DICCIONARIO MÉDICO
Procesamiento de la información
El procesamiento de la información es el marco teórico de la psicología cognitiva que describe la mente humana mediante la metáfora del ordenador: un sistema que recibe información, la codifica, la almacena en distintos registros de memoria y la recupera para generar una respuesta. No debe confundirse con el procesamiento en general, que es el fenómeno; este es, específicamente, el modelo que lo explica. La expresión combina procesamiento, del latín processus, con información, del latín informatio, derivado a su vez de informare: "dar forma", "instruir", "moldear una idea en la mente de alguien". El significado clásico ya apuntaba, sin saberlo, a lo que la psicología cognitiva haría dos milenios después con la palabra: tratar el conocimiento como algo que se moldea por etapas, no como un bloque que simplemente se adquiere o se pierde. Como enfoque, el procesamiento de la información no es una técnica ni un experimento aislado, sino una manera de plantear preguntas sobre la mente. En lugar de observar solo la conducta visible (el objeto de estudio del conductismo que lo precedió), sus defensores empezaron a preguntar qué ocurre entre el estímulo y la respuesta, y a responder con diagramas de flujo, cajas y flechas, tomados prestados de la ingeniería de sistemas. El punto de partida suele fijarse a mediados de los años cincuenta. En 1956, George Miller publicó un trabajo sobre los límites de la memoria inmediata que popularizó la cifra de siete elementos, más menos dos, como capacidad aproximada de lo que una persona puede retener a la vez. Dos años después, Donald Broadbent propuso el primer modelo estructural de la atención, conocido como teoría del filtro: la información entra por varios canales sensoriales a la vez, pero un filtro selectivo solo deja pasar uno de ellos hacia el procesamiento consciente. En 1968, Richard Atkinson y Richard Shiffrin propusieron el modelo que terminaría llamándose modelo modal, porque describía el modo típico de funcionamiento de la memoria más que una teoría entre varias. Distinguía tres almacenes: un registro sensorial brevísimo, una memoria a corto plazo de capacidad limitada y una memoria a largo plazo prácticamente sin límite. Entre ellos operaban los llamados procesos de control, entre los que se contaban el repaso, la atención y la codificación. Ulric Neisser publicó en 1967 el libro que dio nombre a toda la disciplina, Cognitive Psychology. No presentaba un modelo cerrado, sino un programa de investigación: la mente podía estudiarse por analogía con el procesamiento de datos, sin que eso implicara que el cerebro funcionase literalmente como un ordenador digital. El registro sensorial retiene la información en bruto durante fracciones de segundo: la llamada memoria icónica para la vista, y la ecoica para el oído. Casi todo se pierde ahí mismo. Solo lo que capta la atención pasa al segundo almacén. La memoria a corto plazo, rebautizada más tarde como memoria de trabajo, mantiene un puñado de elementos activos durante segundos, el tiempo justo para operar con ellos: retener un número de teléfono mientras se marca, o las primeras palabras de una frase mientras se lee el final. Sin repaso, el contenido se desvanece. La memoria a largo plazo, en cambio, tiene una capacidad que la investigación no ha conseguido delimitar, y puede conservar información durante toda la vida. El paso de la memoria a corto plazo a la de largo plazo, según el modelo original, dependía sobre todo de la cantidad de repaso, una idea que estudios posteriores matizarían bastante. La crítica más repetida al modelo de Atkinson y Shiffrin señala su linealidad. Presupone una secuencia fija de cajas por las que la información pasa en un único sentido, algo que encaja mal con fenómenos como la interferencia retroactiva o con pacientes que, tras una lesión cerebral, pierden memoria a corto plazo sin que se vea afectada su capacidad para formar nuevos recuerdos duraderos. Alan Baddeley respondió a esas grietas en 1974 con un modelo de memoria de trabajo más flexible: un ejecutivo central que coordina un bucle fonológico para la información verbal y una agenda visoespacial para las imágenes, con un componente adicional, el búfer episódico, añadido en el año 2000 para explicar cómo se integra información de distintas fuentes en una experiencia unificada. Craik y Lockhart, por su parte, propusieron en 1972 pensar en niveles de procesamiento en lugar de almacenes separados: cuanto más profundo (semántico) es el análisis de un estímulo, mejor se recuerda, con independencia de cuánto tiempo pase en una supuesta caja de memoria a corto plazo. El enfoque nunca llegó a ser una teoría única y cerrada. Fue, más bien, un paraguas bajo el que convivieron modelos rivales que compartían el mismo lenguaje: entradas, salidas, capacidad limitada, procesamiento por etapas. Ese lenguaje sigue siendo, hoy, el vocabulario de base de buena parte de la neuropsicología clínica. No hay un autor único al que atribuírsela. La expresión se fue consolidando entre finales de los años cincuenta y 1967, cuando Ulric Neisser la convirtió en el título de su libro fundacional y, con ello, en el nombre de toda una corriente. No. La inteligencia artificial construye sistemas que procesan información; el procesamiento de la información, como marco de la psicología cognitiva, estudia cómo lo hace el cerebro humano. Ambos campos se influyeron mutuamente, pero persiguen objetivos distintos. La metáfora computacional fue una herramienta de trabajo, no una afirmación literal. Sirvió para formular hipótesis comprobables sobre etapas, capacidad y velocidad, aunque el sustrato biológico del cerebro es, en muchos aspectos, muy distinto al de un procesador electrónico. Como marco general, sí; como modelo cerrado y literal, ya no. La investigación contemporánea conserva su vocabulario y buena parte de sus preguntas, pero ha sustituido los diagramas de cajas por modelos de redes neuronales y por enfoques que incorporan la actividad cerebral medida directamente. Estableció, con datos experimentales, que la memoria inmediata tiene un límite de capacidad medible. La cifra de siete elementos, hoy discutida y probablemente sobreestimada según revisiones posteriores como las de Nelson Cowan, abrió la puerta a tratar la mente como un sistema con recursos finitos, cuantificables.Qué es el procesamiento de la información
Origen histórico: de la caja negra al diagrama de flujo
El modelo modal y sus componentes
Límites del modelo y evolución posterior
Preguntas frecuentes
¿Quién acuñó la expresión procesamiento de la información?
¿Es lo mismo que la inteligencia artificial?
¿El cerebro funciona realmente como un ordenador?
¿Sigue vigente este modelo en la psicología actual?
¿Qué aportó Miller con el número siete?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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