DICCIONARIO MÉDICO
Pielografía
La pielografía es la familia de técnicas radiológicas que opacifican, mediante un contraste yodado, la pelvis renal y los uréteres. Existen tres variantes, según la vía por la que se introduce el contraste: retrógrada, descendente e intravenosa. El término nació en 1906, cuando dos cirujanos europeos describieron por primera vez el interior del sistema colector renal en una radiografía. Con pielografía se designa un grupo de exploraciones radiológicas que comparten un mismo objetivo: opacificar, con un contraste yodado, la pelvis renal (el receptáculo en forma de embudo donde el riñón recoge la orina antes de enviarla al uréter) y el propio uréter, para poder valorar su forma, su calibre y su permeabilidad en una radiografía o bajo fluoroscopia. La palabra combina dos raíces griegas. Pielo- procede de πύελος (púelos), voz que en origen designaba una pila o un abrevadero y que la nomenclatura médica adoptó para nombrar la pelvis renal, por semejanza de forma. El segundo elemento, -grafía, viene de -γραφία ("representación gráfica") y equivale en el vocabulario técnico a radiografía. El compuesto se acuñó en enero de 1906, cuando el cirujano alemán Friedrich Voelcker y el urólogo húngaro Alexander von Lichtenberg lo emplearon para titular el artículo en el que describían su técnica en la revista Münchener Medizinische Wochenschrift. El nombre no ha cambiado desde entonces. El fundamento es común a las tres variantes. Un contraste radiopaco (que bloquea el paso de los rayos X y por eso aparece blanco sobre la placa) se introduce en la vía urinaria superior por alguna de sus posibles vías de acceso. A medida que el contraste rellena la pelvis renal y el uréter, se obtienen radiografías seriadas o se observa el trayecto en tiempo real mediante fluoroscopia. El resultado es un trazado fiel del árbol excretor: cálices, pelvis y uréter dibujados en negativo sobre el contraste. La diferencia entre las tres variantes no está en lo que muestran, sino en el camino que recorre el contraste hasta llegar a la pelvis renal. En la pielografía retrógrada, también llamada pielografía ascendente, el contraste sube desde la vejiga hasta el riñón a través de un catéter colocado por cistoscopia, en sentido contrario al flujo natural de la orina. La pielografía descendente invierte el trayecto: el contraste se inyecta directamente en el riñón, generalmente a través de una nefrostomía percutánea, y desciende siguiendo el sentido fisiológico de la orina. Se recurre a ella cuando la vía ureteral no resulta practicable, o cuando ya existe una nefrostomía colocada por otro motivo. Queda una tercera vía, la pielografía intravenosa, en la que el contraste se inyecta en una vena del brazo y llega al riñón por vía sanguínea, tras ser filtrado. En la práctica clínica actual este abordaje se conoce casi siempre como urografía intravenosa, denominación que refleja mejor que el estudio no se limita a la pelvis renal: también dibuja la vejiga. Voelcker y von Lichtenberg trabajaban en la clínica quirúrgica de la Universidad de Heidelberg cuando publicaron, en enero de 1906, el primer trazado completo de una pelvis renal obtenido por vía retrógrada. El contraste que emplearon fue una solución de plata coloidal al 2 % (colargol), con la que ya habían experimentado un año antes para delinear la vejiga. El colargol resultó tóxico en más de un caso, y no fue hasta 1918 cuando se sustituyó por soluciones de yoduro potásico y sódico, bastante más seguras. La técnica sobrevivió al cambio de contraste. La variante intravenosa tardó más de dos décadas en llegar. Hubo que esperar a 1929, cuando el urólogo neoyorquino Moses Swick, entonces investigando en Berlín, sintetizó los primeros compuestos yodados solubles aptos para inyección venosa. Ese hallazgo dio origen a la urografía moderna y, con el tiempo, a toda la radiología con contraste intravascular tal como se conoce hoy. Los dos términos conviven con un solapamiento notable, aunque no significan exactamente lo mismo. La pielografía, en sentido estricto, centra su objetivo en la pelvis renal y el uréter. La urografía amplía el campo e incluye también la vejiga, de modo que resulta la denominación más precisa cuando el estudio recorre todo el aparato urinario, como sucede en la vía intravenosa. En la bibliografía y en la práctica clínica diaria, sin embargo, pielografía retrógrada y urografía retrógrada se emplean a menudo como sinónimos exactos. La pielografía se centra, en sentido estricto, en la pelvis renal y el uréter. La urografía añade la vejiga al estudio, lo que la convierte en el término más adecuado para describir un recorrido completo del aparato urinario. Tres, según la vía de acceso del contraste: retrógrada (o ascendente), descendente (o anterógrada) e intravenosa. Sí. La tomografía computarizada ha desplazado a la variante intravenosa como primera opción para estudiar la vía urinaria superior. La pielografía retrógrada, en cambio, conserva un papel activo: se emplea cuando el contraste intravenoso está contraindicado o cuando, durante una cistoscopia, conviene delinear el uréter con un detalle que la tomografía no siempre ofrece. Es la imagen que se obtiene en una pielografía: designa el resultado, no la técnica. Puede ampliar esta distinción en la entrada pielograma de este diccionario. El cirujano alemán Friedrich Voelcker y el urólogo húngaro Alexander von Lichtenberg, en 1906, en la Universidad de Heidelberg.Qué es la pielografía
Cómo se obtiene la imagen
Tipos de pielografía
Origen de la técnica
Diferencia entre pielografía y urografía
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia la pielografía de la urografía?
¿Cuántos tipos de pielografía hay?
¿Se sigue usando la pielografía hoy en día?
¿Qué es un pielograma?
¿Quién ideó la pielografía?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026