DICCIONARIO MÉDICO
Prefrontal
La corteza prefrontal ocupa el tercio más anterior del lóbulo frontal, por delante de las áreas que generan movimiento directamente. Ahí se sostienen las funciones que la neuropsicología agrupa bajo la etiqueta de ejecutivas: planificar una secuencia de pasos, mantener una meta activa en la memoria de trabajo, inhibir una respuesta impulsiva. No es una estructura homogénea, sino un mosaico de sectores (dorsolateral, ventromedial, orbitofrontal) con conexiones y funciones propias. El caso de Phineas Gage, un capataz de ferrocarril que en 1848 sobrevivió a una barra de hierro atravesándole el cráneo, sigue citándose como el episodio que puso a esta región en el mapa de la neurología. El nombre procede del latín prae, «delante», y frons, frontis, «frente»: literalmente, la porción de corteza cerebral situada por delante del hueso frontal. En términos neuroanatómicos designa la parte más rostral del lóbulo frontal del cerebro, la que queda por delante de las áreas motora primaria y premotora. Su límite posterior no es una línea nítida sobre la superficie cortical, sino un criterio histológico: la presencia de una capa granular interna, la llamada capa IV, poblada de pequeñas neuronas estrelladas que las áreas motoras vecinas no poseen. Esa capa solo existe en el cerebro de los primates, de modo que hablar de corteza prefrontal en otros mamíferos obliga a recurrir a un criterio distinto, basado en las proyecciones que recibe del tálamo. En el ser humano ocupa cerca de un tercio de la superficie del neocórtex, una proporción muy superior a la de cualquier otro primate, lo que se ha relacionado con el desarrollo particular de la cognición social y la planificación a largo plazo de nuestra especie. La definición más usada en estudios comparados entre especies no depende de la citoarquitectura, sino de la conectividad: se considera prefrontal la región que mantiene proyecciones recíprocas con el núcleo mediodorsal del tálamo más densas que con cualquier otro núcleo talámico. A través de esas vías, y de otras que la enlazan con la amígdala, el hipotálamo, el mesencéfalo y la protuberancia, la corteza prefrontal conecta procesos filogenéticamente antiguos (actividad autonómica, tono emocional) con otros de aparición evolutiva mucho más tardía, como el cálculo o la anticipación de consecuencias. La dopamina desempeña aquí un papel más destacado que en el resto de la corteza, sobre todo en el sector dorsolateral, donde su disponibilidad modula de forma directa el rendimiento en tareas de memoria de trabajo. No existe una única función ejecutiva localizable en un punto concreto del mapa cortical. Se trata, más bien, de un conjunto de procesos que dependen de la coordinación entre las distintas subregiones prefrontales y sus dianas subcorticales, y que la cognición humana utiliza de forma constante sin que el sujeto sea consciente del reparto de trabajo entre ellas. Definir los límites exactos de la corteza prefrontal ha sido, durante más de un siglo, motivo de debate entre neuroanatomistas. Se ha empleado el criterio citoarquitectónico de la capa granular, el criterio conectivo de la proyección talámica y un tercero, hoy en desuso, que propuso en 1890 el fisiólogo escocés David Ferrier: llamar prefrontal a la porción de corteza frontal cuya estimulación eléctrica no provoca ningún movimiento observable. Los tres criterios coinciden solo de forma aproximada, razón por la que distintos autores manejan límites ligeramente distintos para la misma estructura. Dentro de ese territorio se distinguen tres grandes sectores. El dorsolateral ocupa la superficie externa y superior, corresponde a las áreas 8, 9, 10 y 46 de Brodmann, con parte de las 44, 45 y 47, y sostiene la planificación y la memoria de trabajo; es, además, la zona con mayor inervación dopaminérgica de todo el córtex. El ventromedial, en la cara interna, comparte territorio con la corteza cingulada anterior y mantiene conexiones directas con la amígdala y el hipocampo, lo que lo sitúa en el centro de la regulación emocional. El orbitofrontal, apoyado sobre el techo de la órbita ocular, recibe información gustativa y olfativa convergente y participa en la asignación de valor a los estímulos, es decir, en decidir si algo merece perseguirse o evitarse. Los límites