DICCIONARIO MÉDICO
Retinosquisis ligada al sexo
La retinosquisis ligada al sexo es una enfermedad hereditaria de la retina, causada por mutaciones en el gen RS1, que afecta casi exclusivamente a varones y se manifiesta desde la infancia. Provoca una separación progresiva de las capas retinianas, más marcada en la región macular, y su gravedad varía mucho de un paciente a otro incluso dentro de la misma familia. También se la conoce como retinosquisis juvenil, retinosquisis congénita ligada al cromosoma X o, en la literatura especializada, simplemente XLRS. Los tres nombres designan el mismo cuadro: una distrofia retiniana hereditaria en la que las capas internas de la retina se dividen desde etapas muy tempranas de la vida, casi siempre antes de que el niño llegue a la escuela primaria. Puede consultar el concepto general de esta división de capas, común a otras formas de la enfermedad, en la entrada sobre la retinosquisis. La primera descripción se atribuye al oftalmólogo austríaco Josef Haas, que en 1898 observó el cuadro en dos hermanos varones y lo interpretó, de forma errónea, como un proceso inflamatorio. El patrón hereditario real no se reconoció hasta 1913, cuando Pagenstecher publicó un árbol genealógico familiar en el que la transmisión seguía con claridad el cromosoma X. El gen responsable, denominado RS1, se localiza en el brazo corto del cromosoma X, en la banda Xp22. Contiene seis exones y codifica la retinosquisina, una proteína de 224 aminoácidos que las células fotorreceptoras y bipolares segregan hacia el espacio que las rodea. Se conocen más de ciento noventa mutaciones distintas capaces de producir la enfermedad, la mayoría de ellas concentradas en la región de la proteína que le permite ensamblarse en complejos. La retinosquisina actúa como una especie de pegamento molecular: mantiene unidas entre sí las capas de la retina al favorecer la adhesión entre fotorreceptores y células bipolares, y parece intervenir además en el funcionamiento de las células de Müller, las principales células de sostén del tejido retiniano. Cuando la proteína falta o no se pliega correctamente, esa cohesión se pierde y aparecen las cavidades características de la esquisis. La enfermedad se transmite con un patrón recesivo ligado al cromosoma X. Los varones que heredan la mutación la manifiestan siempre; las mujeres portadoras, en cambio, suelen permanecer asintomáticas, ya que conservan una copia sana del gen en su segundo cromosoma X. Se estima que afecta a entre 1 de cada 5.000 y 1 de cada 25.000 varones en todo el mundo. El hallazgo más constante se localiza en la fóvea, el punto de máxima agudeza visual: pequeños quistes dispuestos en estrías que irradian desde el centro, con un aspecto que recuerda a los radios de una rueda. En torno a la mitad de los pacientes presenta además esquisis en la periferia de la retina, con más frecuencia en el cuadrante inferior y temporal. Con el tiempo, ese patrón radiado tiende a atenuarse y puede acabar reduciéndose a un simple deslucimiento del reflejo foveal. La exploración electrofisiológica aporta un dato distintivo. El electrorretinograma muestra una reducción marcada de la llamada onda b, con una onda a relativamente conservada, un patrón que los especialistas describen como electronegativo y que refleja el origen del defecto en las capas internas de la retina más que en los propios fotorreceptores. La enfermedad de Goldmann-Favre puede producir una maculopatía esquisiforme de aspecto muy parecido, pero obedece a mutaciones en un gen distinto y suele acompañarse de ceguera nocturna, un síntoma ausente en la forma ligada al sexo. Con la retinosquisis idiopática la distinción es todavía más nítida: aquella carece de base genética demostrable, afecta sobre todo a mujeres y la separación ocurre en una capa distinta de la retina. Y con la retinosquisis senil apenas hay confusión posible, porque esta última aparece décadas más tarde y se limita casi siempre a la periferia. Porque el gen RS1 está en el cromosoma X y la mutación es recesiva. Un varón solo tiene un cromosoma X, así que una única copia alterada basta para que la enfermedad se manifieste. Una mujer necesitaría heredar la mutación en sus dos copias del gen, algo mucho menos probable. Rara vez, y sobre todo en familias con matrimonios consanguíneos, donde una mujer puede heredar la mutación por ambas líneas. Fuera de esos casos poco comunes, las portadoras no suelen presentar alteraciones visuales apreciables. La pérdida de visión suele progresar durante la primera y la segunda década de la vida y después se estabiliza, a veces durante varias décadas. No es raro, sin embargo, que a partir de la quinta o sexta década vuelva a producirse un deterioro adicional asociado a cambios atróficos en la mácula. Sí, mediante el estudio genético del gen RS1 en familiares de un caso ya diagnosticado. El análisis directo del gen identifica la mutación causante en la gran mayoría de los pacientes. Fue Pagenstecher, en 1913, quince años después de la primera descripción clínica de Haas. Hasta entonces se había interpretado como un proceso inflamatorio adquirido, y no como una enfermedad transmitida de padres a hijos.Qué es la retinosquisis ligada al sexo
Base genética y mecanismo
Manifestaciones características
Diferenciación con otras formas de esquisis
Preguntas frecuentes
¿Por qué esta enfermedad afecta casi solo a los varones?
¿Las mujeres portadoras pueden tener algún síntoma?
¿La enfermedad empeora con el paso de los años?
¿Se puede detectar antes de que aparezcan los primeros síntomas?
¿Quién identificó el patrón hereditario de esta enfermedad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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