DICCIONARIO MÉDICO
Secretina
La secretina es la hormona peptídica que las células S del duodeno liberan al detectar la llegada de quimo ácido procedente del estómago, y que ordena al páncreas y al hígado producir un líquido rico en bicarbonato capaz de neutralizarlo. El nombre procede de secreción, y esta a su vez del latín secretio, -onis ("separación"), participio del verbo secernere (se-, apartar, y cernere, separar o discernir). William Bayliss y Ernest Starling la bautizaron así en 1902 porque el efecto que acababan de observar consistía, precisamente, en provocar la secreción del jugo pancreático. El hallazgo ocurrió mientras ambos fisiólogos investigaban en Londres el control nervioso de la digestión. Introdujeron ácido en un asa intestinal de un perro con todos los nervios seccionados y comprobaron que el páncreas, pese a la ausencia de conexión nerviosa, seguía respondiendo. Inyectaron después un extracto de mucosa yeyunal directamente en la sangre y obtuvieron el mismo resultado: algo viajaba por el torrente sanguíneo y activaba la glándula a distancia. Aquello contradecía la teoría vigente de Iván Pávlov, para quien la secreción pancreática dependía por completo de reflejos nerviosos. Tres años más tarde, en 1905, Starling recurrió al término griego que significa excitar o poner en movimiento para acuñar la palabra hormona, y lo hizo pensando expresamente en la secretina. Por eso se la considera la primera hormona identificada en la historia de la fisiología, un año antes incluso de que existiera la palabra para nombrarla. Es un péptido de 27 aminoácidos que se origina a partir de un precursor de 120, la prosecretina, del que se escinde tras la activación por el ácido. Comparte una parte relevante de su secuencia con el glucagón, el péptido intestinal vasoactivo (VIP), el péptido inhibidor gástrico (GIP) y la hormona liberadora de somatotropina, lo que ha llevado a agruparlos bajo la denominación de familia de la secretina. Todos ellos actúan sobre receptores acoplados a proteínas G de clase B, entre los que se encuentra el receptor específico de la secretina, cuya activación desencadena la producción de AMP cíclico en el interior de la célula diana. Décadas después del hallazgo original, los bioquímicos suecos Erik Jorpes y Viktor Mutt lograron aislarla en forma pura y determinar su secuencia exacta, un paso que permitió por fin sintetizarla y estudiarla con precisión. Las células S se concentran en la mucosa del duodeno y, en menor medida, del yeyuno proximal. Permanecen inactivas hasta que el contenido gástrico parcialmente digerido, el quimo, entra en el intestino y hace descender el pH luminal por debajo de 4,5. Los ácidos grasos también estimulan su liberación, aunque con menos fuerza que el propio ácido. Su acción principal recae sobre las células de los conductos pancreáticos y biliares, así como sobre las glándulas de Brunner del duodeno: todas ellas responden vertiendo un líquido rico en bicarbonato que neutraliza la acidez recién llegada y crea el entorno alcalino que necesitan las enzimas digestivas para trabajar. La respuesta es rápida. Además, potencia el efecto de la colecistoquinina sobre las células acinares del páncreas, de modo que ambas hormonas terminan reforzándose mutuamente en la digestión de un mismo bolo alimenticio. Por otro lado, frena la secreción de gastrina y enlentece el vaciado gástrico, dando así tiempo al duodeno para procesar lo que ya ha recibido antes de que llegue más contenido. La gastrina se libera en el estómago y hace justo lo contrario: estimula la secreción de ácido. La secretina actúa después, cuando ese ácido ya ha llegado al duodeno, y su papel es neutralizarlo. Con la colecistoquinina la relación es de cooperación más que de oposición: nace en el mismo tramo intestinal y ante estímulos parecidos, pero se dirige sobre todo a las células acinares para que liberen enzimas, mientras que la secretina se dirige a los conductos para que aporten agua y bicarbonato. Su capacidad para provocar una elevación paradójica de la gastrina en determinados tumores neuroendocrinos se ha aprovechado como apoyo diagnóstico en el estudio del gastrinoma, aunque este uso corresponde ya al terreno de las pruebas complementarias, no a la fisiología de la hormona en sí. De secreción, del latín secretio. Bayliss y Starling eligieron ese nombre en 1902 porque la sustancia que habían aislado provocaba, precisamente, la secreción del jugo pancreático. Sí. Starling se basó en ella para acuñar en 1905 la propia palabra hormona, así que la secretina no solo fue la primera en identificarse, sino la que dio origen al concepto. El destino celular de su acción. La secretina estimula los conductos pancreáticos para que secreten bicarbonato; la colecistoquinina estimula las células acinares para que liberen enzimas digestivas. Un pH duodenal inferior a 4,5, es decir, la llegada de quimo ácido procedente del estómago. Los ácidos grasos contribuyen en menor medida. No, aunque durante unos años se creyó lo contrario. En 1998 un estudio sin grupo de control describió mejoras llamativas en tres niños con autismo tras administrarles secretina, y la noticia generó una demanda considerable del producto. Las dieciséis ensayos aleatorizados y controlados con placebo que se hicieron después, con más de 900 niños en total, no encontraron ningún beneficio real. La revisión Cochrane de 2012 fue la que cerró definitivamente la cuestión.Qué es la secretina
Estructura y familia de péptidos
Liberación y acciones digestivas
Diferenciación con hormonas próximas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre secretina?
¿Es realmente la primera hormona descubierta?
¿Qué la diferencia de la colecistoquinina?
¿Qué desencadena su liberación?
¿Sirve la secretina para tratar el autismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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