entre los tres no son nítidos. El 13 de septiembre de 1848, una barra de hierro de algo más de un metro atravesó el cráneo de Phineas Gage, capataz de una cuadrilla de ferrocarril en Vermont, tras la explosión accidental de una carga de pólvora. Gage sobrevivió, conservó el habla y buena parte de sus capacidades intelectuales, pero su carácter cambió de forma radical: pasó de ser un hombre metódico y responsable a mostrarse impulsivo e incapaz de sostener un plan a medio plazo. El médico que lo atendió, John Harlow, publicó el caso en 1868, aunque pasó casi inadvertido hasta que el fisiólogo David Ferrier lo rescató en 1878, en sus conferencias Goulstonianas, como prueba de que el lóbulo frontal no era la región funcionalmente muda que entonces se suponía. Las reconstrucciones modernas de la trayectoria de la barra, realizadas por el matrimonio Damasio a partir del cráneo conservado de Gage, sitúan el daño principal en la corteza orbitofrontal y ventromedial, y respetan en gran medida el sector dorsolateral. Esa localización encaja con el perfil de sus secuelas: el razonamiento abstracto y el lenguaje quedaron intactos; el juicio social y la regulación emocional, no. El lóbulo frontal no es prefrontal en toda su extensión. Por detrás limita con la corteza motora primaria, cuya estimulación eléctrica sí desencadena movimientos concretos de grupos musculares aislados, justo lo contrario del criterio que Ferrier usó para delimitar el territorio prefrontal. Entre ambas se interpone la corteza premotora, encargada de preparar y organizar secuencias de movimiento antes de que la corteza motora las ejecute. En el hemisferio dominante, dentro del sector inferolateral de la corteza prefrontal, se localiza además el área de Broca, especializada en la producción del lenguaje articulado y con una función mucho más circunscrita que el resto del territorio prefrontal. Del latín prae, delante, y frons, frontis, frente. El nombre describe con precisión la posición: la porción de corteza situada justo delante del hueso frontal, y también por delante de las áreas motoras del lóbulo frontal. No. El lóbulo frontal incluye, además del territorio prefrontal, la corteza motora primaria, la corteza premotora y, en el hemisferio dominante, el área de Broca. La corteza prefrontal es solo su porción más rostral, la que carece de la capacidad de generar movimiento por estimulación eléctrica directa. Más tiempo del que suele suponerse. Los estudios de neuroimagen sitúan el final de su maduración estructural, incluida la mielinización de sus tractos de asociación, en torno a los veinticuatro años, muy por detrás de otras regiones del cerebro. En casi todo salvo en la vecindad anatómica. El dorsolateral ocupa la cara externa del lóbulo frontal, recibe una inervación dopaminérgica particularmente densa y sostiene procesos poco cargados de emoción: planificar una secuencia, mantener una regla en mente, actualizar la memoria de trabajo. El orbitofrontal, apoyado sobre el techo orbitario, recibe en cambio proyecciones gustativas y olfativas y participa en procesos que sí implican valorar una recompensa o sopesar un riesgo. Un daño selectivo en uno u otro sector suele producir perfiles muy distintos: rigidez y perseverancia cuando el afectado es el dorsolateral, desinhibición y alteración del juicio social cuando lo es el orbitofrontal. Conviene no llevar esta separación demasiado lejos, porque ambos sectores están interconectados y rara vez se lesionan de forma completamente aislada. Casi ninguna que saltara a la vista. Caminaba, hablaba y razonaba con normalidad; fueron quienes lo trataban a diario los que notaron, semanas después, que ya no era el mismo hombre en su forma de comportarse.Qué es la corteza prefrontal
Conexiones y papel funcional
Clasificación de sus subregiones
Un hito en su historia: el caso de Phineas Gage
Diferenciación con otras áreas del lóbulo frontal
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el término «prefrontal»?
¿Es la corteza prefrontal lo mismo que el lóbulo frontal?
¿Hasta qué edad sigue madurando?
¿En qué se diferencian el sector dorsolateral y el orbitofrontal?
¿Tuvo Phineas Gage secuelas visibles nada más ocurrir el accidente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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