DICCIONARIO MÉDICO
Quinta enfermedad
La quinta enfermedad, cuyo nombre médico es eritema infeccioso, es una infección vírica leve y propia de la infancia causada por el parvovirus B19. Debe su nombre a una clasificación histórica de las enfermedades exantemáticas infantiles, en la que ocupaba justamente el quinto puesto de una lista de seis. Se trata de una entidad nosológica bien delimitada dentro del amplio grupo de los exantemas infecciosos de la infancia, junto al sarampión o la escarlatina. También se la conoce como megaloeritema, un nombre menos frecuente que alude a la extensión de la erupción cutánea. El agente causante es un virus muy pequeño, de ADN monocatenario, que tiene predilección por los precursores de los glóbulos rojos en la médula ósea. A finales del siglo XIX, los pediatras europeos ordenaron por número de aparición en la literatura médica las erupciones cutáneas infantiles más frecuentes. El sarampión y la escarlatina se disputan el primer y segundo puesto sin que quede claro cuál se describió antes; la rubéola, documentada en 1881, ocupa el tercero. El cuarto lugar corresponde a una entidad hoy discutida, descrita por separado por Nil Filatov en 1885 y por Clement Dukes en 1894, y que Dukes terminó de perfilar como enfermedad propia en 1900. La comunidad científica actual no la reconoce como enfermedad independiente: buena parte de los casos que se le atribuyeron probablemente correspondían a la toxina exfoliativa del estafilococo dorado. El eritema infeccioso fue descrito como entidad clínica propia en 1905, y con él se completó la quinta posición de la lista. El sexto y último lugar quedó para el exantema súbito, descrito en 1910 por el pediatra John Zahorsky y causado por el virus del herpes humano tipo 6. Ese orden correlativo, más una curiosidad histórica que una clasificación científica rigurosa, es el que ha dado nombre a la quinta enfermedad hasta nuestros días. Entre la descripción clínica de la quinta enfermedad y la identificación de su causa transcurrieron setenta años. En 1975, la viróloga australiana Yvonne Cossart, mientras realizaba cribados rutinarios de hepatitis B en sueros de donantes de sangre en Londres, encontró partículas víricas desconocidas en una muestra codificada como el número 19 del panel B, de donde procede el nombre parvovirus B19. Durante varios años se le consideró un "virus huérfano": un hallazgo de laboratorio sin enfermedad conocida que le correspondiera. El médico John Pattison lo relacionó en 1981 con las crisis transitorias de anemia grave que sufrían algunos niños con enfermedades hematológicas crónicas. Fue Mary Anderson quien, en 1983, cerró el círculo: mediante la inoculación del virus en voluntarios sanos, demostró que era efectivamente el causante del eritema infeccioso, la quinta enfermedad que llevaba casi ochenta años esperando un agente identificado. Afecta sobre todo a niños en edad escolar, con predominio en primavera y brotes que se repiten cada tres o cuatro años. Se transmite por secreciones respiratorias, y el periodo de mayor contagiosidad se sitúa antes de que aparezca la erupción cutánea, lo que dificulta cualquier intento de aislamiento una vez que el sarpullido ya es visible. Frente a otros exantemas de la infancia como el sarampión o el exantema súbito, se distingue por su erupción en dos fases: primero facial, con el aspecto de mejillas abofeteadas, y después reticulada o en encaje sobre el tronco y las extremidades. En la mayoría de los niños sanos el cuadro se resuelve sin dejar huella. La excepción nosológica son dos grupos de riesgo bien identificados: las personas con anemia hemolítica crónica, en quienes el virus puede desencadenar una crisis aplásica transitoria al frenar en seco la producción de glóbulos rojos, y las mujeres embarazadas infectadas antes de la semana veinte de gestación, en las que se ha descrito hidropesía fetal. No. Comparten el hecho de formar parte de la misma lista histórica de exantemas infantiles, pero la rubéola ocupa el tercer puesto y está causada por un virus completamente distinto (el rubivirus), no por el parvovirus B19. En 1975, aunque de forma casual. Yvonne Cossart lo encontró mientras buscaba otra cosa: antígenos del virus de la hepatitis B en muestras de donantes de sangre. Porque la existencia de la cuarta enfermedad como entidad propia es objeto de debate desde hace décadas. Al no haberse demostrado un agente causal específico y distinto de otras erupciones ya conocidas, muchos manuales médicos la omiten directamente y presentan la quinta enfermedad como si continuara a la rubéola sin solución de continuidad. Si desea ampliar información sobre la quinta enfermedad y los exantemas infantiles, puede consultar:Qué es la quinta enfermedad
El origen de una lista de seis enfermedades
Del virus desconocido a la enfermedad con nombre
Epidemiología y diferenciación con otros exantemas
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la quinta enfermedad y la rubéola?
¿Cuándo se descubrió el virus que la causa?
¿Por qué la lista salta directamente de la cuarta a la quinta enfermedad en muchos textos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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