DICCIONARIO MÉDICO
Paladar
El paladar es la estructura que separa la cavidad oral de las fosas nasales, formando el techo de la boca y el suelo de la nariz. Se compone de dos regiones con comportamiento mecánico opuesto: el paladar duro, rígido y óseo, y el paladar blando, muscular y móvil, que interviene en la deglución, la respiración y el habla. Su cierre completo se produce hacia la novena semana de gestación; cuando ese proceso falla, resulta la malformación que se conoce popularmente como paladar hendido. Del latín palatum llega el término castellano, una voz cuyo origen anterior al latín no está resuelto: los filólogos la consideran probablemente prerromana, tal vez de raíz etrusca. Hay un dato curioso ligado a esa palabra. De palatum procede también palatium, el término latino para «palacio», y no al revés, aunque la intuición popular suele invertir la filiación. En anatomía, el término designa el conjunto de tejidos que separan la boca de las fosas nasales y de la nasofaringe, cerrando por su cara superior el espacio que ocupa la lengua en reposo. Su función va más allá de la simple separación: condiciona la forma en que se respira, se traga y se articulan los sonidos. El paladar duro ocupa los dos tercios anteriores. Lo forman las apófisis palatinas del maxilar, que constituyen la mayor parte de su superficie, y las láminas horizontales de los huesos palatinos, situadas más atrás y unidas entre sí en la línea media. Su cara nasal está tapizada por epitelio respiratorio ciliado; la cara oral, en cambio, presenta epitelio escamoso estratificado y unas crestas transversales, las rugosidades palatinas, que ayudan a dirigir el bolo alimenticio hacia la faringe. No contiene músculo alguno. Tres orificios atraviesan el hueso: el conducto incisivo, en la línea media justo detrás de los incisivos centrales, y los forámenes palatinos mayor y menor, algo más posteriores, por los que discurren los vasos y nervios palatinos. El paladar blando ocupa el tercio posterior. A diferencia del duro, carece de esqueleto óseo: es un pliegue de mucosa que envuelve un plano muscular y una aponeurosis palatina, y termina en una proyección cónica, la úvula. Lo forman cinco músculos. De ellos, el tensor del velo del paladar es el único inervado por una rama del trigémino, el nervio pterigoideo medial; los otros cuatro (elevador del velo del paladar, palatogloso, palatofaríngeo y músculo de la úvula) dependen del plexo faríngeo, que procede del nervio vago. La irrigación depende sobre todo de las arterias palatinas mayor y menor, ramas de la arteria maxilar, con una contribución menor de la arteria palatina ascendente, rama de la facial. La sensibilidad general llega a través de la división maxilar del trigémino, que se ramifica en los nervios nasopalatino, palatino mayor y palatino menor. Separar la boca de la nariz permite que ambos conductos trabajen de forma independiente. Gracias a esa separación, un lactante puede generar la presión negativa necesaria para succionar sin que el aire se escape por la nariz, y un adulto puede masticar mientras respira por la nariz casi al mismo tiempo. La deglución depende de él por completo. Durante la deglución, el elevador del velo del paladar levanta el paladar blando hasta contactar con la pared posterior de la faringe, cerrando el paso hacia la nasofaringe; así el alimento no refluye hacia la nariz. Ese mismo mecanismo protege la vía respiratoria durante el estornudo, desviando parte de las secreciones hacia la cavidad oral. El paladar blando también interviene en el reflejo nauseoso y, junto con la lengua y los dientes, en la articulación de los sonidos velares y nasales del habla. Sus dos arcos, el palatogloso y el palatofaríngeo, delimitan el istmo orofaríngeo y enmarcan las fauces, la región donde se alojan las amígdalas palatinas. El paladar no existe como estructura separada al inicio de la vida intrauterina: durante las primeras semanas, la cavidad bucal y las fosas nasales forman un único espacio continuo. El paladar primario, que incluye la zona del arco alveolar situada por delante del agujero incisivo, se forma hacia la sexta semana por la fusión de los procesos nasal medio y maxilar. El paladar secundario, es decir, el paladar duro y blando propiamente dichos, se desarrolla después, entre las semanas seis y nueve, cuando dos repliegues (las crestas palatinas) crecen desde las caras internas de los procesos maxilares, se elevan por encima de la lengua y se funden en la línea media. El proceso es exigente. Para que las crestas se encuentren sin obstáculos, la mandíbula debe crecer lo suficiente como para que la lengua descienda y deje libre el espacio. Hacia la novena semana, las crestas palatinas ya se han fusionado entre sí y con el paladar primario, dando lugar al paladar definitivo. Cuando esa fusión no se completa, ya sea en el paladar primario, en el secundario o en ambos, se produce la malformación que el lenguaje habitual llama paladar hendido y que la literatura científica denomina fisura palatina. Porque su mucosa está fuertemente adherida al hueso subyacente, con muy poco tejido submucoso de por medio. Cualquier roce se transmite casi directamente al periostio, de ahí la sensación intensa ante una quemadura con comida caliente. Sí, velo del paladar es el nombre alternativo, más frecuente en los textos de otorrinolaringología y foniatría, para la misma estructura muscular que ocupa el tercio posterior del paladar. La palabra «velo» alude precisamente a su movilidad, muy distinta de la rigidez del hueso que la precede. El paladar primario aparece hacia la sexta semana de gestación, y el paladar secundario, que incluye el paladar duro y blando, completa su fusión hacia la novena semana. Es una ventana de tiempo estrecha: cualquier interferencia en esas semanas, genética o ambiental, puede dejar el proceso incompleto. En el lenguaje cotidiano, «techo de la boca» y «paladar» se usan como sinónimos, y en la práctica lo son: ambos designan la misma superficie superior de la cavidad oral. La diferencia aparece solo en el registro. Techo de la boca es la expresión que emplea un hablante sin formación médica, mientras que paladar es el término anatómico que se usa en la consulta, en la literatura científica y en la nomenclatura oficial. Algo parecido ocurre con velo del paladar frente a paladar blando: existe casi siempre una versión coloquial y una versión técnica para la misma estructura, y ninguna es incorrecta, solo pertenecen a contextos distintos. Conviene tenerlo presente porque en los textos médicos ambos registros pueden aparecer entremezclados sin que eso indique dos estructuras diferentes.Qué es el paladar
Anatomía: paladar duro y paladar blando
Función y fisiología
Formación durante el desarrollo embrionario
Preguntas frecuentes
¿Por qué el paladar duro se nota tan sensible al roce o al calor?
¿Es lo mismo el paladar blando que el velo del paladar?
¿En qué momento del embarazo se forma el paladar?
¿Qué diferencia hay entre el paladar y el techo de la boca, en sentido coloquial?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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