DICCIONARIO MÉDICO
Status epiléptico
El status epiléptico, también llamado estado epiléptico, es una crisis que se prolonga más allá del tiempo en que el cerebro suele interrumpirla por sí solo, o una serie de crisis que se repiten sin que la persona recupere la conciencia entre ellas. La Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE) lo define como el resultado de un fallo en los mecanismos que ponen fin a una crisis, o de la puesta en marcha de mecanismos que la sostienen de forma anómala. Es una de las urgencias neurológicas con mayor mortalidad y puede dejar secuelas neuronales si la actividad eléctrica se mantiene el tiempo suficiente. Del latín status (estado, participio de stare, permanecer) y epilepticus (relativo a la epilepsia), el nombre describe con bastante precisión lo que ocurre: una crisis que no acaba, o una cadena de crisis que no da tregua al cerebro. Detrás de la palabra hay una historia curiosa. En 1824, el psiquiatra francés Louis Florentin Calmeil recogió en su tesis doctoral una sucesión de hasta sesenta crisis sin interrupción, un cuadro que los propios pacientes de la Salpêtrière llamaban état de mal. Cuatro décadas más tarde, en 1867, el traductor Victor Bazire latinizó la expresión francesa al verter al inglés las lecciones de medicina clínica de Armand Trousseau, y de ahí quedó el nombre que hoy circula en toda la literatura médica. Una crisis epiléptica ordinaria se autolimita: los mecanismos inhibidores del cerebro frenan la descarga neuronal excesiva al cabo de uno o dos minutos. En el status, esos mecanismos fallan, o se activan otros que sostienen la crisis en marcha, y la descarga se perpetúa. No es una entidad propia sino la manifestación extrema a la que puede llegar prácticamente cualquier forma de epilepsia, y también puede presentarse en personas que nunca antes habían tenido una crisis. Durante buena parte del siglo XX no hubo acuerdo sobre cuánto debía durar una crisis para merecer este nombre: las cifras manejadas iban de los cinco minutos a la media hora, según el autor y la década. La ILAE zanjó la discusión en 2015 con una definición operacional construida sobre dos puntos temporales, t1 y t2. Pasado t1, la crisis deja de considerarse un episodio aislado y pasa a tratarse como actividad continua; pasado t2, aumenta el riesgo de daño neuronal permanente. Para el status tónico-clónico generalizado, la forma más frecuente y más grave, t1 se sitúa en cinco minutos y t2 en treinta. En el status focal con alteración de la conciencia, ambos plazos se alargan: diez minutos y sesenta, respectivamente. La clasificación vigente de la ILAE distingue los tipos según tres ejes: la semiología, el patrón electroencefalográfico y la edad del paciente. En la práctica, la distinción que más pesa sigue siendo clínica. El status convulsivo, con sacudidas tónico-clónicas generalizadas, resulta evidente incluso para quien no tiene formación médica. El no convulsivo es mucho más difícil de reconocer: puede reducirse a una alteración fluctuante del nivel de conciencia, a automatismos motores discretos o a una simple lentitud mental, sin ninguna sacudida que delate lo que ocurre por dentro. Por esa discreción, es frecuente que pase inadvertido en pacientes que ya tenían alterada la conciencia por otra causa. No toda crisis prolongada es un status, y no todo status procede de una epilepsia ya diagnosticada. Una crisis aislada se resuelve por sí sola en uno o dos minutos y no exige más que la vigilancia; el status, por definición, ha rebasado ese margen de autolimitación. Tampoco debe confundirse con la epilepsia como enfermedad de fondo. El antecedente no es necesario. Una persona puede llevar años sin una sola crisis y sufrir, aun así, un único episodio de status desencadenado por una causa aguda, sin que ello signifique que su enfermedad se ha agravado de forma permanente. La epilepsia focal, en concreto, tiene más tendencia a manifestarse como status no convulsivo que las formas generalizadas. Del latín. Status, participio de stare ("permanecer"), y epilepticus, relativo a la epilepsia. La expresión francesa que lo precedió, état de mal, nació entre los pacientes de la Salpêtrière y llegó a la literatura médica en 1824 de la mano del psiquiatra Louis Florentin Calmeil. No exactamente. Toda crisis que supera los cinco minutos entra ya en el terreno del status según los criterios de 2015 de la ILAE, pero el término también engloba las crisis que se repiten en serie sin que la persona recupere la conciencia entre una y otra. Sí. Una proporción relevante de los casos ocurre en personas sin diagnóstico previo de epilepsia, como primera manifestación de una lesión cerebral aguda, una infección del sistema nervioso o un trastorno metabólico grave. En estos pacientes, el status no es forzosamente el inicio de una epilepsia crónica. La convulsiva cursa con sacudidas musculares generalizadas y resulta difícil de pasar por alto. La no convulsiva puede reducirse a una alteración de la conciencia sin ningún movimiento anómalo visible, lo que retrasa con frecuencia su reconocimiento y explica buena parte de los casos que se diagnostican tarde. Consulte también la información clínica completa sobre la epilepsia Si busca información sobre el abordaje del status epiléptico y de las demás formas de epilepsia, puede consultar la página de epilepsia elaborada por el Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra.Qué es el status epiléptico
La definición operacional de la ILAE
Formas clínicas: con y sin convulsiones
Diferenciación con la crisis aislada y con la epilepsia de base
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre status epilepticus?
¿Es lo mismo que una crisis epiléptica prolongada?
¿Puede sufrirlo alguien que nunca ha tenido epilepsia?
¿Qué diferencia hay entre la forma convulsiva y la no convulsiva?
Referencias
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