto, a través del cuello uterino dilatado, y se inserta un catéter de presión intrauterina. La señal es más precisa, pero la técnica requiere que la bolsa de las aguas ya esté rota. La cardiotocografía basal (también llamada prueba sin estrés o non-stress test) se realiza sin que la gestante esté en trabajo de parto activo ni reciba ningún estímulo farmacológico. Evalúa la frecuencia cardíaca fetal en condiciones de reposo: se observan la línea de base, la variabilidad latido a latido y la presencia de aceleraciones espontáneas, que son marcadores favorables de bienestar fetal. Es la modalidad habitual en las consultas prenatales del tercer trimestre. Durante el trabajo de parto, la monitorización puede ser continua o intermitente. Lo que interesa especialmente en este contexto es cómo responde el corazón del feto a cada contracción. Las desaceleraciones transitorias de la frecuencia cardíaca pueden ser fisiológicas o indicar compromiso del aporte de oxígeno, según su morfología, su momento de aparición respecto a la contracción y su duración. La interpretación de estos patrones exige experiencia clínica; una de las limitaciones reconocidas de la CTG es su tasa de falsos positivos, que puede conducir a intervenciones innecesarias. De tres raíces griegas: καρδία (kardía, "corazón"), τόκος (tókos, "parto") y γραφία (graphía, "registro gráfico"). El término se documenta en inglés desde 1969, cuando se generalizaron los primeros monitores fetales electrónicos. En la práctica clínica, sí. Los dos términos utilizan las mismas raíces griegas en distinto orden. Algunos textos establecen matices de uso, pero la mayoría de los manuales de obstetricia los tratan como sinónimos. En español, "cardiotocografía" es la forma que predomina en la literatura especializada. Habitualmente desde la semana 27 de gestación, cuando el sistema nervioso autónomo del feto es lo bastante maduro para producir patrones de frecuencia cardíaca interpretables. Antes de esa edad gestacional, la variabilidad del registro es escasa y su valor clínico, limitado. La modalidad externa no es invasiva: los transductores se apoyan sobre la piel del abdomen materno y utilizan ultrasonido de baja potencia. No se ha demostrado ningún efecto perjudicial para el feto. La modalidad interna, al requerir la inserción de un electrodo en el cuero cabelludo fetal, conlleva un riesgo mínimo de erosión cutánea o infección local. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cardiotocografía, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cardiotocografía
Principio de funcionamiento
Modalidades de la cardiotocografía
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cardiotocografía?
¿Es lo mismo cardiotocografía que tococardiografía?
¿A partir de qué semana se puede realizar?
¿La cardiotocografía entraña riesgo para el feto?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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