DICCIONARIO MÉDICO
Profago
El profago es el genoma de un bacteriófago moderado integrado en el cromosoma de la bacteria que ha infectado, en un estado latente que se transmite a la descendencia bacteriana en cada división celular. No es un virus con capacidad infectiva inmediata: es ADN vírico agazapado dentro de otro genoma, a la espera de una señal que le permita reactivarse. Cuando un bacteriófago moderado infecta una bacteria, puede seguir dos caminos distintos. En el ciclo lítico se replica de inmediato y termina destruyendo a la célula huésped; en el ciclo lisogénico, en cambio, su material genético se inserta en el cromosoma bacteriano y permanece allí, silenciado, durante un número indeterminado de generaciones. Ese estado de reposo es lo que se denomina profago. Fue André Lwoff quien, a comienzos de los años cincuenta, explicó por primera vez el mecanismo de este comportamiento (un hallazgo que compartiría con François Jacob y Jacques Monod en el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1965). El fago, en ese estado, no se comporta como tal: no produce proteínas víricas, no se empaqueta en cápsides, no lisa nada. Se limita a copiarse junto con el resto del cromosoma bacteriano. La inserción no ocurre al azar. Requiere una integrasa codificada por el propio fago, que reconoce una secuencia de anclaje en su genoma circular (attP) y otra homóloga en el cromosoma bacteriano (attB). El intercambio de cadenas entre ambos sitios, mediado por esa enzima con la colaboración de proteínas del huésped, deja el ADN vírico incorporado como una pieza más del cromosoma. El mantenimiento del estado lisogénico depende, en gran medida, de una sola proteína: el represor cI. Mientras su concentración se mantenga alta, bloquea la transcripción de los genes necesarios para el ciclo lítico y el profago permanece inmóvil. Ese mismo represor confiere además a la bacteria inmunidad frente a la reinfección por fagos idénticos, porque actúa también sobre el ADN de cualquier fago homólogo que intente entrar de nuevo en la célula. El equilibrio puede romperse. Situaciones de estrés celular (radiación ultravioleta, ciertos agentes químicos, la respuesta SOS que la propia bacteria activa frente al daño en su ADN) inactivan al represor cI, y el profago recupera entonces su capacidad de expresarse. La integrasa colabora con una segunda enzima, la escisionasa, para revertir la reacción de integración: el ADN vírico se separa del cromosoma, recupera su forma circular independiente y entra en el ciclo lítico, que culmina con la lisis de la célula huésped. La presencia de un profago no siempre es un paréntesis silencioso. Algunos genes que el fago aporta se expresan incluso durante la lisogenia y pueden dotar a la bacteria de propiedades que no tenía antes de la infección, fenómeno que se conoce como conversión lisogénica o fágica. El fago decide, en cierto modo, lo que la bacteria puede llegar a hacer. El ejemplo más citado es el de la difteria: la toxina causante de la enfermedad solo la producen las cepas de Corynebacterium diphtheriae infectadas por un fago del grupo beta, portador del gen tox; las cepas sin ese profago son inofensivas. Algo equivalente sucede con el cólera, cuya toxina la introduce un fago filamentoso llamado CTXφ que infecta a Vibrio cholerae y se integra en su genoma. El botulismo de los tipos C y D sigue un patrón parecido: la neurotoxina responsable procede de un profago presente en la cepa implicada de Clostridium botulinum, no del genoma bacteriano en sentido estricto. El profago no debe confundirse con el provirus, aunque ambos comparten la idea de un genoma vírico integrado. El provirus es el término reservado para los retrovirus que se insertan en el genoma de una célula eucariota mediante una maquinaria distinta, la transcriptasa inversa y la integrasa retroviral, con consecuencias biológicas muy diferentes de las que tiene un profago bacteriano. Tampoco equivale a un plásmido. Un plásmido es una molécula de ADN extracromosómica que se replica de forma autónoma. El profago, salvo excepciones, pierde esa autonomía en cuanto se integra: pasa a depender por completo de la maquinaria de replicación del cromosoma bacteriano que lo alberga. No, estrictamente no. Es ADN vírico integrado y silenciado en el cromosoma bacteriano; solo recupera su comportamiento vírico si se induce y se escinde de nuevo. Es el fenómeno por el que un profago aporta a la bacteria que lo alberga genes que se expresan incluso durante la lisogenia, y que pueden dotarla de propiedades nuevas, la producción de una toxina, por ejemplo. No ocurre con todos los profagos, solo con los que portan ese tipo de genes. No. Muchos acumulan mutaciones que los inutilizan para completar el ciclo lítico. Se los llama profagos defectivos, y quedan fijados en el cromosoma como restos genéticos incapaces ya de generar partículas virales completas. El plásmido se replica de forma autónoma, con su propia maquinaria. El profago, una vez integrado, depende por completo de la replicación del cromosoma bacteriano que lo contiene.Qué es un profago
Mecanismo de integración y mantenimiento de la lisogenia
Inducción y escisión del profago
Conversión lisogénica: nuevas propiedades para la bacteria
Diferenciación con conceptos afines
Preguntas frecuentes
¿El profago es un virus?
¿Qué es la conversión lisogénica?
¿Todo profago puede volver a activarse?
¿En qué se diferencia un profago de un plásmido?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026