DICCIONARIO MÉDICO
Sueño
El sueño es un estado fisiológico periódico y reversible, caracterizado por la reducción de la conciencia y de la respuesta a los estímulos externos, durante el cual el cerebro atraviesa fases con actividad eléctrica y funciones propias. A pesar de la quietud aparente, el organismo permanece activo: se reparan tejidos, se consolida la memoria y se regulan procesos hormonales que resultan difíciles de reproducir en estado de vigilia. La palabra sueño procede del latín somnus, emparentado con el griego hypnos y el sánscrito svapna: todas estas voces se remontan a una raíz indoeuropea, swep-, que significaba simplemente dormir. En español, el mismo término sirve además para nombrar lo que se sueña, una particularidad que se explica más abajo, en las preguntas frecuentes. Desde el punto de vista médico, el sueño se define como un estado fisiológico periódico y reversible en el que disminuyen la conciencia y la capacidad de respuesta al entorno, sin que se pierda por completo la sensibilidad a los estímulos: un ruido intenso, por ejemplo, basta para despertar a la mayoría de las personas en cualquiera de sus fases. No es un simple apagado de funciones. El electroencefalograma muestra que, en algunas fases, la actividad cerebral llega a ser tan intensa como en la vigilia. Una persona que viva ochenta años habrá dormido, en números redondos, algo más de veinticinco: cerca de un tercio de la vida transcurre en este estado. Los laboratorios de sueño identifican las distintas fases mediante tres registros simultáneos: la actividad eléctrica cerebral (electroencefalograma), los movimientos oculares (electrooculograma) y el tono muscular (electromiograma). Esta técnica combinada, la polisomnografía, permite distinguir dos grandes categorías, el sueño no REM y el sueño REM. El sueño no REM ocupa la mayor parte de la noche y se organiza en tres fases de profundidad creciente: N1, la transición desde la vigilia, apenas perceptible y fácil de interrumpir; N2, la fase intermedia, que concentra buena parte del tiempo total de sueño; y N3, el sueño de ondas lentas, el más profundo y el que más cuesta interrumpir. Hasta 2007 los manuales distinguían cuatro fases no REM en lugar de tres. Ese año, la Academia Americana de Medicina del Sueño unificó las antiguas fases 3 y 4, al comprobar que no existían diferencias fisiológicas suficientes para mantenerlas separadas. La fase REM, donde ocurren los sueños más vívidos, se caracteriza por movimientos oculares rápidos, una actividad cerebral similar a la de la vigilia y una atonía muscular casi total. Un ciclo completo, desde la fase N1 hasta el final del REM, dura entre 90 y 110 minutos y se repite entre cuatro y seis veces por noche. La proporción cambia según avanza la noche: el sueño profundo predomina en las primeras horas, y los episodios REM se alargan y se acumulan hacia la madrugada. Durante el sueño de ondas lentas, la hipófisis libera la mayor parte de la hormona del crecimiento del día, un proceso ligado a la reparación de tejidos y a la síntesis de proteínas. El sistema inmunitario también se reorganiza: distintos estudios asocian la privación de sueño con una menor respuesta a las vacunas y con niveles más altos de marcadores inflamatorios. La memoria se beneficia de un reparto de tareas entre fases. El sueño profundo no REM favorece sobre todo la consolidación de la memoria declarativa, hechos, fechas, nombres, mientras que el sueño REM se relaciona más con la memoria procedimental y con el procesamiento emocional de lo vivido durante el día. Ninguno actúa en solitario. El metabolismo energético sigue igualmente un ritmo propio durante la noche. La secreción de leptina y grelina, las hormonas que regulan el apetito, se modifica con la falta de sueño, un fenómeno que varios estudios relacionan con un mayor riesgo de obesidad. Dos procesos independientes determinan cuándo y cómo se duerme. El primero es homeostático: a medida que transcurren las horas de vigilia se acumula en el cerebro una sustancia, la adenosina, cuyo aumento progresivo genera la llamada presión de sueño. El segundo es circadiano, gobernado por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo y sincronizado con la luz ambiental a través de la secreción de melatonina. La interacción entre ambos procesos explica el ritmo sueño-vigilia que sigue el organismo a lo largo de las veinticuatro horas, con sus propios mecanismos de regulación y sus alteraciones características. El sueño se distingue del coma por su reversibilidad: un estímulo suficientemente intenso, o simplemente el paso del tiempo, basta para sacar a una persona de cualquiera de sus fases, algo que no ocurre en el coma, un estado patológico del que no se despierta por estimulación externa. La anestesia general suprime igualmente la conciencia mediante fármacos y, aunque el trazado electroencefalográfico puede parecerse al de ciertas fases del sueño, el mecanismo que la produce es farmacológico, no fisiológico. Tampoco debe confundirse con la somnolencia, la sensación subjetiva de necesitar dormir que puede presentarse en plena vigilia. Dormir es un estado; tener sueño, en el sentido coloquial, es solo el impulso que conduce a él. Por una fusión lingüística: el latín distinguía somnus, el acto de dormir, de somnium, lo soñado, un derivado del propio somnus. El castellano terminó fundiendo ambos sentidos en una sola palabra, algo que no ocurrió en todas las lenguas vecinas. La entrada dedicada a los sueños explica el porqué de esa fusión. Depende de la edad. Las sociedades científicas sitúan la cifra en torno a 7-9 horas para el adulto sano, algo más para los adolescentes y bastante más para los recién nacidos, que pueden dormir hasta 16 horas al día. No exactamente. El descanso puede lograrse despierto, con una simple relajación muscular o mental; el sueño, en cambio, implica cambios electroencefalográficos y una pérdida parcial de la conciencia que el reposo consciente no produce. Prácticamente todos los animales estudiados muestran algún tipo de reposo periódico, aunque no todos duermen del mismo modo que los seres humanos. Los delfines y otros cetáceos, por ejemplo, duermen con un solo hemisferio cerebral a la vez, mientras el otro permanece alerta para poder salir a respirar. Las aves migratorias pueden dormir en vuelo, en microperiodos de apenas unos segundos. Incluso organismos mucho más simples, como la mosca de la fruta, entran en estados de inactividad con criterios similares a los del sueño de los mamíferos: umbral de estimulación elevado y recuperación tras la privación. La comparación entre especies es una de las vías por las que la ciencia intenta averiguar para qué sirve dormir.Qué es el sueño
Fases del sueño
Función biológica del sueño
Regulación del sueño
Diferenciación con otros estados de conciencia
Preguntas frecuentes
¿Por qué la palabra «sueño» sirve tanto para dormir como para lo soñado?
¿Cuántas horas de sueño se recomiendan?
¿Es lo mismo dormir que descansar?
¿Duermen todos los animales?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026