DICCIONARIO MÉDICO
Somnolencia
La somnolencia es la tendencia a quedarse dormido en momentos o lugares en los que lo esperable es mantenerse despierto, con una intensidad que va de una pesadez pasajera a episodios de sueño involuntario. Aparece de forma normal cuando se acumula falta de descanso, pero también puede señalar un trastorno del sueño o una enfermedad de base cuando se repite sin motivo aparente. MedlinePlus la define como la sensación de tener más sueño de lo normal durante el día, hasta el punto de quedarse dormido de forma involuntaria o en momentos que pueden resultar peligrosos. La palabra procede del latín somnolentia, formado sobre somnus (sueño) mediante el sufijo -lentus, el mismo que aparece en corpulento (lleno de cuerpo) o en virulento (lleno de veneno). Somnolencia significa, con esa misma lógica, "lleno de sueño". Conviene no confundirla con el sueño mismo. El sueño es el estado en el que ya se está dormido. La somnolencia es el impulso previo, la fuerza que empuja hacia ese estado y que en condiciones normales se resiste sin esfuerzo durante buena parte del día. El impulso de dormir obedece a dos mecanismos que trabajan en paralelo. Uno es homeostático: mientras se está despierto se acumulan en el cerebro sustancias como la adenosina, que actúan casi como un cronómetro químico llenándose desde el último despertar hasta que el sueño lo vacía. El otro es circadiano, gobernado por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, que ajusta el reloj interno al ciclo de luz y oscuridad con independencia de cuánto se haya dormido. Descritos por el investigador suizo Alexander Borbély a comienzos de los años ochenta, estos dos procesos no siempre están sincronizados. Un vuelo transoceánico, un turno de noche o varios días seguidos de dormir menos de lo necesario bastan para que uno de los dos se desajuste y la somnolencia aparezca en un momento inoportuno. La causa más habitual, con diferencia, es la privación de sueño: dormir menos horas de las necesarias o hacerlo de forma fragmentada. Puede deberse también a enfermedades que alteran la arquitectura del sueño sin que el paciente lo perciba (la apnea del sueño es el ejemplo más frecuente), a trastornos metabólicos, como el hipotiroidismo o las alteraciones del sodio en sangre, o al efecto de fármacos sedantes, antihistamínicos y ansiolíticos. Existe además un grupo de enfermedades neurológicas en las que la somnolencia diurna no es una consecuencia indirecta sino el síntoma central. El síndrome de narcolepsia y cataplejia es el ejemplo más conocido: el cerebro pierde la capacidad de mantener la vigilia de forma estable y el sueño irrumpe en momentos y lugares inapropiados, a veces varias veces al día. No es lo mismo que la fatiga. Quien tiene somnolencia lucha activamente contra el sueño y, en una situación monótona como una reunión larga o un trayecto en tren, puede llegar a quedarse dormido pese a intentar evitarlo. La fatiga es distinta: una falta de energía o de motivación que no va acompañada de ese impulso concreto hacia el sueño. Tampoco debe confundirse con los estados de conciencia deprimida por una lesión o enfermedad neurológica. El sopor y la letargia comparten con la somnolencia la dificultad para mantenerse despierto, pero en ellos la causa es una alteración orgánica del sistema nervioso central, no un simple exceso de sueño acumulado, y la persona no recupera la alerta normal con solo dormir un rato. Su opuesto conceptual es el insomnio, la incapacidad para conciliar o mantener el sueño pese a tener ocasión de hacerlo. Solo en parte. La somnolencia posprandial es un episodio leve y transitorio, ligado a la digestión y a un descenso natural de la alerta que ocurre a primera hora de la tarde en casi todo el mundo. Se convierte en un motivo de consulta solo cuando es desproporcionada o aparece también en otros momentos del día. Las cifras varían mucho según cómo se mida. Una revisión publicada en 2013 en la revista Salud Mental recoge que, en la población general adulta, entre el 16 % y el 32 % refiere algún grado de somnolencia diurna. Los estudiantes de medicina figuran, en varios estudios latinoamericanos, entre los grupos con las cifras más elevadas, con porcentajes que en algunas muestras han superado el 50 %. No siempre. Cuando es ocasional y responde a una causa identificable, como unas noches de mal descanso o un cambio de horario, se resuelve sola. Se habla de somnolencia diurna excesiva cuando el síntoma se repite casi a diario durante varios meses, y en ese caso se investiga como manifestación de otra enfermedad, no como un diagnóstico independiente. Depende de la causa. Si el origen es la simple falta de sueño acumulada, una siesta breve la alivia con rapidez. Si el origen es una enfermedad neurológica o metabólica, el alivio suele ser parcial y la somnolencia vuelve a las pocas horas.Qué es la somnolencia
Por qué aparece
Causas más frecuentes
Somnolencia, fatiga y otros estados próximos
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que tener sueño después de comer?
¿Cuántas personas la sufren?
¿La somnolencia diurna excesiva es una enfermedad en sí misma?
¿Desaparece durmiendo una siesta?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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